Por Ramiro García Morete

Sueño el mismo sueño, vos sabés,

que nos explota en las manos”

“Creo que la primera canción que ensayamos con Juan Pablo fue ‘Desert’… él se venía juntando con Fede en sus casas, y tenían los bocetos de algunos riffs y canciones… casi todo el primer demo, pero sin letras y sin bata. Y un día me propuso a mí formar parte.” Como pocas veces, el lugar común que refiere a la suma de las partes fue tan cabal y tan poderoso, precisamente, para la conformación de este trío que esquiva el término power. Su potencia habita en haber sumado y renovado energías y trayectorias precedentes como un ensamble perfecto de las partes: la poética porteña emocional pero no sentimentalista de Juan Pablo Fernández (ex Reincidentes), la contundencia de Ghazarossian (ex Los Visitantes, Don Cornelio, Me Darás Mil Hijos ) y la musical rítmica de Lulo Esaín (Valle de Muñecas, Motorama).

“Nuestro power trío no reside en el virtuosismo técnico, sino en el peso de las partes, de las canciones, de las letras y de qué hacer con esas cosas”, explica Esaín. “Esas tensiones se dan naturalmente y no generan conflicto, todo lo contrario: son parte de la búsqueda”.

En esa búsqueda, Acorazado se erigió como una de las bandas más elogiadas del under nacional en base a canciones fuertes en sonido y contenido. “Vamos a la canción, a articular la explosión que nos emociona y nos divierte”, señala el bajista, y el cantante define canción “como burbuja que suspende el tiempo y construye un recorrido”.

“Esto esa cara lavada y con los ojos abiertos”

Una marca distintiva de Acorazado es la intensidad de sus shows y la capacidad de reproducirla en los discos de estudio: “Tratamos de capturar eso que pasa en la sala (que comparten con Valle de Muñecas y Motorama), eso que pasa en el vivo”, cuenta Esaín. “En este disco armamos el estudio como la sala de ensayo, los equipos al lado de la bata y los tres ahí mirándonos y escuchando los instrumentos a todo volumen y sintiendo el aire de la bata y los amplificadores”.

Ghazarossian adhiere: “Trabajamos mucho ensayando, dando vueltas las partes o los conceptos. Y en no repetirnos. En el estudio, también: la generación del sonido de la mano de Manza, con toda su experiencia y criterio para potenciarla”.

Quizá por la herencia portuaria y tanguera que cargan sus bandas anteriores, quizá por el mismo espíritu vital o la sencilla razón de que la subsistencia humana ya es un acto loable, la música de Acorazado guarda algo de heróico.

“Yo encuentro la épica en el rock que hacemos en lo musical –enumera Fernández–, en la construcción de la emoción, de cómo crece la intensidad en cada canción, y por eso muchas veces se generan momentos muy intensos en los shows, a veces incluso de mucha intimidad. Pero en las letras no siento eso, al contrario, siempre trato de escaparle a la autoindulgencia o autocompasión”.

“Con el agua corriente el facho hace pan…”

Sin caer en el panfleto, Acorazado es una banda que no elude la coyuntura social y política: “No eludimos la coyuntura porque estamos inmersos en ella –explica Fernández–. Porque abrimos los ojos a lo que pasa alrededor, parejas, amigos, hermanos, hay crisis emocionales, hay crisis de trabajo, económicas, y, como decíamos, esas emociones son nuestro material de trabajo”.

“Luego sí, hay veces que nos invitan a participar de movidas o acciones políticas, pero siempre poniendo antes al militante, al que está en la lucha día a día, codo a codo, y nosotros desde donde podemos tratamos de acompañarlas con nuestra música, de amplificar esas voces, porque le da un nuevo sentido a lo que hacemos”, completa.

Los viajes

En los viajes de la banda puede sonar desde música clásica, tango o jazz, hasta Clash, Beatles, Neil Young, ArticMonkeys, Black Rebel, o las bandas amigas como Flopa, Valle y Norma. “O a veces después del show o de un ensayo no querés escuchar más nada. Apagá eso que no puedo más”, bromea Esaín.

Precisamente, un viaje importante e inminente tiene a México como destino en el marco de una feria de la industria de la música. Tras haber girado por lugares como Rosario, Mendoza, Montevideo, el plan para este 2018 es “tocar y tocar todo lo que se pueda” y un videoclip en puerta.

Si las cuentas no fallan (2011, 2014, 2017), ¿se viene un disco para 2020? ¿Hay planes de grabar pronto o en un futuro? “Acorazado 2020”, postula con humor Fernández, y Ghazarossian responde: “Siempre hay planes de grabar a futuro. Pero por ahora estamos en plena presentación del último disco en todos los lugares que se pueda”.

Este sábado 19 de mayo, el trío sigue presentando Labios del río en Club Cultura La Plata (61 e/ 23 y 24) en compañía de los locales Malayunta, orquesta oscura y melódica comandada por la voz aguardentosa y cruel de Hernán Menard. “¡Alegría, amor!”, celebra Ghazarossian al oír sobre La Plata, y, según Fernández, es como “un frasco de vitaminas: hay mucha energía y parece que está más naturalizado en la gente más joven ir a ver bandas. Todos deben tener una banda amiga. Hay como mucha cultura de rock y eso se siente cuando tocás”.

El entusiasmo está intacto y la experiencia es favorable, según Gharozian: “Cada vez es mejor. Tratás de no repetir cosas y mejorar. Más claridad”.

“Cuando empezamos a tocar con Fede y Lulo, me volvieron emociones de cuando tenía diecisiete”, evoca Fernández, y Esaín cierra: “Lo que no cambia, seguro, por lo menos de la manera que entendemos nosotros el rock, es las ganas de tocar, de hacer y de moverse”.