Por Mariano Camún

Desde hace unos años, la dupla Mollo-Arnedo viene delineando (como a lo largo de su historia) una interesante manera de darle fortaleza a sus vidas en el mundo del rock y brindar con ella, como siempre lo hicieron, a través de buenas canciones.

Sus ideas siempre fueron innovadoras y en este nuevo contexto, donde lo digital marca tendencia, ellos no se quedaron en ser los “nenes de antes” y decidieron grabar y reeditar toda su discografía, de principio a fin, comenzando por su debut, allá por 1988, con 40 dibujos ahí en el piso, disco que les abrió un nuevo camino, poco tiempo después de la muerte de Luca Prodan y la marca de por vida que les dejó SUMO.

La idea de recuperar todos los discos (menos Amapola del 66, editado en 2010, que pertenece exclusivamente a su sello La Calandria) se dio fundamentalmente porque las obras pertenecen a distintas discográficas, por lo que decidieron celebrar los treinta años grabando todo de nuevo, apoderándose definitivamente de su obra y siendo los guardianes de su música. Como si fuera un aviso, el estribillo de la canción “Amapola del 66”: “No es redención, es reedición. Ponte de pie, hombre ilusión”.

El cantante explicó en una entrevista al programa radial “Rock Salta” que lo hacían porque querían recuperar los derechos fonográficos del centenar de canciones editadas oportunamente por los sellos CBS, BMG (hoy fusionados en Sony Music), Interdisc, PolyGram y EMI (integrados a Universal). “Llegó el momento legal en el que todo eso vuelve a casa y nos damos el gusto de grabarlo de nuevo”, aseveró Ricardo Mollo.

El trío del oeste decidió dar a conocer su primer adelanto. “Caballos de la noche”, la nueva versión con letra de “La foca”, el tema instrumental con el que terminaba su primer álbum (que no se sabe si mantendrá el mismo nombre por cuestiones legales).

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Aquel primer material que fue grabado con la herida de la muerte de Luca y un destino incierto los lleva a meter mano en una etapa donde nada hacía saber del mundo digital que se acercaba. Por eso, todo este nuevo proceso los involucra en entender cómo redescubrir su material en la nueva era virtual y sus plataformas digitales, visibilizando una problemática de autores y compositores que lleva a repensar y discutir la nueva forma de editar.

El presidente del Instituto Nacional de la Música (Inamu), Diego Boris, había confirmado que ya varios artistas de nuestro país, como del resto del mundo, buscaron recuperar sus derechos fonográficos con esta idea que está llevando adelante Divididos. De esa forma, los músicos pueden hacer lo que quieran con sus canciones, ser dueños de las nuevas versiones y decidir sobre su vida en las plataformas digitales.

Ricardo Mollo y Diego Arnedo, junto al virtuoso y carismático baterista Catriel Ciavarella (quien tuvo y tiene el orgullo de grabar todas esas viejas nuevas canciones que ya escuchaba de niño), siguen marcando tendencia y originalidad en el tiempo, un aliando que llevan guardado en sus melodías que hace que perduren y sean disfrutadas por todas las generaciones del rock argento.

Este sábado, la ciudad de La Plata tiene la llave para ingresar al mundo de Divididos en el mismísimo Microestadio de Atenas. Allí seguramente estará el agite.