Por Ramiro García Morete

Javier Maldonado toca el piano una hora o más por día, todos los días. Hace cuatro años que prepara un disco y ya no corre de aquí para allá. Se sienta en el piano, improvisa y se toma el tiempo. A decir verdad, a Maldonado parece no haberle importado nunca el tiempo. Clásico y elegante, es como si estuviera no por fuera de su tiempo pero sí al margen.

Aunque aclare que lo que haya sido o hecho no es precisamente lo que vaya a ser. Aunque advierta que el próximo disco no necesariamente tiene que ver con sus producciones anteriores, pobladas de bellas y delicadas canciones con pulso folk, delicada prosa y cierto aire de melancolía arrabalera. Claro que para ese disco falta, precisamente, tiempo. Y Maldonado remarca la importancia del presente, en el cual se preocupa por componer más que por publicar y dejar que la música le indique el camino. Como cuando cada mañana se sienta al menos una hora a improvisar en su piano.

Esta noche, el talentoso cantautor se presentará en Hermanos and Brothers (18 y 71) con el instrumento que supo “dejar” un tiempo, cuando la guitarra acústica se amoldó a la sonoridad de sus discos. “La guitarra es más para adelante”, explica. “El piano es una cosa más intima, se hace una música distinta. Con el piano tenés dos manos con distintos ritmos, podés lograr cosas muy interesantes. Las tonalidades cómodas son distintas. Esas variables me permiten, por ejemplo, encarar mejor valses y marchas, temas que tienen un costado más milonguero”.

Esa dedicación al instrumento y las posibilidades, sin embargo, va de la mano de una intención: aprender a tocar menos. Como hombre elegante, Maldonado entiende la austeridad como una virtud. “Es la búsqueda de la nota y la palabra. Trato de escribir con palabras más simples y directas. Y más verdaderas. Me parece muy importante la comunicación de ir simplificándome o buscando la complejidad de lo simple. Por eso aunque pueda tocar el piano de formas complejas, a la hora de tocar canciones trato de limitarme en vez de expandirme y volar tanto. Me gusta volar en el mínimo movimiento y volar en un metro cuadrado.”

Esa búsqueda se representa también en la producción y el audio de sus grabaciones: “Uno va aprendiendo a hacer las cosas y no terminan quedando como vos creés. De la misma manera que tocar el piano tiene una ciencia, también lo tiene un disco. La palabra que define todo eso es ‘estética’”. Desde su voz poética hasta su imagen, Maldonado ha sabido construir una estética que sin embargo pone en duda: “Que haya sido no significa que vayan a ser. Estoy con un disco nuevo que no sé si se puede medir con los otros. Hay que vivir el presente y ser fiel a lo que uno hace. Y jugar para ese lado y soltarle la rienda. No me parece hacer arte con una idea previa, sino tratar de descifrar lo que está en el aire”.

El nacido en 9 de Julio y radicado en la ciudad de Buenos Aires, explica por qué toma con calma la preparación de su materia de estudio. “Estoy tratando de hacer una obra más madura. Quiero grabar lo que valga la pena. Me parece que, como estamos hoy viviendo los músicos, sin contratos y sin discográficas, hay que grabar lo que realmente valga la pena. Hay mucha música grabada y muchísimos álbumes. Nos gusta la música, respetamos la música. Me parece que hay que componer mucho y publicar poco. Ser ético a la hora de publicar.”

Y extiende: “Creo que el que expone todo el tiempo está equivocado. Hay que cuidar el silencio. Me parece que no tiene sentido estar sólo por permanecer en algún ambiente. Hay que tomarse el tiempo para hacer buena música y nada más”.