Por Ramiro García Morete

Prietto está a un costado. En un rato subirá al escenario con su banda, pero ahora está a un costado viendo a Sr. Tomate. Es 8 de marzo, la cantante de esa banda llegó de una conmovedora marcha y ahora entona “Acá no sirven tus armas” hasta estrujar el pecho ajeno. Prietto está a un costado y sus ojos pequeños pero francos ven con admiración a su amiga. Una hora antes la hace a un costado de un cálido camarín lleno de amigos para comentarle algo sobre unas grabaciones. Unos días antes había sugerido hacer la entrevista en otra instancia, porque cuando toca piensa en tocar. Y cuando finalmente sube al escenario, toca y canta desde un costado. Como cuando viaja o viajaba al cosmos con Mariano y en lugar de ver al público miraba a su compañero, porque de allí venía la música. Es como si necesitara mirar las cosas un paso hacia un lado para verlas completas. Como cuando hace blues, corriendo levemente el eje con un poco de otras cosas y sin embargo siendo más blusero que muchos guardianes del género. Como cuando nos hace ver de un modo nuevo la calle Corrientes o el vagón del tren con olor a panchos que tantas veces anduvimos o abordamos. O cuando inventó una forma de cantar en un extraño idioma, mezcla de conjuro e inglés de karaoke, para decir lo que no entraba en su poética porteña y suburbana. Es como si Prietto no quisiera estar en el centro de la escena sino más bien llegar al centro del alma de las cosas. Será por eso que mientras todos celebran su éxito con una de las bandas del momento, Prietto aprovecha para profundizar y expandir su viaje musical. Y, por ejemplo, darse el gusto de publicar tres meses después de aquel Día de la Mujer un disco de boleros y canciones con su amiga Poli, esa que, dice, estruja el pecho cuando canta.

Que me hizo comprender todo el bien, todo el mal

Una medianoche de hace un tiempo –como suelen suceder las buenas historias de amor– Maxi Prietto se encontró en un bar de México, país donde la venia de Julieta Venegas fue precuela de una relación que crecería poderosamente. Allí estaba un tal Alberto, que dominaba el requinto y cantaba un repertorio interminable “e improvisado al pedido de unos bebedores que cantaban a coro y con las copas alzadas –cuenta Prietto–. Fue el momento en el que entendí la belleza del bolero”. Y de México regresa a La Paternal: “’Historia de un amor’ es una canción que mi abuela tarareó toda su vida. Es difícil valorar lo que está tan cerca, desde que falleció mi abuela esa canción cobró otro peso. Ahora se puede decir que fuimos directo a la raíz, a la tradición… Esa enseñanza a la que accedimos sin darnos cuenta”.

“desde que falleció mi abuela esa canción cobró otro peso. Ahora se puede decir que fuimos directo a la raíz, a la tradición… esa enseñanza a la que accedimos sin darnos cuenta”

La clave de un buen narrador no sólo es contar bien una historia, sino encontrarla y darle vida. Por eso la historia de este amor tiene varios capítulos. “Hace unos diez años, Poli en la casa de Shaman me dijo que quería hacer un disco de boleros y esa información quedó en mi cerebro guardada. El año pasado escuchando La última Noche (álbum solista) lo consideré un disco de demos y me pareció que estaría bueno hacer ese disco de boleros pero bien hecho. Me acordé de Poli y la invité a cantar un tema… Terminamos haciendo un disco. Todo el proceso fue muy natural. Los músicos se fueron sumando de a poco, y de pronto estábamos en ION grabando”.

Ese proceso fue “muy relajado”, dice Prietto. “Ahora escucho el disco terminado y me sorprende lo despojado que fue todo el proceso y el resultado que se logró. Buenos amigos y buenos músicos, es la combinación ideal”. Y si de combinaciones ideales, sin dudas lo es juntar repertorio clásico con composiciones de la emocional Natalia Politano: “La voz de Poli me encanta. Cuando la escuchás decir ciertas frases no hay forma de no creerle. Y esa cualidad no se encuentra muy seguido. Es una voz herida que lastima y que cura. Haber hecho este disco en conjunto es un privilegio”.

En la cadencia de tu voz divina

Prietto analiza cuánto hay de bolero en sus otras producciones y cuánto de rockero en su interpretación boleros: “El bolero tiene una historia, las voces en su mayoría son cantantes con oficio, técnica y virtudes de ese tipo. En nuestro caso somos algo raro. Por un lado es una irresponsabilidad cantar clásicos sin estas cualidades con las que ya fueron grabadas, y por otro lado nos encantan las canciones y aceptamos ese desafío de interpretarlas, tratar de adueñarnos de esas letras y cantarlas como propias. En ese sentido, fue como llevarlas un poco para el barro del rock, de hecho, las voces del disco las reproducimos por un parlante de guitarra y las volvimos a grabar así. Les pusimos esa mugre que nos encanta. Cuánto hay de bolero en mis canciones no sabría decirte”.

El tema esencial del bolero –quizá de la música toda– es el amor. ¿Cómo se vincula con los cambios sociales, políticos y a la vez con la resignificación del amor romántico? Prietto responde: “Por lo general son letras que perduran en el tiempo, a excepción de algunos modismos de época que también se pueden cambiar. El amor romántico no tiene por qué ser cómo el de la vida real. En algún punto es como cinematográfico, me gusta que sea así. También es lo que lo diferencia de nuestras propias letras que son más crudas y más actuales”.

Sueños que juntos forjaron

Si hay un melómano en este país y cultor de la tradición como una expresión viva y no una colección cubierta de polvillo, es Andrés Calamaro. El rey de la canción vive atento a las nuevas generaciones y no escapó a los encantos de Los Espíritus. Por eso ofreció generosa y espotáneamente una colaboración genuina más cercana a un guiño de maestro que un feat de discográficas.

“Conversamos mucho de música por whatsapp. Muchísimos gustos en común, blues, salsa, rock, psicodelia, el free jazz de Sun Ra, y boleros también. Así que le compartí lo que estábamos haciendo y a los días ya estaba en su casa grabando con él. Su eficacia es sorprendente. En ‘Guitarras lloren guitarras’ compartimos la voz principal por turnos. Después de eso sumó coros en dos canciones, a dos y tres voces. En un rato había armado ese característico colchón de voces salomoneanas… un lujo”.

Pero ahí no se agotan los aportes célebres que, como todo lo que encara Prietto, nace como un juego entre amigos. “Gustavo Santaolalla me había ofrecido su ayuda para lo que necesite y le escribí por el tema mastering. Me sugirió algunos nombres. Al final me decidí por el que ya tenía en mente, pero en ese ida y vuelta de mails me pidió de participar y le sumamos un charango en la canción ’20 años’. Hizo una pequeña participación pero muy elegante. Encontró un hueco entre las cuerdas y las guitarras y le aportó lo justo para darle un poco más de ritmo a la intro y realzó otros momentos importantes de la canción”.

El disco, que contienen dos composiciones originales de Poli y ocho clásicos del género, fue masterizado nada menos que por Gavin Lurssen, quien trabajó en discos de Tom Waits y Leonard Cohen. ”Las mezclas de Pablo Barros eran tan perfectas que nos pareció que lo mínimo que podíamos hacer era dárselas a alguien de la talla de Lurssen”, explica Prietto. “A lo largo del disco hablamos mucho de la tradición, de eso que se aprende de boca en boca y une a las distintas generaciones. Estas participaciones fueron un poco mágicas en ese sentido. Nunca antes habíamos tenido un intercambio de este tipo y justo se dio con este disco”.

Más allá del tenor latinoamericano que recorre el disco, no es ajeno a la geografía de sus autores ni pretende ocultarlo. Gran crédito dentro de la sonoridad del disco y un ligero acento porteño se debe a los arreglos de cuerdas de Charly Pacini, de la Orquesta Fernández Fierro. “Mi disco con el cuarteto de blues empezamos a presentarlo en el Club Atlético Fernández Fierro, lugar de Almagro, que es del palo tanguero y que también tiene su rock. Barra popular, empanadas, pizzas, mesas. Siempre teníamos una sección de boleros. Hicimos algunas fechas en Córdoba y Buenos Aires con la Fierro. Hablando con Charly Pasini, se ofreció a hacer los arreglos para algunos boleros. Es el sonido del disco está dado por sus arreglos. Es un bolero que tiene algo de tango, y ese sonido se lo dio Charly”.

Por cierta procedencia y camino, su nombre se vincula al indie, pero ya sea con el blues o el bolero, siempre se ha enfocado en la canción popular: “Prietto viaja al cosmos con Mariano es el primer proyecto con el que se conoció mi música y de ahí ese vinculo al indie, que a su vez es una escena, un circuito de lugares donde tocar y un montón de cosas que hacen a esa palabra ‘indie’. En su momento le llamaban ‘Indie Cabeza’ justamente porque tenía calle, tenía vínculos con la canción popular… Nunca me interesó adaptarme, ser rechazado no me daba ningún miedo. Lo que sí me asustaba y me sigue asustando es hacer una canción que no sea del corazón. Eso es el fin”. Hacer canciones del y para el corazón, el principio.