Por Ramiro García Morete

“Yo sé que no afino pipi cucú/ que canto ahí astilla pero tiene actitud/ A corazón pelado y con el espíritu/ sincero sin chamu, crudo y sin auto-tune”. Malajunta Malandro sabe que lo importante no es tener la voz más bonita sino tener qué decir. Y el Joven Sandro –otro alter ego de este inquieto artista cuyo nombre de pila es Ezequiel– tiene mucho que decir. De origen freestyler (Perroh), a pura jerga y carisma, cronista del gueto para el gueto, entendió el trap precisamente como trampa y sólo lo usó de trampolín, YouTube mediante y mucho trabajo. Porque el Mala –así lo llamaremos finalmente– de ahí viene y así se siente: un trabajador que, por supuesto, pelea por el derecho a la fiesta. En poco tiempo se convirtió en un fenómeno de culto en base a simples, mixtapes y letras que combinan picardía barrial con sensibilidad y algunos rasgos saludables que ciertos vicios del rap.

“No sé lo que es moda, pa. Yo soy tendencia”. Tras algunas apariciones en medios ajenos al universo hip hop, a fines de 2016 el Mala vivía cierta notoriedad e ironizaba sobre los amigos (y amigas) del campeón en “Ahora quieren pan”. Sin embargo, todo estaba empezando. “No me modificó ni me afectó en nada, ya que yo salgo a laburar, hacer mis shows y hacer lo que tengo que hacer. Obvio que este boom hizo que haya más trabajo, pero en lo personal sigo igual porque no ando en la movida ni en aparecer. Lo que vale es la música nada más. A mí no me interesa aparecer”.

Al cantante no le sorprende el suceso del trap: “Es una música bailable y urbana, era de saberse. Igual es porque está de moda, nada más”. Pero se encarga de aclarar: “Yo no soy trapero ni rapero. Eso te engloba en una cosa. Yo soy un cantante de barrio y según lo que tengo para contar elijo el ritmo que uso. Hice rap, trap blues, cumbia, bachata, doo woop, vaporwave, R&B, reggaeton, dancehall…”.

“La verdad que trato que rime bien la palabra y el quiebre de las palabras en los tempos”, explica. “Eso es algo que para mí es ley desde los principios.” La lírica que maneja presenta ciertos rasgos distintivos, en la forma y el contenido. Desde rimas consonantes bien cuidadas, jerga de barrio y ciertos rasgos de conciencia social más cerca de la empatía que de la moralina. “La jerga es algo natural. En mi casa, mis hermanos, mis viejos, todos hablan con jerga. Los chascarros están siempre. Es algo natural de mí ya. Y sí, en la calle nace todo el tiempo jerga nueva. Hasta tengo mi propia jerga. También muchas palabras a veces las usamos en otra significación con mis amigos todo el tiempo.”

“Vivan los pibes cabeza/ sobre todo los que piensan/ se enderezan cheto y salen de esa”. Además de una mirada conurbana de la violencia sin replicar la Thug Life californiana, las canciones del Mala suelen presentar una perspectiva interesante de la mujer o los vínculos amorosos. Más allá del dolor o la tristeza, siempre se trata de mujeres autónomas: “La guacha ya decidió y yo me quiero re matar porque no soy su dos […] te deseo bon voyage/ esto no pudo ser”.

“Yo te quiero pero ya decidiste y bueno, fue…” Más intuitivo que políticamente correcto, responde: “Trabajo desde mi respeto hacia las mujeres, ya que son lo más lindo que le puede pasar a un hombre”.

El 18 de mayo, Malajunta volverá a la ciudad de La Plata en Guajira (49 e/4 y 5), con Dakalachina como banda invitada y musicalización del Tito Del Águila (DJ Campeón). “Es algo hermoso, ya que es una ciudad con mucho amor hacia mis shows”, anticipa quien sigue presentando El amor no muere y vos te querés morir (2018).

“Mi rol es cantar para que a la gente le cause un buen sentimiento. Ese es mi trabajo y el don que Dios me dio. Estoy agradecido del trabajo que me tocó”, define, y por eso es que sus planes son más grandes que cualquier ranking: “Por ahora vivir todo, todos los días. Y ser mejor persona y cantante todo el tiempo, regalarle una casa a mi vieja y que mi equipo y yo vivamos de esto tan lindo que nos toco y tan bien nos hace”.