La TAE está abajo. Primer subsuelo, para ser específicos. No está en la superficie. Sobre ella se erige uno de los teatros más hermosos y prestigiosos del país, con salas de excelencia bien señalizadas. Abajo, todo es algo menos ordenado y amable. Pero entre paredes de cemento y objetos desperdigados por el piso ocurre de todo. Decenas de jóvenes terminan la puesta y detalles de una obra que aborda el espacio del mismo modo que lo hace con el discurso: desafiándolo.

En unos días se estrena T4 y la Escuela y Espacio de Arte y Oficios del Teatro Argentino (eso que significa TAE y que cosecha elogios de especialistas a la par de cierta postergación de las políticas oficiales) parece representar muy bien la idea: debajo de la superficie ocurren muchas cosas más y nada es lineal.

“Ya está lleno de historias lineales todos los días… ¿para qué contar una más?”, dirá la directora Claudia Billourou, quien tan apasionada como franca habla y dice muchas cosas a la vez. Y, si se escucha con atención, queda claro. “Ya pasó eso de bajar mensaje para que piense como vos. La gente tiene que pensar como se le cantan las pelotas aun cuando no te guste”, dice con honestidad brutal, y remata: “Si vos tenés un mensaje para dar, no es arte, es un whatsapp”.

T4, que involucra tres cursos de estudiantes más el equipo de profesionales de iluminación, sonido y demás, se presenta oficialmente como “una propuesta que indaga en la percepción individual en relación con lo colectivo a través del constante desequilibrio tanto visual como sonoro entre el contenido, su significado aprendido y lo que realmente es y está ocurriendo”.

Hay una china trans, futboleros, azafatas, conejitas, voces en off, sonidos… Billourou intenta definir: “T4 es una comedia horribilis. No quiero usar la palabra distópica porque está de moda y detesto la moda. Es uniformar, es un modo de fascismo. Desde la incorrección interroga y usa mecanismos de la reiteración, de determinada información con los medios. Te desorienta entre lo que tenés aprendido, lo que ves y lo que está ocurriendo. Y es un experimento que pone en juego tu percepción. Tiene que ver con la libertad de expresión y con la fantasía que tenemos de la libertad individual”.

Dado el espacio físico (un subsuelo sin escenario ni butacas convencionales) y la promesa de la obra, surge la pregunta del lugar del espectador. “Eso no te lo quiere decir. El espectador lo tiene que decidir. Hay una manipulación artística durante toda la obra, pero que mantiene la independencia del espectador, quien puede elegir dónde está y qué ve”. Y agrega: “Es una experiencia. Tampoco te diría que es teatro. El teatro tiene límites y esto no los respeta”.

Tal como infiere la obra, no tener un mensaje lineal no significa no contener ideología. Y la directora tiene una historia de militancia. Pensando en el teatro y su rol político en los setenta, declara: “Era re conservador lo que se ofrecía. No había mucho movimiento alternativo y, de haberlo, te caían al lugar. Lo que había era más onda bajada de línea. Mucho café concert… Pero la verdad es que los que militábamos no teníamos mucho tiempo para ir al teatro”.

Bajo la dirección general de Claudia Billourou, Alfredo Calvelo, Gonzalo Monzón y Constanza Gómez, el estreno tendrá lugar en la Sala Alejandro Urdapilleta de la TAE (51 e/ 9 y 10, 1º subsuelo del Teatro Argentino) el viernes 15 de junio, con funciones los días 16, 17, 21, 22, 23 y 24, siempre a las 20 hs. El valor del bono contribución es de 200 pesos. Las localidades son limitadas y se solicita reservar la entrada en reservastae@gmail.com. Las reservas se mantienen hasta dos horas antes de la función y las entradas pueden adquirirse en la TAE a partir del lunes 11 de 14:30 a 18:30 hs.