Por Ramiro García Morete

“Porque no tengo ni nombre/ porque mi barco va a la deriva/ prefiero ser un mutante/ que una estatua toda la vida”. Chiodi se llama Guillermo, pero es “el Turco”. Desde la adolescencia rockera hasta su actualidad de solvente cantor, pasando por el pop alternativo de La Especie o el rock folclórico de Fakón, este artista azuleño nunca dejó de moverse. No sólo yendo desde el corazón de la provincia hasta la capital, sino probando estilos, estéticas y sonidos sin perder, sin embargo, una impronta inconfundible que lo sitúa en la extraña categoría –en una más de sus dualidades– de artista popular de culto. Su voz clara y delicada, pero aguerrida e intensa por momentos, y una facilidad notable para construir melodías adheribles han permitido que, al margen del caprichoso giro del mainstream (una canción de Fakón supo ser cortina de una tira de Canal 13), Chiodi nunca haya dejado de tocar y de combinar el respeto de pares y la lealtad de seguidores. Por eso no es una estatua, pero si las crónicas musicales no se escribieran en frías redacciones o notebooks melómanos enciclopédicos sino en pensiones, centros de estudiantes, departamentos pequeños o sobremesas de asado, Chiodi sería un nombre ineludible del rock bonaerense.

Respecto de su nueva formación, el músico comenta: “Ha surgido un viraje. En principio, a fines del año pasado pensaba en armar un disco íntimo, solo, con algunas cosas, poca instrumentación. Pero me fui enamorando de la banda. Hay una química muy fuerte entre los integrantes y eso hizo que cambiara de idea. Nos hizo pensar un nuevo material, pero que no será un disco sino canciones que iremos lanzando a manera de singles. Y llegar a fin de año con varias canciones subidas a las plataformas digitales y con videos en YouTube. Al formato disco lo veo caduco, como una cosa del pasado”. Y bromea, nunca ajeno a lo que suena en la radio, con un hit de la década pasada: “Beso en la boca es cosa del pasado”.

“Estamos volviendo a cantar ‘Traicionero’, una canción de los noventa en argentina, que nos parece que fue escrita hace quince días”

En busca de la canción perfecta y genuina sin desestimar el hit, Chiodi transita históricamente la ambivalencia, a veces más airoso y otras como una contra. “La inercia pueblerina, la fiebre capitalina”, enumeraba una canción del disco Mutante. “Es verdad. Me siento en el pueblo como un petardo, a mil, no paro haciendo mil cosas. Es mi manera, lo disfruto así. A su vez, la vida capitalina me resulta demasiado agobiante. Me gusta ser un pueblerino hiperactivo.” Y eso queda claro respecto del entusiasmo con el que se mantiene: “Nunca lo he perdido. Estoy en los escenarios desde hace mucho tiempo. Se ha ido profesionalizando en algunos aspectos, pero el fuego y las ganas de tocar nunca los pierdo, gracias a Dios. Me parece que es la clave para seguir adelante”. Por eso asegura que sigue “enamorado de todas las canciones que estamos tocando en vivo con la banda y que atraviesan todo mi historial. Temas de Fakón o de mis discos Maratón, Amorío y Mutante.”

“es un cliché lo de la inocencia, pero está bueno también estar en contacto con un terreno virgen y fértil donde uno puede dejar algo positivo, que es la puerta para que la vida de esos chicos sea mininamente mejor. Estoy muy agradecido al rol docente”

Chiodi ha hecho de la música su techo y su comida, ya que a su carrera le ha sumado la docencia musical, trabajando en escuelas de la zona centro de la provincia. “La docencia me ha emprolijado en algunos aspectos personales y también me parece que baja un poco del caballo al artista. Los artistas muchas veces podemos estar en un limbo de creérnosla en algún punto por estar rodeados de gente que nos dice cosas maravillosas. Eso está muy bien, porque un artista tiene que tener amor propio para poder mostrar sus canciones en un escenario. Pero a la vez la docencia te baja un plano más terrenal. Y también está el contacto con los niños y los adolescentes, que tienen otra forma de ver el mundo. Yo sé que es un cliché lo de la inocencia, pero está bueno también estar en contacto con un terreno virgen y fértil donde uno puede dejar algo positivo, que es la puerta para que la vida de esos chicos sea míninamente mejor. Estoy muy agradecido al rol docente”.

“Vamos a gritarle traicionero/ al que engaña al pueblo entero/ no lo vamos a olvidar”. En pleno menemato, algunas de las canciones de Facón apuntaban directo a las políticas imperantes. Chiodi evalúa cómo canciones propias y ajenas de contenido social “vuelven a tener una vigencia inusitada. Yo no sospechaba que volveríamos a vivir un momento en el que estas canciones cobraran tanto protagonismo. Pero bueno… así me parece que son los gobiernos de derecha o neoliberales, que generan que uno necesite expresarse y diga las cosas que no pueden o no quieren decirle los medios masivos. Uno tiene una manera de pensar que sostuvo toda su vida, y también con su canto expresa la voz de muchísima gente que quiere decir lo que estamos diciendo. Estamos volviendo a cantar ‘Traicionero’, una canción de los noventa en Argentina que nos parece que fue escrita hace quince días”.

Chiodi y Lavanda se presenta este viernes a las 21 hs junto a los Valses en el centro cultural Estación Provincial, calle 17 y 71, en La Plata.