Por Estefania Uicich

Amancay Diana Sacayán no será recordada solamente por su militancia para que lxs trans y travestis obtuvieran su DNI acorde a su identidad de género autopercibida. También luchaba por el reconocimiento de derechos y la sanción de leyes antidiscriminatorias. Era parte del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL) y de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays y Bisexuales (Ilga).

Nunca fue tarea fácil para el colectivo trans y travestis conquistar derechos, visibilizar su lucha y combatir a una sociedad patriarcal. Siempre fueron excluidxs, discriminadxs y criminalizadxs. En el suplemento “Soy” con el cual colaboraba en Página/12 expresaba: “Este colectivo pasó de debatir (desde los ’70 hasta los ’90) si era legítimo que estos cuerpos transitaran la vía pública a pensarse como sujetos de derecho durante los 2000, para hoy hacerlo como sujetos políticos”.

Ella, la trava, la sudaca, la originaria (como le gustaba definirse), luchó por un país más justo. Fue una activa militante para las leyes de Matrimonio Igualitario, Identidad de Género y Cupo Laboral Trans. También recibió el primer DNI acorde a su identidad de género durante el mandato de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y en 2012 se convirtió en la primera travesti en postularse a un cargo como defensora del pueblo por el partido de La Matanza.

“Basta de travesticidios” era la consigna que Diana portaba en la primera movilización de Ni Una Menos. Buscaba visibilizar la cruda realidad que viven las travestis, teniendo en cuenta la escalofriante cifra que indica que una de cada tres muere asesinada antes de los cuarenta años. Negar que el motivo sea su identidad es sinónimo de un grado considerable de indiferencia y cinismo. 

Ese mismo 2012, entre el 10 y el 11 de octubre, Gabriel Marino y por lo menos otro hombre más la torturaron y asesinaron con un altísimo grado de violencia. El Tribunal Oral en lo Criminal N° 4 de Capital Federal condenó a prisión perpetua el 18 de junio al travesticida Marino como autor de “homicidio agravado por odio de género y violencia de género”. Esta se constituyó en una sentencia que sienta un precedente histórico, siendo la primera vez que el Poder Judicial reconoce la figura de “travesticidio”.

Además de tener en cuenta el inciso 4 del artículo 80 del Código Penal, que habla del odio a la identidad de género, se retomó el inciso 11 que contempla no sólo la calificación de “femicidio”, sino también de “tavesticidio” o de “transfemicidio”. Fue histórico, claro, porque resulta complejo aún en los tiempos que corren, pese a toda la lucha, se reconozcan a una compañera travesti sus derechos a ser libre, a elegir su identidad, a poder vivir, en definitiva. La Justicia ya no podrá hacer la vista gorda frente a crímenes de odio hacia el colectivo trans y tavestis. Este fallo es el resultado de la lucha que encarno Sacayán, su familia y las organizaciones LGBTTTIQ+ y de género. 

Hoy, a casi seis años de su partida, la “sudaca”, “negra” y ”originaria” está más presente que nunca. La recordamos todxs con la enorme responsabilidad de sostener su legado y sus banderas, sabiendo que resta aún un arduo y largo camino para construir el mundo justo e igualitario que Diana soñó.