Tras el conflicto desatado en la zona de Villa Castells debido a la falta de agua potable –que ya motivó una presentación formal en la Legislatura bonaerense por parte de Unidad Ciudadana–, los problemas se multiplican en los barrios de la periferia platense, por falta de inversión en estructura y servicios básicos que se combinan con desempleo e inseguridad. Un repaso por los sectores más olvidados por la gestión de Julio Garro.

La disputa por la delicada situación en la zona de Villa Castells de la localidad de Gonnet tomó protagonismo en las últimas semanas debido a la crisis hídrica, agravada por la inacción municipal. Los vecinos habían denunciado que “según la Rendición 2017 del Poder Ejecutivo municipal, que es de estado público, detalla haber gastado en el barrio de Villa Castells 5.447.860 de pesos”, cifra que consideraron falseada, dado que “viven en un completo estado de abandono”. El conflicto fue llevado a autoridades del Concejo Deliberante y la Legislatura bonaerense, donde presentaron un proyecto de declaración de “Emergencia Sanitaria e Hídrica”.

De manera similar, los vecinos de Villa Elvira vienen denunciando la permanente inundación de un puente en la zona de 634 y 4, a la vera del arroyo Garibaldi, hoy en riesgo de desborde ante la falta de tratamiento de una cantera taponada. “Además, nos habían prometido que para solucionar esto habría trabajo en cooperativas para gente de la zona”, dijo a Contexto Lourdes, vecina.

A su vez, desde la zona de Abasto crecen las quejas de los vecinos del predio Estancia Chica, sin respuestas de las autoridades por la problemática de las calles en mal estado, entre las que se destaca la 202, debido a su conexión con la salida a la Ruta 36, y porque es de paso obligado para productores y cientos de familias que viven en ese sector. Desde la comunidad remarcaron la inacción del delegado local Gabriel Barletta y la municipalidad, y muchos vecinos tuvieron que invertir de sus propios bolsillos para lidiar con la problemática.

La misma dinámica se repite en El Peligro, esta semana destacada debido a una ambulancia que no pudo ingresar a la zona por el mal estado de las calles. El móvil era requerido por un vecino de 81 años que falleció en la espera. “Acá tuvimos que organizarnos los vecinos, rellenamos por nuestros propios medios el tramo de Ruta 2 a Ruta 36 por la calle 425, que es una distancia enorme. Tuvimos que poner luminarias, tapar baches. Para nosotros, la Delegación local es casi inexistente”, dijo a Contexto Miriam, vecina del barrio Los Álamos, de la zona de El Peligro. La residente remarcó que “el Municipio no abre las puertas para dialogar y solucionar problemas”.

Por otro lado, a la desidia en materia de infraestructura y obra pública se suma el desempleo, tema de gran sensibilidad en La Plata ante las cifras oficiales que ubicaron a la ciudad entre las más afectadas del país. En la zona de Los Hornos, con poco más de 63 mil habitantes, en agosto de 2017 el INDEC había contabilizado más de 5 mil desempleados. La caída del trabajo, de las changas y de los trabajos informales puso a esta localidad entre los sectores más relegados de la zona.

En combinación con el abandono de gestión en el gran La Plata, Julio Garro recrudeció el despliegue represivo en las zonas más vulnerables de la periferia platense. Este año, el desmesurado operativo fue en la zona de El Mercadito, con motivo de la “lucha contra el narcotráfico” impulsada por el jefe comunal local junto al ministro de Seguridad provincial, Cristian Ritondo. Tras el despliegue, el edil de Unidad Ciudadana Gastón Castagneto fue lapidario: “No entendemos si el objetivo es llevar seguridad a la comunidad, con lo cual estamos totalmente de acuerdo, o simplemente montar un circo para poder darle una foto a la gobernadora para su campaña”.

La militarización de los sectores más vulnerables fue una de las grandes “apuestas” de Julio Garro ante el deterioro de la calidad de vida.