Ante el recrudecimiento de la violencia institucional motivada por los gestos de complicidad (cuando no de aprobación) demostrados por el gobierno de Mauricio Macri, algunos de los principales referentes del periodismo en materia de brutalidad policial y gatillo fácil acercaron algunas ideas sobre cómo pensar la profesión en tiempos de represión y violencia. Juan Alonso, María Sucarrat y Carlos Rodríguez disertaron sobre el tema en el marco del Día del Periodista, durante la serie de actividades realizadas en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.

“Creo que es importante reflexionar sobre cómo ven las empresas periodísticas estos temas, porque son esas empresas las que bajan línea sobre lo que se debe decir o lo que no se debe decir”, fue el puntapié inicial expuesto por María Sucarrat, exsecretaria de Redacción de Tiempo Argentino y colaboradora del portal de noticias del ámbito judicial Cosecha Roja.

Sucarrat: “Creo que es importante reflexionar sobre cómo ven las empresas periodísticas estos temas, porque son esas empresas las que bajan línea”.

De manera ineludible, el caso del policía Luis Chocobar (procesado por asesinar por la espalda con su arma reglamentaria a Pablo Kukoc) atravesó de manera directa el paradigma de violencia institucional que parece marcar la era macrista en el poder, hecho que además significó un llamado de atención para todo el abanico de coberturas periodísticas.

“El gesto de Macri al recibir al policía que asesinó al chico Kukoc de alguna manera habilitó a que gente que no estaba al tanto del mundo de la violencia institucional ahora lo esté. Puso sobre la mesa las muertes cometidas por policías como un problema público”, expresó Sucarrat. A casos como el de Kukoc se le suman el asesinato de Rafael Nahuel durante una represión en Río Negro y el caso de Santiago Maldonado, desaparecido durante un operativo de Gendarmería en una comunidad mapuche y encontrado muerto dos meses después.

Sucarrat puso énfasis sobre las cifras relevadas por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) que demuestran la crecida de asesinatos cometidos por efectivos policiales fuera de servicio. En este sentido, el periodista de Página/12 Carlos Rodríguez manifestó: “Hay que profundizar sobre las palabras y términos que el periodismo ha utilizado en temas de violencia institucional. Cuando se habla de ‘ladrones’ como si no fueran personas, cuando se habla de ‘ajuste de cuentas’ como si se mataran entre ellos y la policía no tuviera nada que ver, cuando las víctimas no tienen voz”, expresó Rodríguez, y agregó: “Pensemos, ¿qué palabras usamos para escribir? Nunca utilicemos palabras que son del enemigo. El enemigo busca que no tengamos voz, que el pueblo no se instruya, que no se informe”.

Rodríguez: “Nunca utilicemos palabras que son del enemigo. El enemigo busca que no tengamos voz, que el pueblo no se instruya, que no se informe”.

Por su parte, el periodista del portal Nuestras Voces, Juan Alonso, tuvo un posicionamiento clave en el caso Maldonado, al punto de encabezar un documental completo dedicado al joven activista. “Los medios hegemónicos de este país dicen hasta el día de hoy que Santiago simplemente ‘se ahogó’. Santiago no llegó al Río Chubut porque tenía ganas. Llegó hasta ahí perseguido por Gendarmería. Todavía la Justicia Federal no profundizó sobre la reconstrucción del hecho. Casi no hay periodistas que hayamos seguido ese caso. En esta coyuntura, son casos paradigmático”, expresó Alonso.

Alonso: “Los medios hegemónicos de este país dicen hasta el día de hoy que Santiago simplemente ‘se ahogó’. Llegó hasta ahí perseguido por Gendarmería. Casi no hay periodistas que hayamos seguido el caso”.

Los tres profesionales coincidieron en la importancia de los organismos de derechos humanos como el CELS, el Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ) o la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) como sectores fundamentales a la hora de sistematizar información sobre casos de violencia institucional. En muchos casos, la labor del periodismo contrahegemónico y el trabajo de estos organismos crecieron en beneficio mutuo.

En esta línea, Sucarrat agregó: “Hay momentos en que ni siquiera los medios más ‘progres’ aceptan las notas que proponemos. Ahí está la grieta que tenemos en nuestra labor, cómo hacemos para poder ‘colar’ aquello que creemos que es necesario que sea difundido”.