¿Cuál de las quinientas clases de canciones voy a hacer?”. Hace un década, aproximadamente, Pablo Matías Vidal trabajaba en un kiosco de la calle 7 entre cigarrillos y fotocopias. Si bien ya se había ganado el apodo de “Mago” por su destreza con las seis cuerdas con bandas como Semidesnudos, para muchos era el kiosquero del barrio. Quizá por Cromañon o por la costumbre cíclica de cerrar escenarios, proliferaron los cantautores como modo de resistencia desde centros o espacios más reducidos. A base de una energía incontenible, pasión por la melodía, habilidad verbal y buenas cantidades de licor de menta, Vidal hizo de la canción su propia vida. En una pensión o en su casa, que llamarían La Comu (por la cual circulaban músicos y personajes inenarrables), componía compulsivamente, siempre ondulando entre dos grandes tendencias: “Mis amigos aman las canciones que yo plagié, las que hice con el alma les resultan raras”. El tema dedicado a un Paul McCartney fundido expresa con ironía la capacidad de Vidal para hacer canciones bellas y armónicas, así como otras más entreveradas, oscuras y viscerales. Casi como una síntesis dialéctica, el músico hoy encuentra en Los Valses un modo de condensar todo su recorrido emocional y artístico. O casi todo, porque, como dirá él mismo, “la canción perfecta es la próxima”.

“Cánticos a media luz en un rincón…”

El detalle de que el disco Los Valses fuera homónimo parece más que una formalidad: hacen canción pero cuesta definirla, quizá porque redefinieron el modo de hacer canciones de su vocalista. “En realidad es el flujo de las cosas a través de los años lo que ha ido redefiniendo mi modo de hacer canciones”, explica Vidal. “Por ejemplo, aprendí a llevar a la sala canciones incompletas y tratar de cerrarlas entre todos, cosa que antes cierto nivel de obsesión no me permitía. Mi vida al momento de crear las canciones que alimentaron el primer disco de Los Valses no se parece en nada a mi vida actual. Ese contexto atraviesa la obra de punta a punta. Hoy por ahí me pasa que arranco a hacer una canción y ya la voy perfilando como ‘para Los Valses’. Antes simplemente hacía canciones y punto. Hoy teledirijo un poco más el misil”.

Uno de los cambios o evoluciones tuvo que ver con la dosificación: “Antes quizá relacionaba mucho más la composición a un acto catártico, de liberación de demonios donde, cueste lo que cueste, el demonio tenía que salir. Cuando empecé a citar a los demonios en otra esquina para pelear pude relajar un poco el momento de componer y hasta disfrutar del proceso en canciones como ‘Educación a distancia’”. Un improvisado juicio freudiano señalaría la paternidad a favor de haber desplazado el yo y empezar a escribir desde un lugar más observador: “Hay vida después de la primera persona –se ríe–. En algún momento me cayó la ficha y se abrieron otras pestañas. Creo que es parte del mismo proceso que contaba en la pregunta anterior, fue mi petit revelación doméstica años atrás y desde ahí me gusta pararme en otros lados a la hora de contar y cantar.

“Las costumbres se fragmentan en porciones/ sólo tomo las que me sirven canciones/ el hotel entero espera que me vaya/ ahorrarían para comprarme una casa”

Lo que fue un pequeño CDR cuya tapa era fotocopiada en el mismo kiosco en el que trabajaba pasó a ser material de culto cuando Vidal cobró notoriedad con la banda Orquesta de Perros: Te amo. Hace poco el material se subió a Internet y tuvo un concierto especial. “Una época de locura y esplendor donde no podía parar de escribir cuadernos y hacer canciones, y además trabajaba millones de horas en un kiosco y me empezaba a copar con la historia de cantar mis canciones en lugares”.

Si bien está abocado principalmente a Los Valses, con quienes preproduce un nuevo disco, Vidal no se queda quieto: forma parte de un grupo acústico de corte romántico y aires italianos llamado Los Amorosos (también se viene disco producido por Fede Macchi) y de Marcianos Niños junto a Baro Latrubesse y Lautaro Barceló: “Una formación chiquita, precisa, acústica y espacial. Estamos terminando nuestro disco con canciones otoñales. Esperen el disco que está quedando hermoso”.

Con Barceló (El Estrellero) fueron compañeros de Orquesta de Perros y en breve dará un concierto con ese repertorio: “Trato de sumar siempre alguna cosquilla a mis shows en solitario para que no se vuelva muy monótono el tema del tipo con la guitarra, y Orquesta de Perros tiene tanto himnos como canciones, así que me pareció dignísima la ocasión para hacerles honor”.

Entre versos y canciones perfectas que vienen a su inquieta cabeza, cita desde Pity Álvarez hasta Gustavo Astarita y la bellísima “Waterloo Sunset” de los Kinks. ¿Qué está escuchando actualmente? “Guerrera / Soldado de Nahuel Briones, As You Were de Liam Gallagher, todo Oasis –soy muy fan–, Mandrake Wolf y varios otros cantores contemporáneos que estoy estudiando para un show que voy a dar el mes que viene en La Plata. Los domingos religiosamente pongo Guitarra Negra de Alfredo Zitarrosa mientras preparo el almuerzo”.

Reflexivo, poético pero lejos de las solemnidades, Vidal se destaca también por su lúcido humor. Aunque para el final apelemos a una broma tonta e inecesaria:

-¿Te molesta cuando hablan de Vidal y no sos vos y sí la gobernadora?
-Entre Arturo y María Eugenia están llevando mi apellido a la ruina.

Próximas fechas:
  • 24/5 Pablo Matías Vidal canta Orquesta de Perros, en Cassilda (50 e/10 y 11).
  • 09/6 Pablo Matías Vidal en el ciclo “Colega”, en Cest la Vie (55 e/ 13 y 14).
  • 21/06 Los Valses en la presentación de disco de Prana, en El Teatro Bar (43 e/ 7 y 8).