Por Pablo Pellegrino

Desde hace semanas en Argentina sólo se discuten dos temas fundamentales para el futuro económico del país: el precio del dólar y el “súper martes” en el que vencen cerca de 640.000 millones de pesos en Lebac que el Banco Central buscará renovar a toda costa para evitar que continúe la corrida cambiaria.

El pasado viernes nuevamente el dólar le torcía el brazo a la entidad monetaria que, pese a los 1.100 millones de dólares que vendió para aplacar su cotización, llegó al récord de 24,79 pesos. Hoy la estrategia fue absolutamente distinta, dadas las circunstancias y la cercanía con el “día D”: el BCRA salió a ofrecer en el mercado mayorista 5.000 millones de dólares a 25 pesos con la intención de fijar un techo que, de todas maneras, se perforó: al cierre del día, la divisa norteamericana llegó a los 25,51 pesos según el promedio que elabora el Banco Central.

Pero el “techo” de los 25 no fue la única jugada que realizó la entidad conducida por Federico Sturzenegger. También “relajó” los encajes bancarios, que es una determinada cantidad de dinero (en pesos) que deben mantener inmovilizados los bancos, y el objetivo es que con esa suma compren más Lebac. Ese dinero sale de los depósitos que hacen los usuarios y sería una especie de “reserva” para hacer frente a los retiros de efectivo.

Mariano Kestelboim: “el BCRA tuvo complicidad con algunos grupos financieros para que pudieran acceder a una cotización más baja para realizar sus ganancias especulativas”.

¿Por qué los bancos? Porque la proporción de los vencimientos del martes está compuesta por organismos públicos y bancos privados en casi un 60%, y el resto está conformado por Fondos Comunes de Inversión (FCI) y particulares residentes y no residentes. Sobre los dos primeros, el Central puede establecer algún tipo de acuerdo, pero sobre los otros no, y la intención es que los bancos privados y quizá algún organismo público absorban la mayor cantidad que dejen sin renovar los FCI y los particulares.

“Lo que hizo el Banco Central el lunes es generar las condiciones que necesitaba el mercado para seguir la timba financiera”, coincidieron en diálogo con Contexto los economistas Mariano Kestelboim y Agustín D’Attellis, que además sostuvieron que, a pesar de lograr su objetivo, el gobierno “patea el problema para adelante”.

“Lo que necesitaba el mercado era saber cuál era el techo. Había mucha incertidumbre al respecto: mientras subía el tipo de cambio en los últimos quince días a una tasa de 3% interdiaria, la tasa de interés para aplacar la suba o para orientar a los especuladores a la compra de activos en pesos tenía que ser del 1.000%”, explicó Kestelboim, y completó: “De esta forma le fijó un techo y hay mucha más certidumbre para hacer operaciones de tipo carry trade o bicicleta financiera, porque si vos sabés que el tipo de cambio va a ser ese (25 pesos) y no sigue subiendo en el cortísimo plazo, los operadores se van a inclinar a comprar las Lebac”.

D’Attellis, por su parte, manifestó que “el gobierno decidió agravar cada uno de los problemas que tenía: si la bicicleta financiera es uno de los grandes problemas que nos trajeron hasta acá, hoy responden con más bicicleta; si uno de los problemas que nos condujo hasta acá fue el excesivo endeudamiento, el gobierno responde con más deuda recurriendo al Fondo Monetario Internacional”.

“El debate que estamos teniendo hoy es si explota mañana esto o si logran contenerlo mañana con todas estas medidas desesperadas y explota en dos semanas, en tres o en un mes”, añadió.

“En esa desesperación por renovar el stock de Lebac, el BCRA hoy saca una normativa que relaja el tema del encaje que, para que se entienda, es lo que está dando resguardo a nuestros depósitos en los bancos”, continuó el economista, y advirtió: “Si vos relajás el encaje y obligás a los bancos a que lo usen mañana para comprar Lebac, el tema es que estás metiendo a los bancos en un instrumento que al final del camino es explosivo”.

Sobre este punto, D’Attellis destacó que la insostenibilidad del esquema de Lebac va a obligar en algún momento al gobierno a realizar un canje por bonos a largo plazo para descomprimir el peso de esas letras, y cuando eso suceda “los bancos van hacia un corralito, porque esa guita de los encajes son nuestros depósitos”. “Están jugando con fuego sólo con la intención de postergar el problema”, resumió.

¿Por qué el lunes y no antes?

La oferta de 5 mil millones de dólares con un tipo de cambio a 25 pesos que realizó el lunes el Central para fijar el techo de la cotización de la moneda y lograr aplacar la incertidumbre en el mercado cambiario necesariamente obliga a preguntarse por qué, si están conformes con un dólar a 25 pesos, no hicieron esa maniobra antes en lugar de dilapidar miles de millones de reservas para sostener el precio de la divisa.

En este punto, Mariano Kestelboim sostiene dos hipótesis: “La primera es que el BCRA tuvo complicidad con algunos grupos financieros para que pudieran acceder a una cotización más baja para realizar sus ganancias especulativas”, ya que, por ejemplo, cuando comenzó la corrida, la banca JP Morgan accedió a alrededor de 1.400 millones de dólares a un precio mayorista cercano a los 20,20 pesos gracias a las millonarias intervenciones del BCRA para mantener el precio de la divisa a tiro.

“La otra hipótesis es que el BCRA decidió que la suba del dólar hasta los 25 pesos sea escalonada para evitar un pánico aún mayor al que vimos en estas semanas”, agregó. D’Attellis, en este caso, fue tajante: “Estamos frente a un saqueo. Cuando todo esto arranca, el primero que se va es JP Morgan, que se lleva 1.400 palos a lo largo de dos días con el dólar a 20 mangos. La respuesta es que les dieron salida a los amigos, se la están llevando ellos”.

¿Hay vida después del “súper martes”?

“Mañana en el mejor de lo casos, aún logrando que renueven 90%, va a ser un día tenso. Ahora, el problema es qué pasa el miércoles, qué pasa el jueves, qué pasa el viernes. No solucionaste nada, ni hablar de las consecuencias de tener un dólar a 25 pesos y tasas por las nubes en la economía real”, dijo D’Attellis sobre lo que puede pasar luego del acontecimiento que se robó todas las miradas en estas semanas.

Es que, además del megavencimiento del martes, en junio vuelve a vencer otro tanto de Lebac. Con un agravante: cuando comenzó la corrida, a finales de abril, muchos especialistas señalaron como responsable al leve movimiento que tuvo la tasa de interés de bonos a diez años de Estados Unidos, que generó la salida de capitales de los mercados emergentes. Ese movimiento fue mínimo pero, para peor, trascendió en el Tesoro norteamericano, “tocaría” la tasa recién en junio.

“Cuando todo esto arranca, el primero que se va es JP Morgan, que se lleva 1.400 palos a lo largo de dos días con el dólar a 20 mangos. La respuesta es que les dieron salida a los amigos, se la están llevando ellos”

“Esto se puede repetir en junio, pero de acá a junio andá a saber cómo llegamos, porque antes va a haber más problemas. Hablar de acá a un mes es como discutir si existe el infinito. Hoy hablaba con un hombre de finanzas de la city y le decía que lo de los encajes puede comprometer los depósitos, y él me contestó: ‘El problema es que vos estás pensando de acá a dos semanas, y lo que hay que hacer es pensar de hoy a mañana’”, dijo D’Attellis.

Kestelboim, por su parte, analizó que se puede repetir un escenario similar al de hoy, aunque “con menos virulencia”. “Argentina va a seguir siendo deficitaria estructuralmente y por motivos especulativos –en la medida en que el gobierno no concluya su acuerdo con el FMI y no acceda a nuevo financiamiento– queda una señal de fragilidad muy importante y puede que veamos una corrida de estas características”, concluyó el economista.