Por Ramiro García Morete

Era marzo de 2015 y Osvaldo Sudak estrenaba su película Alto bardo. No era en un cine, sino en Pura Vida. Sí, el llamado “templo del rock”, el aclamado CBGB platense, el lugar que trata a los músicos como músicos y como trabajadores, el único bar capaz de convocar centenas de personas para exigir su apertura si algún control municipal de turno se ensaña, porque lo que le hace ruido no es el rock sino la autogestión. Y ahí estaban las patrullas, interrumpiendo la celebración. Y ahí estaba Diego Cavanas, el dueño del local de diagonal 78, diciendo que no iba a dejar entrar a los oficiales. Y una escena que cambió la perspectiva de Sudak, arquitecto nacido en Dolores que sin embargo halló en el cine el lenguaje que expresara su pasión por el mundo y particularmente por el rock & roll. Desde 2014 registraba imágenes de algunas bandas amigas, pero esa escena que mezclaba angustia, épica y euforia hizo que, apoyado en la barra detrás del escenario, se revelara el próximo proyecto: Pura Vida merecía una película.

El templo del rock no es un documental, sino un “rockumental”, como le gusta definirlo a su director. Entre otras razones, porque cuenta con algunos elementos ficcionales y porque no pretende acaparar los inabarcables diez años del lugar. “El guión se va armando”, explica el Sudak. “Un material te lleva a otro y una entrevista te lleva a otra. Cuando lo arranqué pensaba en cuatro o cinco banda protagonistas y algunos personajes que iban a aportar anécdotas. Luego fui involucrándome con la gente. Diego me recomendó bandas y personas de la primera época, y a medida que iba a filmar una banda y veía una invitada que me interesaba, también la filmaba”. Y agrega: “Lo que buscaba era letras para que la peli se contara sola. Se sumaron bandas. También me salí de la idea de que fuera platense. Había de afuera de la ciudad e inclusive de otro país. Y también hay videos y fotos de archivo”.

“El templo del rock” no es un documental sino un “rockumental”, porque cuenta con algunos elementos ficcionales y porque no pretende acaparar los inabarcables diez años del lugar.

Un elemento incidente en la estética de El templo del rock es la cámara en mano: “Hay un lenguaje con la cámara en trípode que implica ubicarla, encuadrar, cosas que la cámara en mano no requiere porque siempre estás produciendo. Y el rock que transcurre tan vertiginosamente. No descarto la cámara en trípode para otra cosa. Pero para el rock me pierdo todo. El rock es medio sucio y desprolijo como idea. Y un poco la cámara en mano retoma eso”.

Sudak divide en tres los ejes que guían el rockumental: Pura Vida, Caio Armut (entrañable personaje de la ciudad que, como ocurre con Elvis, todos saben que está vivo) y el rock & roll. “Casi todos los entrevistado cubrieron esos tres aspectos. Pero todos desde diferentes aspectos. Han dicho cosas increíbles”, se entusiasma.

Respecto de su propia visión, “coincide con las de la bandas y todas las personas que militan el lugar, que lo sienten como su casa. Te da sonido, luces, la puerta y algunas birras. Para el que arranca y no tiene nombre. Y cualquiera va, pide un turno y se lo dan sin pedirle demo ni preguntar cuánta gente va a llevar. Es el semillero del rock & roll de La Plata”. Pero también cosecha elogios de gente consagrada o bandas foráneas. “Antes de tocar se impresionan: uh, qué chiquito. Pero luego flashean por el público. Porque son músicos o gente habitué. Y porque el escenario está cerca de la gente… y rodeado por ella. Eso como cineasta es una locación impresionante: que yo pueda estar al lado del músico, que en lugares más grandes no puedo estar. Y eso le pasa a la gente también. Creo que mientras siga siendo ese lugar chiquito, más allá de que derriben paredes para que entre más gente, va a seguir siendo único”.

El templo del rock se proyectará este viernes 11 y sábado 12 las 22 hs en Pasaje Dardo Rocha (50 e/ 6 y 7).