Por Paloma Sánchez y Marianela García

Bienvenidos terrícolas. Nos encontramos en una nueva era aquí en el planeta de los simios. La humanidad ha evolucionado: puede prescindir de sí misma. La tecnología puede hacerlo todo, incluso gobernar.  

A veces parece, pero no estamos en otro planeta. En la misma Argentina que aprobó el Matrimonio Igualitario, la Ley de Educación Sexual Integral y la de Identidad de Género, y del movimiento Ni Una Menos, escuchamos los dichos del gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, en el marco del debate acerca de la despenalización y legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, tema que comenzó a discutirse el martes pasado en el Congreso de la Nación.

En el piso del programa DDM que conduce Mariana Fabbiani por Canal 13, el mandatario provincial dijo: “Hace poco lanzamos un programa con un Ministerio de Primera Infancia, una creación que hicimos ahí, lo que significa la prevención del embarazo adolescente utilizando inteligencia artificial con una reconocidísima empresa de software del mundo con la que estamos haciendo un plan piloto”. Y continuó: “Vos podés hoy, con la tecnología que tenés, prever cinco o seis años antes, con nombre, apellido y domicilio, cuál es una niña, futura adolescente, que está en un 86% predestinada a tener embarazo adolescente”.

Más allá de las repercusiones cómicas que tuvieron estas declaraciones en las redes sociales y los medios, intentaremos en estas líneas desentramar sus implicancias.

En primer lugar, nadie ni nada puede predecir un embarazo, mucho menos con años de anticipación. Los factores sociales y subjetivos que intervienen en este estado son tantos y tan complejos que cualquier enumeración o intento de descripción sería escueta o limitada. Ni siquiera las mismas mujeres podrían decir a ciencia cierta si van a quedar o no embarazadas, más allá de sus propios deseos.

Teniendo en cuenta que la inteligencia artificial es la capacidad de una máquina para realizar determinadas operaciones propias de la inteligencia humana, los alcances que el gobernador le otorga son, a priori, imposibles.

Las tecnologías pueden definirse como hechos sociales producidos en contextos históricos determinados. Es decir que son generadas por las comunidades y repercuten en ellas. No son mágicas ni asépticas. Responden a lo que los sujetos quieren que hagan. Aunque a la mayoría de la población una aplicación de teléfono o computadora puede parecerle una dimensión desconocida e inexplicable, lo cierto es que detrás de cada desarrollo hay personas. Personas que con determinados conocimientos técnicos configuran y deciden qué incluir y qué no, cómo filtrar y cómo presentar determinada información, funcionalidades y/o estéticas.

Al igual que sus aliados funcionarios de Cambiemos, el mandatario provincial postula un exagerado optimismo tecnológico, en el que las tecnologías funcionarían como salvadoras de la sociedad y su educación, facilitadoras de trámites, trabajos y comunicaciones, pero desconoce, o prefiere obviar, las desigualdades materiales y simbólicas de la sociedad a la hora de apropiarse de ellas.

Claro que existen disciplinas sociales que pueden anticipar cuáles son las poblaciones expuestas a los riesgos de un embarazo no deseado, pero de ninguna manera podrían individualizar dichos hallazgos.

Afirmar que hay determinadas adolescentes predestinadas a ser madres es una clara forma de discriminación, que desconoce las complejidades sociales y culturales incalculables en las que se desarrollan las adolescentes. En sus dichos parece esconderse un prejuicio clasista repudiable, que además muestra un preocupante desconocimiento sobre el tema.

Por otra parte, cabe plantear la pregunta: ¿para quién y cuándo es un problema el embarazo adolescente? 

Pese al sentido común, reforzado por discursos como el de Urtubey, el embarazo adolescente no es el motivo de abandono escolar o la puerta de acceso a la pobreza, siendo un condicionante clave al momento de la inserción laboral. Una investigación realizada por la socióloga e investigadora Mónica Gogna demuestra que estas condiciones sociales y económicas que se le adjudican al embarazo adolescente están presentes previo al embarazo y tienen que ver con la ausencia del Estado para garantizar derechos básicos y con el reconocimiento de un proyecto de vida en el que prepondera la idea de ser madre por sobre otras cosas. Dejar de culpar al embarazo adolescente de estos males implicaría señalar la responsabilidad de los gobiernos ante un mapa de desempleo cada vez más preocupante y el aumento de la pobreza. En contextos de extrema vulnerabilidad social, el único proyecto vital para muchas mujeres de sectores populares es la maternidad.  

El embarazo adolescente es un problema cuando no es deseado; cuando las adolescentes que mantienen relaciones sexuales no tienen espacios para informarse y reflexionar sobre su salud, los métodos anticonceptivos y el sexo como forma de placer. La aplicación efectiva de la Ley de Educación Sexual Integral sería un gran paso en este sentido, que ni el gobierno de Salta ni el nacional garantizan.

Tampoco los casos de abuso y de violencia de género parecen ser una preocupación real del Estado, que cada vez recorta más recursos para intervenir en este tipo de problemáticas, pese a que las cifras aumentan de forma escandalosa.

El embarazo adolescente es un problema cuando se debe a la falta de acceso a métodos anticonceptivos porque, pese a lo establecido por ley, los centros de salud le niegan este derecho a las adolescentes. Diferentes prejuicios pesan sobre esta población, muchos profesionales de la salud aún piensan que deben ir acompañadas por mayores de edad, que la anticoncepción hormonal de emergencia es un método abortivo y que facilitar estos métodos a las adolescentes es equiparable a promover su promiscuidad. 

Urtubey, lo estafaron. O, mejor dicho, usted está estafando a la provincia de Salta, junto con la “reconocidísima” empresa de software. ¿O será que usted es el que está mal programado?