Por Ramiro García Morete
Foto: Jorge Caballero

Juani Saullo se mueve. Todo el tiempo. A lo largo de las doce barras, deslizándose su slide como quien patina sobre una pista de hielo y bourbon, sacudiendo viejos fantasmas hasta emborracharlos y hacerlos bailar. Se mueve y golpea sus botas contra el piso como un martillo o marca el pulso de un tren que un día, a mediados de los noventa, salió de una esquina de La Plata y llegó hasta alguna estación perdida a orillas del río Mississippi. Más que esquina, habrá sido una encrucijada, como suele ocurrir con cualquier historia de blues que se precie. Aún no tenía le rostro cubierto por una frondosa barba ni sus brazos trazados por infinitos tatuajes. Escuchaba Led Zeppelin, Hendrix y The Doors. Pero en ese cruce de caminos apareció su primo y a los dieciséis años el platense que animó La Casa del Blues en la última edición de Cosquín Rock accedió a un disco de Muddy Waters: Live in Chicago, 1979. Fue más que un click: “Me partió la cabeza y no pude dejar de escuchar blues”.

Si bien tocaría en distintos proyectos y estilos, en los últimos años el músico se arrojó de lleno a la raíz y supo ganarse un nombre dentro de un género donde algunos creen que ya está todo dicho. En cuarteto, a solas o con el dúo que incluye su llamativo dobro (guitarra resonador) y la washboard (tabla de lavar) de Joaquín Inza, Saullo va desde festivales de rock hasta ciclos de blues o restaurantes. Toma todo por igual, porque no puede dejar de moverse, al punto de sumar más de 150 shows sólo en los dos últimos años.

“En el blues encuentro un lugar donde poder expresarme sin estar pensando demasiado en lo que estoy haciendo”, explica. “Eso es producto de haber adoptado al blues como mi folclore y haber escuchado y hurgado en esa música hasta el punto en donde se volviera mía. Cuando agarro una guitarra, sin pensar, lo primero que me sale tocar es blues”.

Aunque desde el desconocimiento se pueda acotar el blues a tres tonos, como toda música folclórica encierra miles de posibilidades y estilos. “No me gusta quedarme en mi zona de confort, siempre estoy inquieto y aprendiendo de este genero y sus subgéneros”. Y menciona a Little Walter, Howlin’ Wolf, el blues de Chicago, el blues del Delta, T-Bone y el West Coast Blues, Country Blues, Hill Country Blues y el fingerpicking. Todo ello, de un modo más fluido que enciclopédico. Inclusive como un show hecho y derecho, que en ciertos pasajes concreta aquello de que el blues se toca tanto con las manos como con los pies: “Lo de tocar entre las mesas y sin amplificación salió de recrear también esos juke joint (bares super under a las afueras de las grandes ciudades) y mostrar otra faceta del blues. Y también, por supuesto, para mostrar y llevar el blues a lugares donde no lo hay y también generar espacios para los músicos donde no se acostumbra a tocar”.

Ese formato tradicional sabe, sin embargo, llamar la atención: “Llama muchísimo la atención el dobro, al igual que la washboard. Son instrumentos hechos esencialmente para tocar sin ningún tipo de amplificación. Entonces, la sensibilidad que se crea al igual que el sonido son de lo más sincero”.

A principios de este año, Saullo tuvo una oportunidad importante: participar del festival federal más convocante del rock argentino. “Cosquín fue una linda experiencia, la verdad que en los años que llevo tocando nunca me imaginé que un músico independiente llegara a esos escenarios. Eso es lo que más me sorprendió. Lo único que rescato de positivo de ese show es la masividad que podés lograr tocando ahí. Después, para mí, fue un show más. Hay que seguir trabajando y llevando nuestra música a todos los lugares posibles”.

Si bien es un género de origen norteamericano, nuestro país no sólo lo ha cultivado, sino que ha generado una impronta propia. Saullo no duda al respecto: “Claro que existe blues argentino. Fue logrado por muchas bandas y músicos (Manal, Pappo, etcétera). Los fundamentalistas a veces critican al blues argento, pero sólo hay que ponerse en el contexto de la época en que lo hacían y de la información que llegaba a Argentina, que era muy escasa”.

Dentro de las búsquedas de cada género, el blues suele tener algunos recursos poéticos recurrentes. “Trato de darle importancia a la lírica, aunque me cuesta muchísimo escribir, por eso lo hago en tercera persona siempre. Decir es importante, porque es la esencia del estilo: quejarse, contar que mi mujer me dejó, que el perro se fue o que el whisky se acabó, sólo contar algo, pero con el sentimiento que se merece”.

Con tres EP editados de manera independiente, Saullo confiesa que le encantaría “hacer un larga duración, pero la verdad es que se hace muy difícil costear un disco con todo lo que implica grabar, por ejemplo, doce canciones. Qui​zá el próximo paso sea ese. Este año es tocar el nuevo EP, y también estamos presentando un show nuevo más eléctrico, psicodélico, pero con la impronta del hill country blues”.

Juani Saullo y la Homeless se presenta hoy a la medianoche en Rey Lagarto Bar (45 e/ 8 y 9)