Por Ramiro Garía Morete

El fuzz es un pedal que -por decirlo sencillamente- distorsiona. El delay es un efecto que repite y que en cierto modo desenfoca el sentido del tiempo. Pero como Fus Delei se escribe con sus propias letras, suena a algo que a la vez suena igual. Conectados con su tiempo-espacio, pedales pero secuenciadores también mediante, la banda conjuga herencia guitarrera, sensación de pista y tracción a sangre. Con espíritu de pandilla trasnochada, empujados por el pulso rítmico y orientado por la histriónica voz de tenor de un líder extrañamente magnético, la banda integrada por Agustín Buaon (guitarra) Gregorio Jáuregui (batería), Alejo Klimavicius (guitarra y voz), Juan Baro Latrubesse (teclados) y Tomás Marcucci (bajo) propone en Ideas para un mundo imaginario precisamente un viaje onírico que distorsiona la realidad de una ciudad indefinida.

Un promedio de veinte años y una energía importante sitúan a la banda como algo más que la promesa que asomó cuando aún eran estudiantes secundarios y buscaban un sonido más propio de los sesenta. El clic fue, precisamente, el clic. “Hubo cambio de formación y se hizo el clic del metrónomo y la música electrónica”, cuenta Klimavicius, y apunta al baterista: “Goyo insiste en que la batería haga bailar”.

Sobre la generación del álbum, Klimavicius narra: “Ese disco fue compuesto en el ensayo y en el vivo. Todo lo que entramos a grabar estaba ensayado y pensado. Siempre estuvo lo de armar en la sala. Zapar un montón. Por ahí un tema que hoy dura dos minutos duraba siete. Ver hasta dónde lo podíamos estirar. Empezó a pensarse más desde lo bailable, lo que va a ser tocado de noche, con humo, visuales tal vez, y a la madrugada. Que sea acorde a ese espacio”.

Marea de ideas y tus ganas de escapar

Junto a otros coetáneos, Fus Delei apuesta a la unión del rock con el baile así como la lógica narrativa de la electrónica. “Puede ser que haya tanta data ahora en la que busques ese momento de ir a un lugar y bailar toda la noche. Liberar ahí y descargar de esa manera. Además, si es una banda en vivo, viendo ejecutar lo que bailás, tiene una cosa más romántica. Yo lo veo así. A mí me genera más energía ver a la banda”.

Y se explaya respecto a un género que supuestamente habría perdido centralidad en las nuevas generaciones: “Lo primero que empezamos a escuchar fue rock. O no, pero fue el punto que algo marcó. Así como ocurrió con la electrónica. Pero el rock pesó más, si no, seríamos DJ. Si te ponés en plan de ‘esto ya se hizo’ o ‘me remito a esto’, no hacés nada. Porque ya está todo hecho, pero a la vez no. Queriendo bajar del trono de eso que se entiende como original”.

“Los sueños me confunden, fragilidad mental. No sé qué es lo que veo, no sé qué es lo real. Todo lo que quiero siempre corre del realismo”El álbum editado en 2017 parece construir un relato claro… sobre la confusión. “No fue algo fijado desde cero. Nos dimos cuenta de que el titulo podía englobar a todo el disco. Esa frase engloba bastante. Pasa que no queríamos tirar tanta data de letra”.

El también guitarrista de El Estrellero explica: “Yo siempre escribí poco en los temas. Yo quería que ganara peso en la repetición. Lo que se buscó para acompañar esa cosa más dance y de pista fue loopear las letras. En el disco está re laburado el concepto de loop, en el que la guitarra, el bajo y la batería hacen lo mismo como si fuera un loop de Ableton. Para que genere algo cíclico. En un track de electrónica por ahí hay tres palabras que si suenan una vez en cinco minutos no pesan. Pero si suena varias veces van tomando sentidos diferentes”.

Esos sentidos y toda la propuesta han afectado también su interpretación vocal y, más aún, su voz narrativa. Ideas… construye un personaje desde el narrador: “El personaje de Ideas es introvertido y pasa tanto por su cabeza que lo que termina viendo en el exterior rompe con lo que pasa adentro y viceversa. La antena que capta todo está medio sucia, se queja de eso, de la sobreinformación de la ciudad, de la gente que no se hace cargo. Del exterior y el interior”. Si bien hay un audio logrado y homogéneo, desde lo musical el disco se permite variaciones estilísticas. “Se tuvo en cuenta darle un tinte sesenta, setenta, más beatle, y otros más ochenta o new wave. Otros más cerca del pop moderno. No estaba esa cosa de definir algo ni establecer todo. Porque si querés establecer todo terminás no haciendo nada”.

A Klimavicius le gusta la idea de “pandilla”. “Está bueno generar eso de banda, de grupo. Buscamos serlo. Creo que está bueno generar ese vínculo fuera de la sala y del vivo, para que el grupo humano evolucione en conjunto. Y cuando zapás estás en la misma sintonía”. En esa sintonía, cuenta, es que están empezando a “pensar no como grupo de música sino como grupo artístico, que puede reflejar el concepto en lo visual, gráfico, en el vivo y en las luces. Que sea todo una misma cosa. Que la fecha y el lugar en sí sean el mundo imaginario de Fus Delei”.