En Colombia, la derecha, a través del paramilitarismo y el sicariato, ha lanzado una cacería de líderes sociales, defensores de derechos humanos y militantes de izquierda. Los números duros aterran y muestran que ya se trata de una masacre. En poco más de seis meses, la cifra supera los 130.

El representante en Colombia del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Alberto Brunori, señaló su preocupación por los graves hechos.

Mientras Colombia se desangra, los medios hegemónicos miran para otro lado y el presidente electo, el derechista Iván Duque, se dedica a criticar a Venezuela.

Un informe presentado por el defensor del Pueblo de Colombia, Carlos Alfonso Negret, señala que entre el 1° de enero de 2016 y el 30 de junio de 2018, 311 dirigentes sociales cayeron bajo las balas de paramilitares y sicarios.

Solo durante el mes de junio de 2018, mientras la mirada de gran parte de la sociedad estaba puesta en la participación de la selección colombiana en el Campeonato Mundial de Fútbol, al menos veinte líderes sociales fueron asesinados.

En una entrevista concedida al diario colombiano El Tiempo, Brunori manifestó su preocupación por los  graves hechos: “Las víctimas son defensores y defensoras cuya muerte genera en las comunidades, sobre todo en áreas rurales en las que vivieron más de cerca el conflicto, una preocupación enorme. Es decir, pasaron del miedo al conflicto al miedo a que pueda haber asesinatos selectivos de líderes”.

“Vemos muchos casos de defensores o líderes que tienen que ver con la defensa de la tierra, con la oposición a megaproyectos o con denuncias sobre cultivos ilícitos. Hemos recibido cinco casos de líderes de una campaña de un excandidato a la presidencia y también sabemos de asesinatos de excombatientes de las FARC”, sostuvo Brunori.

El representante de la ONU remarcó al diario colombiano que “hay que superar la investigación de casos con autores materiales e ir a las estructuras criminales detrás de estos asesinatos. Creo que ese es el salto que se necesita hacer para asegurar una efectiva lucha contra la impunidad. El sicario no se mueve solo, alguien lo paga, alguien le da una instrucción y ejerce una actividad, por supuesto ilícita, criminal”.

En este contexto, mientras Colombia se desangra, Duque prefirió dedicarse a atacar al gobierno de Nicolás Maduro por la supuesta “falta de democracia” en ese país. También anunció que durante su gobierno impulsará el retiro de su país de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

El cinismo de Duque es coherente con su trayectoria, ya que es “un hombre del riñón” del expresidente Álvaro Uribe Vélez, denunciado por su estrecha relación con el paramilitarimos y señalado por la propia DEA norteamericana por sus vínculos con el narcotráfico.

Cada tres días es asesinado un líder social en Colombia, pero los medios hegemónicos de comunicación y la derecha regional prefiere mirar para otro lado. La construcción de la realidad y la disputa por el sentido común parecen ser el principal campo de batalla de la región. Mientras tanto, la masacre continúa.