La Habana, capital de la República de Cuba, se transformó nuevamente en sede de los diálogos de paz entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos. La ciudad caribeña ya había sido escogida como punto de encuentro para las negociaciones entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el gobierno colombiano. En esta ocasión, tras la decisión del gobierno ecuatoriano de Lenín Moreno de abandonar su rol en ese proceso de negociación, La Habana volvió a convertirse en un punto central para construir el camino hacia la paz de Colombia.

En 2014, también allí, todos los países de la región (con la excepción de Estados Unidos y Canadá), durante la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), adhirieron al documento en que se declaró a América Latina como zona de paz. Luego de aquella trascendente declaración, la capital de Cuba se transformó en la sede de los diálogos entre las FARC-EP y el gobierno Colombiano. En la actualidad, mientras otros gobiernos de la región se dedican a fomentar la violencia y la desestabilización de pueblos hermanos para intentar transformarse en los alfiles de la política guerreristas de Washington, Cuba hace un nuevo aporte a la paz de la región.

Los diálogos entre el ELN y el gobierno de Colombia se estaban llevando a cabo en Quito, Ecuador, pero el 18 de abril el presidente Lenín Moreno anunció que su país ya no cumpliría un rol en ese proceso y hasta el jueves 9 de mayo la negociación quedó paralizada.

Al comenzar esta nueva etapa, el jefe de la delegación colombiana, Gustavo Bell, señaló que “este quinto ciclo de reuniones busca acordar un cese al fuego más robusto, que permita llegar a las elecciones en absoluta paz y ponga fin a secuestros, extorsiones, reclutamiento de niños y ataques a la infraestructura”.

Por su parte, el representante del equipo negociador de la ELN, Pablo Beltrán, aseguró que “el único camino viable para Colombia es que este diálogo salga adelante y así poder sacar la violencia de la política para poder avanzar en el proceso de paz”.

Si bien el proceso de construcción del acuerdo de paz entre las FARC-EP y el gobierno fue exitoso, su implementación no ha tenido la misma fortuna. Entre los puntos más criticables y preocupantes se encuentra la falta de cumplimiento por parte del gobierno de las garantías a los exguerrilleros para que puedan involucrarse en la vida política y social de Colombia

Luego de la firma del acuerdo, el asesinato de exmiembros de las FARC-EP se ha vuelto algo cotidiano y el arresto y posible deportación de uno de sus máximos referentes, Jesús Santrich, ha puesto un punto de quiebre en la confianza hacia lo pactado. En ese contexto, y con el fin de evitar que esos hechos se repitan con los militantes del ELN, Beltrán señaló: “Estos ataques, en vez de neutralizarse, se han convertido en un genocidio para la oposición”. “Si nos invitan a dejar las armas y se nos presenta un escenario como este, deben entender que no es mucha certeza la que nos espera”, concluyó el líder del ELN.

Colombia tiene una oportunidad para lograr la paz tan deseada por su pueblo después de décadas de enfrentamiento. Los diálogos en La Habana pueden ser la piedra fundamental para que se concrete definitivamente.