En una nueva jornada de cotización en alza del dólar, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) volvió a intervenir en el mercado de cambios para evitar la disparada de la divisa que, a pesar del esfuerzo de la entidad, cerró el día con una suba de casi treinta centavos, alcanzando los $20,83. También subió el mayorista, que pasó de 20,25 a 20,55.

Desde la eliminación de los controles cambiarios (el denominado cepo) aplicado por la anterior Administración, el organismo que conduce Federico Sturzenegger sostiene que en el país existe un “tipo de cambio flotante”. En criollo, podría decirse que esa “levitación” significa que el precio depende exclusivamente del “mercado”, pero desde hace tiempo la autoridad monetaria ha olvidado sus premisas y ha intervenido desprendiéndose de reservas para evitar una suba en la cotización. Una de las más fuertes intervenciones que había realizado fue en los días previos a las elecciones del año pasado, aunque este mes llegó al récord de venta para un solo día en los últimos quince años: 1.500 millones de dólares sólo el miércoles.

En concreto: abril se comió más de 3.300 millones de dólares de reservas, que, sumados a los desprendimientos desde comienzo año, suman más de 5 mil millones. Esa masa de dinero representa casi el 10% de las reservas internacionales del BCRA, que al cierre de la jornada del jueves totalizaron 58.402 millones, y equivalen al 55% de la monstruosa deuda que emitió Luis Caputo en enero por 9 mil millones para anticiparse a la suba de tasas norteamericanas que encarecería el crédito.

Pájaro que comió, voló

Desde el comienzo de la gestión de Cambiemos, la política monetaria del Central ha estado dirigida a cumplir con la más importante promesa que hizo Mauricio Macri de bajar la inflación a un dígito para 2019. A pesar del fracaso, no se pueden negar los esfuerzos que emprendió Sturzenegger para cumplir con semejante empresa.

Las jugosas tasas de interés dispuestas por la máxima autoridad monetaria fueron los instrumentos con los que pretendió “aspirar” los pesos que circulan en el mercado interno para enfriar la economía y lograr que los precios bajen.

Conocido también como “bicicleta financiera”, el dispositivo que activó el equipo económico de Mauricio Macri promovió la llegada de capitales especulativos, denominados “golondrina”, que llegaron para revalorizar sus dólares aprovechando los intereses que pagaban las Letras del Banco Central (Lebacs).

Pero, como dice el dicho, “pájaro que comió, voló”. La suba de la tasa de interés para los bonos de diez años de Estados Unidos, acompañada por la entrada en vigencia del cobro de impuesto a las ganancias para los inversores extranjeros que tomaran Lebacs decidida en la reforma tributaria que se votó en diciembre pasado, espantaron a las golondrinas, que volaron a cielos más tranquilos.

La tasa del Tesoro norteamericano pasó el miércoles al 3%, lo que generó desequilibrios en la mayoría de las monedas de la región y el mundo.

A pesar de las culpas que desde varios sectores cargaron sobre el gravamen que se estableció a la renta financiera que generan esos instrumentos, con operaciones de carry trade (como suele llamarse de forma elegante a la bicicleta financiera) es esperable que ante la menor turbulencia o señal de relajo en las tasas, estos “inversores” cambien sus Lebacs por pesos, se dolaricen y vuelvan hacia mercados más fuertes y rentables, sin necesidad de sentirse empujados por un impuesto.

Luego de conocerse los datos del cierre del día, el BCRA publicó un artículo en su blog “Ideas de Peso”, en el que intentó calmar las aguas. Allí sostiene que, “así como la compra de reservas no implica una trayectoria insostenible de los pasivos, la venta de las mismas no representa una dilapidación de los activos”.