Por Elkin Giraldo Castellanos

Varios son los motivos que impulsan a los electores en Colombia a pensar en la “decisión” de votar en blanco. La mayoría son personas que entienden de manera distinta el proceso que se lleva a cabo en el país. Eso es lo grave: que algunos piensan que es con la guerra que se puede avanzar.

Algunos líderes de opinión y excandidatos están cometiendo la imprudencia de llamar a votar en blanco por no sentirse identificados con ninguno de los dos proyectos que hoy están en juego. Lo cierto es que en primera vuelta el voto en blanco sólo alcanzó el 1,76%, lo que representa 341.087 votos, a diferencia de hace cuatro años, que llegó al 5,99%.

No hay nada mejor en la vida que poder decidir. No es lo mismo una taza de café que una de chocolate. La decisión que se tome en Colombia es de suma importancia. Los acuerdos con la exgüerilla de las FARC abrieron un nuevo horizonte, una nueva oportunidad.

El proyecto de Iván Duque, junto a su partido Centro Democrático, que de centro sólo tiene el nombre, promete modificar los acuerdos de paz porque no les parece, no les gusta y desean junto a su mentor Álvaro Uribe Vélez perpetuar una guerra para beneficio propio. En las últimas declaraciones, Duque dice que no va a hacer “trizas los acuerdos de paz”, que sólo harán unas “modificaciones estructurales”, que hasta ahora no se sabe cómo serán. Pero se deslumbran con su afán de que los líderes del partido político de las FARC vayan a la cárcel “sin impunidad”. Gustavo Petro, en cambio, promete respetar los acuerdos firmados en La Habana el 26 de septiembre de 2016, y agrega que “La tierra, la salud, la educación, el aparato judicial y el régimen político son temas fundamentales para construir una verdadera paz y no se negocian con la guerrilla, sino con la sociedad”.

Duque junto al presidente de Argentina Mauricio Macri y a Marta Lucía Ramírez.

Los acuerdos de paz marcan un antes y un después, y hoy tienen a Colombia al borde de que por primera vez un candidato progresista llegue a ser el presidente del país, tradicionalmente gobernado por mandatarios liberales y conservadores. De ser elegido Gustavo Petro y su proyecto de Colombia Humana, no sólo se salvarían los acuerdos de paz, sino que también sería un respiro para Latinoamérica, una contención para la región.

Gustavo Petro junto a niños y niñas en Colombia

Hay dos opciones, dos propuestas de país. El voto en blanco sólo sirve y funciona para garantizar la victoria de Iván Duque. Si se quiere asegurar el camino de la paz, Colombia tendrá que elegir a Petro sin caer en la trampa del voto en blanco. Es una oportunidad histórica, la cual no se puede perder, y para eso hay que luchar hasta el final.

Colombia, llegó el momento de decidir. ¡Colombia, salve la paz!