Un grupo de productores agropecuarios de La Plata y la región, asesorados por expertos de la Universidad local, desarrollan el proyecto “Manos de la Tierra” que consiste en la puesta en acción de una planta de alimentos procesados para la agricultura familiar.

Las instalaciones funcionan en Ciencias Veterinarias de la UNLP, y allí esta semana se fabricó la primera producción de dulce de tomate a pequeña escala. La iniciativa se inscribe en el marco de la estrecha vinculación que desde hace casi una década une a la Universidad con los productores familiares del cinturón hortícola local.

Desde 2011, a través de su Consejo Social, la UNLP acompaña y capacita a los pequeños agricultores para ayudarlos a mejorar sus procesos de producción y comercialización. Ahora, con la puesta en funcionamiento de la planta, se busca agregar valor en origen a las frutas y verduras cosechadas en las quintas, a través de la elaboración de dulces, salsas y conservas. La construcción de la nueva planta de alimentos se realizó a partir del financiamiento de Proyectos Especiales del Consejo Social, y puede llegar a beneficiar a más de doscientas familias de la región periurbana del Gran La Plata.

Cabe destacar que del proyecto participan docentes e investigadores de la UNLP. Así, los procesos de elaboración se realizan bajo el sistema de gestión de la inocuidad, implementado, monitoreado y verificado por la cátedra de Tecnología de los Alimentos de la Facultad. Además, las actividades también son coordinadas por la cátedra de Economía Agraria.

“Estos pequeños productores agropecuarios y agroindustriales están en muchos casos excluidos del sistema formal de créditos (bancos y financieras), y, por lo tanto, les resulta casi imposible animarse a la fabricación de alimentos para el mercado local. Además, deben afrontar grandes dificultades en el proceso de comercialización”, explicaron desde ese espacio.

“Estos pequeños productores agropecuarios y agroindustriales están en muchos casos excluidos del sistema formal de créditos. les resulta casi imposible animarse a la fabricación de alimentos para el mercado local”

La planta se construyó en un edificio en desuso donde funcionaba la vieja herrería de la Facultad de Veterinaria. Tiene unos cincuenta metros cuadrados divididos en dos pisos: en planta baja se encuentra la sala de elaboración de dulces y encurtidos, mientras que la planta alta está destinada a oficinas y depósitos.

Otro de los aspectos salientes de esta iniciativa es que el nuevo espacio se utilizará también como “planta piloto para la docencia”. De este modo, será posible hacer prácticas in situ con alumnos de grado; profesionales, con estudiantes de posgrado; y educación formal alternativa. Por otra parte, se aspira que la Sala de Elaborados funcione como un espacio de investigación-acción referido a la instalación y funcionamiento de un sistema de gestión de la inocuidad para el procesamiento de los alimentos, como así también realizar estudios para mejorar el desarrollo y la potencialidad de las tecnologías aplicadas.

En la zona de influencia de la UNLP predomina la horticultura como actividad primaria principal. El Cinturón Hortícola Platense constituye el área productiva más importante del Cinturón Verde Bonaerense, con el 46,15% de la superficie productiva total. El mismo abastece de hortalizas frescas a más del 70% de los habitantes del área metropolitana, comprendida por más de 13 millones de personas. En estas producciones predominan los pequeños y medianos productores, con trabajo principalmente familiar. Se estima que siete de cada diez productores florihortícolas son familiares.

En general, la mayoría de los productores tiene como única alternativa viable para la comercialización de la producción la intervención de intermediarios, que actúan de nexo entre la quinta y el mercado concentrador, con la consecuente merma en el ingreso percibido por el productor.

en la zona, la diferencia de precios entre el producto pagado en la unidad productiva y el que llega al consumidor es de entre el 100 y el 500%. Esta diferencia es captada por una gran cantidad de intermediarios.

De acuerdo con estudios, en la zona, la diferencia de precios entre el producto pagado en la unidad productiva y el que llega al consumidor es de entre el 100 y el 500%. Esta diferencia es captada por una gran cantidad de intermediarios presentes en la cadena hortícola. Frente a esta situación, los pequeños productores se ven obligados a vender a un intermediario que les paga a precios muy bajos. Las alternativas de diferenciación de la producción son escasas. Por lo tanto, el presente proyecto apunta a “visibilizar al sector de la agricultura familiar en el ámbito universitario, a la vez que mejorar la calidad de vida de las familias productoras involucradas”, indicaron desde el Rectorado.