Por Ramiro García Morete

Es un martes laborable cualquiera, aún no es medianoche y el Rincón arde. Las palmas baten, las cuerdas de cavaquinhos resuenan y la samba se expande del centro hacia toda la pista. Para ser exactos, samba, enredo, choro, canção, partido-alto y más. Afuera no es Rio ni hace calor: es La Plata y el termómetro estornuda. Pero el Rincón de los Amigos arde como cada martes y nadie piensa en la ceniza del miércoles. En el corazón de todo, una decena de músicos canta con la difícil combinación de oficio y espontaneidad. En ronda se ven y se miran cómplices. Quizá Nacho Álvarez recuerde la noche junto a Trilci cuando, viendo bossa nova en La Mulata, pensaron en hacer algo que nadie hacía, ni siquiera ellos. Puede que cada uno recuerde cuando fueron sumándose uno a uno para encontrar el sonido y la impronta. O el inolvidable debut con el padre de Pablito Giacosa repartiendo caipirinha de una olla y ellos sin saber qué esperar del público mientras cantaban en un portugués algo raro. Quizá se rían al evocar el llamado trasnochado, cuando un puñado de ellos hizo honor al nombre y bondad de la gracia etílica: “¡Ya tenemos el nombre!”. O sencillamente disfruten la música como los asiduos espectadores o los que suman noche a noche, sin escenario ni estructura formal de show. Esa que se expande del centro hacia afuera, como si fuera una mesita un atardecer carioca o el más ancestral rito del fuego. La que quizá no llegó a entender en esencia una multinacional cuando no entendió del todo que una ronda cierra cuando se abre otra cosa por dentro. O eso parece un martes laborable cualquiera, cuando suenan los Carinhosos da Garrafa.

“Venía de otro palo… candombe, salsa, música afroperuana. Ya tocaba en La Bomba de Tiempo”, evoca Nacho Álvarez, carismático y notable percusionista y cantante. “Y Trilci tocó en los Guasones, imaginate. Otro palo. Pero dije: estaría re bueno hacer música brasileña, pero otra cosa que no estemos acostumbrados a escuchar. Ni bossa ni axé. Y dijimos: samba.” Álvarez había escuchado de chico por su abuela, pero no mucho más que eso y un DVD de Fundo de Quintal. El Trilci se entusiasmó con la idea de tocar la guitarra de siete cuerdas y citó su paso por Brasil. De a poco se fueron sumando músicos y el sonido se pulió: “La mayoría de los instrumentos y músicas las aprendí tocando”. Álvarez recuerda que entonces algunos instrumentos necesarios para el género no eran fáciles de conseguir, por lo cual oficiaron de improvisados luthiers en algunas ocasiones. “Es prueba y error”, considera.

El músico entiende que en cierto modo Carinhosos fue generando “su propio toque. Los que tocan esto la escuchan desde el vientre de su madre. Nosotros en cambio la fuimos armando, con lo que cada uno traía”.

“Los que tocan esto la escuchan desde el vientre de su madre. Nosotros en cambio la fuimos armando, con lo que cada uno traía”

El ciclo que se originó en el viejo recinto de 51 e/ 4 y 5 y hoy habita en 59 e/ 17 y 18 fue un recurso inesperadamente exitoso. La música es el arte de combinar los horarios, se sabe. Y en un momento Álvarez, a partir de su experiencia de lunes con La Bomba del Tiempo, planeó una salida inusual: los martes, para tomar algo y quedarse o seguir de paso. Los primeros tres meses costaron algo más, pero luego se convirtieron en un clásico de los salidores platenses.

La lógica de “la roda” genera “complicidad. Es más relajado. No tenés la obligación. Al principio era todo euforia. Y empezamos a emprolijar. Y queríamos que la gente bailara. Toquemos en ronda… nosotros nos brindamos”. Esa ronda trascendió los martes y convoco cantidades enormes en el Club Hípico o a través de la incursión porteña de los casi cuarenta miércoles en La Trastienda. El boom boca en boca llegó a Sony, que previo al mundial de Brasil 2014 y en pleno auge de la cumbia pop puso el ojo. Canciones propias, tradicionales y versiones formaron parte del disco de estudio.

Este domingo a las 20 hs, la roda de Carinhosos da Garrafa vuelve a La Trastienda de la mano de Carinhosession, material grabado en una sesión de estudio de la cual surgen ocho piezas audiovisuales. Actualmente la formación incluye a Marina di Bastiano (voz y cavaquinho), Esteban Álvarez (voz, repique de mano y pandeiro), Pablo Giacosa (voz) Fernando Álvarez (voz y mandolina), Martín Messineo (guitarra de siete cuerdas), Pablo Palleiro (tan tan y repenique), Esteban Portnoy (batería), Claudio Braga (surdo y repique de anillo), Kahil Ferraris (cuerdas y voz), Mario Andrés García (bajo) y Alexis Braga (pandeiro y percusión).

“Cinco o seis venimos desde el comienzo”, contabiliza Álvarez, y no duda: “Este grupo lo armamos con amigos. Y los que no éramos, nos fuimos haciendo amigos”. ¿Aprendió algo portugués? “Fui un par de veces a Brasil, ¡y me defendí!”. Suelta la carcajada.