Dicen que dicen –así corre la voz popular– que por aquella tradición árabe de la mesa pequeña y una malinterpretación barrial Luciana Jury comía en el suelo. Hija de una amante de la palabra y la canción (Marta Mantello) y un escritor y cineasta (Zuhair Jury), para esta inquieta intérprete que abreva distintos ecos de la canción de nuestra tierra esa pequeña anécdota quizá represente de qué se trata la música viva y tradicional: alimentarse en y del suelo.

“Algo de eso hay”, asiente la cantante que cuenta con cinco discos editados. “A mi manera de sentir, la música popular debe contener, para que sea popular, un sentido de pertenencia que refleje sentimientos de comunidad: el perfume de tu barrio, las comidas de ese territorio que te parió sus penas y sus alegrías. De todo esto está munida la música de nuestros territorios y es muy diversa y colorida”.

“A mi manera de sentir, la música popular debe contener, para que sea popular, un sentido de pertenencia que refleje sentimientos de comunidad”

Todo ello confluye en su incalificable forma de cantar, intensa y llena de relieves, que la llevó a ser premiada por la Fundación Konex como una de las “cinco cantantes de la década”.

“Llamaría a lo que hago una forma de ‘sonar’ más que de ‘cantar’. Esa sonoridad es el resultado de cómo fui construida: mi sonoridad está interpelada, como primer cimiento, por las culturas que construyeron a mis antepasados y el seno familiar en el que nací. Todo lo que pude experimentar en la vida intento sellarlo en una sonoridad tomando la canción como excusa para encausar ese sonido. A su vez, va tomando distintos matices de acuerdo con el movimiento natural de la vida. Por lo tanto, tampoco mi sonoridad es una cosa quieta o definitiva. Va mutando.”

Potente en sus convicciones, Jury sabe eludir los géneros pero arropa y acepta la idea de música popular: “Soy de una generación que se construyó, también, escuchando mucho pop y algo de rock; no me son ajenas las músicas del mundo, para nada. Sin embargo, a la hora de hacer lo propio y pensar qué iba a cantar me decidí por la música popular latinoamericana, porque es lo que más conozco y siento”.

Y desarrolla la idea más allá de lo musical: “Con el tiempo me he dado cuenta de que estas músicas nuestras han sido negadas por el capitalismo opresor que propone la atomización de otras músicas en pos de negar nuestra historia. Entendí entonces que no había elegido abocarme a la música popular sólo por gusto, sino también como una misión en favor de devolver a quien quiera oírme un espejo sonoro del territorio que lo contiene”.

Toda esa experiencia incide también a la hora de elegir las canciones que interpreta y hacerlas suyas: “Es bastante misterioso. Creo que lo que más me convoca a hacer tal o cual canción es la conexión que existe entre mis experiencias de vida y esas músicas que acompañan o acompañaron esas vivencias”.

“Por ejemplo, en ‘Lola’ (canción que cantaba Raffaella Carrà), más que la letra lo que me interpelaba era el recuerdo de la emoción que me provocaba escucharla y bailarla en mi niñez. Niñez de hija única, sola, que bailaba con todos los duendes que se me aparecían. Ese recuerdo es el que quise transmitirle a mi hija (que tampoco tiene hermanos), por eso en esa canción ‘irrespeto’ la letra y nombro a Mora en vez de a Lola, a modo de quitarle a mi hija el fantasma de ser única para decirle que si baila no está sola“.

Luciana, sobrina nada menos que de Leonardo Favio, cuenta que está feliz porque la esperan shows en Bélgica y Alemania.

Luciana, sobrina nada menos que de Leonardo Favio, cuenta que está feliz porque la esperan shows en Bélgica y Alemania, y también con “muchas ganas de compartir con el divino y talentoso Diego Martez y mi banda”. Pero nada la emociona tanto como transitar esta época de cambio y reivindicación de las mujeres: “¡Es un gran momento para nosotras! La media sanción en Diputados por la despenalización del aborto es un comienzo con sabor a victoria a favor de nuestro derecho a decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos”, dice quien participó de la histórica vigilia junto a su amigo y compañero musical Gabo Ferro.

“Creo que no hay paso atrás en estas conquistas que tanto nos merecemos las mujeres, y todavía falta mucho más. En los hospitales todavía sigue siendo alarmante el número de mujeres que llegan con casos de violencia de género. Ni hablar de la trata de personas, donde las mujeres son arriadas como ganado hacia el mundo de la prostitución y esclavitud”, completa. Y concluye: “Por todo esto, mi lugar de lucha activa estará siempre presente donde se me convoque en favor de llegar a ese punto de igualdad que nos debe el patriarcado desde hace dos mil años”.