La historia es harto conocida. En el crucial instante en el que Rodolfo Walsh escuchó aquello de “hay un fusilado que vive”, ya no pudo ser un escritor. O sólo un escritor. Como el poema de Pessoa en el cual los jugadores de ajedrez continúan la partida mientras Persia arde en guerra, el resto siguió pero para él cambiaría su vida y su visión del oficio. Quizá sea el ejemplo más emblemático del vínculo de la política con la escritura, pero no siempre se expresa de un modo tan manifiesto y reconocible. El mismo ejercicio de escribir conlleva decisiones, pero mucho más: trasluce un tiempo y un espacio, que inclusive en la ficción infiere un sentido político. Sobre esto -pero más y mejor- se disertará en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires a través de “Toda escritura es política: Walsh, Soriano y la actualidad”, charla que contará con la participación de Marina Arias, Silvana Casali y Franco Dall’Oste (docentes del Laboratorio Creativo de Escritura de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la UNLP), y la moderación de Walter Fröhlich Alegre. La cita es este viernes a la 19 hs en el Pabellón Azul, stand 431 del Centro Cultural de la Cooperación.

“Creemos que toda escritura es política en primer término por el acto performático: se trata de crear”, introduce Marina Arias, escritora. “Pero también porque cualquier texto tiene un tramado que, aunque no sea explicito, expresa una idea sobre el individuo y sobre el poder. Creemos que hay sentidos que no se traman en otros dispositivos, como por ejemplo el periodismo, porque en la literatura se filtran rastros de una memoria colectiva. No es consciente, sino todo lo contrario. Una memoria que compartimos todos imposible de enunciar en otro tipo de género”.

Arias considera que la literatura permite aproximaciones más certeras a algunos lugares que quizá ni el periodismo logra. Entiende que es parte del arte trascender el hecho concreto y extraer un sentido posterior. Pero “lo que me preocupa respecto de lo trascendental del hecho artístico es que suele vincularse con algo metafísico, universal, atemporal. Y yo pienso la creación artística anclada en un sujeto histórico”. Balzac escribió sobre La Comedia Humana: “Mi obra tiene una geografía, como tiene una genealogía, con familias, lugares y objetos, personas y hechos; como tiene un blasón, nobles y burgueses, artesanos y campesinos, políticos y petimetres, un ejército; en resumen, un mundo”. Y ese mundo, inclusive en la ficción, acaba siendo real.

“Más allá de que hay una dimensión política en todo texto, hay textos que tematizan lo político”, focaliza Arias. “Desde algunos círculos suele desestimarse a los que se hacen cargo en su temática de lo político, buscando decir lo que la política en sí no dice”. Y ejemplifica con el caso de Soriano, considerando que el hecho de subestimar a un escritor exitoso y politizado implica una postura.

Walsh y Soriano serán disparadores para incluir otros nombres y discutir, como expresa Casali, “la tensión que se da en el mundo de los intelectuales si ser escritores burgueses y pegarla con una gran novela de las bellas artes y literatura con mayúsculas, o intelectuales más orgánicos en el sentido gramsciano y comprometerse con lo que pasa en la sociedad. Si se pueden hacer las dos cosas a la vez… Y si lo político está solo en lo temático o en las formas literarias”.

Silvana Casali está trabajando en representaciones políticas e imaginarios sociales en la literatura durante el período kirchnerista. “Creo que ya está saldada la discusión de que la realidad política definitivamente condiciona lo que es el espacio literario, porque no existe ese espacio autónomo. Lo que Walsh llama trampa cultural, que es creer que el arte pueda estar por encima de los conflictos sociales. Partiendo de esa base, es que durante el kirchnerismo la literatura puede distanciarse un poco de lo que venía siendo la literatura de testimonio. La hipótesis es que al darse durante el kirchnerismo un proceso de verdad, memoria y justicia, permitió que la literatura se despegara de ese registro testimonial y pudiera crear ficciones más delirantes o con otro sentido político. Donde lo político se viera en los temas y no en las formas literarias”. Y ejemplifica: “Es evidente lo que pasó con la literatura de H.I.J.O.S… Felix Bruzzone, Mariana Eva Pérez, Ángela Urondo Raboy. Literatura que viene a hablar de otra forma de lo que pasó. Los que fueron testigos pero que no vivieron lo que paso sino que tratan de reponer esa verdad a través de la ficción. Pero no intentan ser verdaderos sino verosímiles, entonces no cuentan lo que pasó sino lo que les pasó”.

Casali concluye: “La escritura es política en tanto uno está dispuesto a pensar en el acto. En el acto escriturario hay algo medio mágico, que pasa cuando uno está escribiendo y tiene que ver con la capacidad del intelectual que de verdad está dispuesto a cuestionar todas sus creencias: políticas partidarias, de religión, de clase, de género. La escritura obliga a uno a interpelarse permanentemente”.