Por Manuela Pita*

Una vida hecha. Mil proyectos. Una pareja. Dos hijos. Un nene. Una nena. Un DIU. Cuatro trabajos. Dos semanas de atraso. Dos rayitas. Un DIU corrido. Una decisión. Un número de teléfono. Una charla con Dora. Una visita al médico. Una lavada de manos. Otra charla con Dora. Una ecografía. Una imagen que te obligan a ver. Siete semanas. Toda la presión social. Un “no quiero”. Un “no queremos”. Mucho llanto. Una decisión tomada. Un encuentro. Una plaza. Una entrevista. Un “te acompañamos” que vale millones. Un instructivo. Doce pastillas. Una decisión irrevocable. Una mañana. Cuatro pastillas. Tres horas. Dolor. Mil mensajes. Mucho acompañamiento. Mucho miedo. Cuatro pastillas más. Tres horas. Más dolor. Más mensajes. Cuatro pastillas. Un dolor fuerte. Un saco gestacional. Un aborto. Un mensaje que confirma. Un mensaje que tranquiliza. Un mensaje que cuida. Diez días más. Un control. Cuarenta días de sangrado. Un punto final. Un grupo que milita… un grupo que acompaña. Un cuerpo que decide.
(Fragmento de la exposición de María Elena Ale del pasado 15 de mayo en el Congreso de la Nación)

Este es uno de los tantos relatos que las compañeras Socorristas en red de la ciudad de Paraná fueron sistematizando junto a las mujeres que han acompañado. Según la nota publicada en Corresponsal, periodismo en contexto por Emilia Elizar, sólo en 2017 acompañaron a 206 mujeres que decidieron interrumpir su embarazo. Estas cifras no sólo dan cuenta de que es una práctica que existe y se hace trascendiendo los espacios formales de las instituciones de salud, sino que también nos hablan de un modo de organización sorora que han construido las compañeras para que podamos acceder, en las condiciones actuales, de manera segura y acompañada al derecho de decidir sobre nuestro propio cuerpo.

María Elena es la primera voz de las socorristas en exponer en la reunión de comisiones del Congreso de la Nación. Reconocida militante feminista, forma parte de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Además, es activista de las Socorristas en red de la ciudad de Paraná.

En esta entrevista aporta una mirada situada en el debate del aborto y el contexto actual en la provincia de Entre Ríos y en el país.

-Sabemos que el debate y la militancia por el aborto legal vienen desde hace años en la Argentina. Sin embargo, hoy han logrado instalarse en la agenda mediática con una mirada positiva. ¿Cómo cree que llegamos hasta acá? ¿Quiénes posibilitaron este debate?

-El debate en Argentina sobre el aborto legal y despenalizado llegó hasta el Parlamento gracias al movimiento de mujeres. Es un debate que fue impulsado en las calles, que básicamente fue ingresando en la agenda de los partidos políticos. Hace cinco años atrás nosotras habíamos empezado preguntándoles y algunos decidían no contestar qué pensaban respecto del aborto. Hoy todo el mundo se tuvo que expedir, todos tuvieron que hablar y definir su postura sobre el tema. Este fue un trabajo del activismo y de la militancia feminista.

Hubo un salto cualitativo en cuanto al debate porque ya no se habla desde la situación de evitar la muerte solamente. Las muertes existen, pero hemos podido trascender eso y no verlo como última opción. Pudimos mirar el problema desde las cuestiones de salud y justicia social, pero también desde la perspectiva de decidir sobre el propio cuerpo. Hace diez años atrás hubiese sido imposible lograr esto.

Básicamente, lo que está sucediendo en el Congreso es que vemos las posturas a favor con discursos actualizados, con información científica, anclados en la realidad. Y, por otro lado, vemos esos discursos de los setenta, donde incluso han llevado animaciones 3D, donde parece que un aborto es sacar descuartizado un guricito del útero de las mujeres, cosa que es hasta irrisoria y burda. Pero ellos están apelando a todo tipo de discurso, incluso a cuestiones que no tienen que ver con la ciencia, ni con la leyes, ni nada.

Me parece que, si tenemos en cuenta y hacemos una evaluación de lo que está pasando en el Parlamento, tenemos que mirar como saldo positivo primero el hecho de que el debate esté. Hace cien años que no se debate sobre aborto en un lugar donde se dictan las leyes. La última vez fue en 1921. Este debate nos pone muy contentas, sobre todo por la calidad. Y eso ha hecho conmover y cambiar de postura a personas, como Mariana Fabiani, o gente de la política como Chiche Duhalde. Para nosotras es un salto importante, porque a su vez esa gente genera otro tipo de conciencia. Estamos viendo que no estábamos tan erradas en nuestra lectura.

“Pudimos mirar el problema desde las cuestiones de salud y justicia social, pero también desde la perspectiva de decidir sobre el propio cuerpo. Hace diez años atrás hubiese sido imposible lograr esto”

-Además del proyecto de la Campaña se presentan otros nueve proyectos a favor del aborto. ¿En qué hace la diferencia el proyecto de la Campaña?

-Básicamente la diferencia entre los proyectos es que algunos plantean la ampliación del artículo 86 del Código Penal y no despenalizan la práctica. La siguen planteando como un delito. Un delito que va a tener sus excepciones. En cambio, el proyecto de la Campaña es un proyecto integral, no toma el tema de la objeción de conciencia, porque nuestro argumento es que el Estado debe garantizar que se cumplan los derechos. Las leyes no puede tener profesionales que cumplan esta ley porque quieren y aquella ley porque no. Nosotras venimos reclamando por esta objeción de conciencia porque no está reglamentada, no hay una ley de objeción de conciencia. Lo que no queremos es una ley que después no se pueda aplicar. Como nos pasa, a pesar de que no tendría por qué tener obstáculos, con la Ley de Educación Sexual Integral. Otra de las cuestiones que plantea nuestro proyecto de ley es el punto sobre la legalidad. Tiene una mirada amplia que no incluye solamente al Estado, sino también a los servicios de obras sociales y medicina prepaga. Otro punto distinto que tiene el proyecto de la Campaña es que lo firman diputados y diputadas de diferentes frentes políticos, incluso del PRO.

-Las Socorristas cantan “aborto legal en cualquier lugar”. ¿Qué debates han introducido en la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito?

-Básicamente los debates también se traducen en los cánticos. Cuando nosotras aparecimos haciendo estas prácticas, primero las pensamos en un mientras tanto. Cuando fuimos acompañando a las mujeres a abortar nos dimos cuenta de que el Estado y los efectores de salud generalmente son expulsores de la mujeres, que muchas tenían asegurada una situación de aborto legal en el inciso 86 porque habían sido violadas pero preferían no ir al hospital a enfrentarse con una situación de violencia institucional. O porque no tenían ganas o porque deseaban ser acompañada por otras mujeres. Entonces, a nosotras nos llevó a repensar todo esto, que a su vez se traduce en la consignas. Nosotras decimos que para que el aborto realmente sea feminista no tiene que agotarse en la conquista de una ley. Por eso pedimos fuertemente la despenalización, más allá de la legalización. La legalización porque el Estado tiene que garantizar un piso, pero la despenalización implica que las mujeres tengan la autonomía de decidir dónde y con quiénes quieren hacerse esas prácticas. Obviamente estamos hablando de prácticas seguras. Nos parece que es totalmente legítimo y empoderante poder llevar adelante estas prácticas de aborto medicamentoso con las amigas en la casa, alejadas de lo que es la institucionalidad. En esto del activismo hemos podido acompañar a mujeres uruguayas que han estado en estas situaciones de no saber qué hacer. En ese momento no hay nadie acompañándolas.

“pedimos la despenalización, más allá de la legalización. La legalización porque el Estado tiene que garantizar un piso, pero la despenalización implica que las mujeres tengan la autonomía de decidir dónde y con quiénes quieren hacerse esas prácticas

La práctica nos ha dado la posibilidad de pensarnos a nosotras mismas como activistas, pensarnos dentro de lo que es el movimiento de mujeres, pensarnos en las correlaciones de fuerza que tiene el Estado en tratar de controlar todo. De pensar en nuestras luchas y conquistas cotidianas, y ya no vemos como única posibilidad la medicina hegemónica y los hospitales, sino cualquier lugar. Aparte, hay que sacar de ese lugar sacrosanto que tienen el Estado y los hospitales. La verdad es que Ana María Acevedo, por ejemplo, tenía garantizado un aborto legal legislado desde 1921 y en el hospital la mataron. A Belén la metieron presa por denuncias que hicieron desde el hospital. A nosotras no nos parece que siempre sea el lugar más amigable para todas. En los hospitales se excluye, se discrimina, se denuncia, se maltrata y se ejercen violencias. También se mata.

Lo vemos desde ese punto de vista. Así nos lo han transmitido las mujeres que hemos acompañado. Digo mujeres porque no hemos acompañado personas trans aún. Nos sentimos muy contentas de que vamos haciendo estas prácticas de manera coordinada obviamente con profesionales. Significa poder brindarnos esta autonomía, que nos da la posibilidad de estar abortando de manera segura.

-Al ser una práctica penalizada y por lo tanto clandestina, ¿cómo se construyen las estadísticas?

-Cuando se habla de que las estadísticas son falsas y son cuestionados los más de 400 mil abortos clandestinos por año por los sectores antiderechos, lo único que podemos decir es que ese dato surge a partir de un pedido que se hizo desde el Ministerio de Salud de la Nación a dos especialistas investigadoras del CONICET. Eso fue en 2005 y estuvo a cargo de las profesionales Silvia Mario y Edith Pantelides, ellas hacen estudios demográficos de proyecciones y básicamente hicieron una proyección acerca de todos los casos que llegaban a los hospitales públicos con secuelas obstétricas. En base a eso se hace una proyección de embarazos y otra serie de estadísticas que tienen que ver con estudios demográficos y se llega a ese dato. Obviamente que hay una decisión por parte del Estado de ocultar las estadísticas, más que nada algunos profesionales lo hacen conscientes de que están ocultando datos, pero eso también tiene que ver con la historia de persecución y criminalización de la práctica. Muchas veces las infecciones son consecuencias de las prácticas abortivas inseguras, pero no las transmiten como aborto para evitar todo ese tipo de situaciones. Una de cada cinco mujeres muere en Argentina por causales de abortos inseguros. Esto es innegable, las estadísticas las tiene el Ministerio, se llevan adelante por acta de defunción y ahí se van poniendo las causales de muertes. Nosotras pensamos que hay un subregistro acerca de las defunciones. En 2016 fueron de una de cada cinco mujeres. Nos da mucha rabia que los antiderechos nieguen estas cifras, porque es la muerte de personas que se mueren porque existen otras que avalan que esto sea un delito. Es inhumano que se sigan muriendo personas por abortos clandestinos. Va en contra de todo lo que es legislación en derechos humanos.

* Frente de Mujeres Unidad Ciudadana