Por Candela Luquet

Corría el año 2012 y hacía poco que se había producido el golpe de Estado en Paraguay, hecho que conmovió a la periodista y realizadora audiovisual Manuela Irianni. Durante una noche de desvelo, googleó el nombre de todos los presidentes argentinos y le llamó la atención que los inconstitucionales estaban en un color distinto, clarito y muy suave. Cuando leyó la lista se dio cuenta de que a algunos no los conocía. Entonces pensó que quizás a mucha gente le pasaba lo mismo, y que eso era muy peligroso. Así fue como nació la idea de hacer De Facto, que luego se materializó gracias a la participación de diferentes instituciones, entre ellas el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), la Red Nacional de Audiovisual Universitaria, Mundo U, la UNICEN y la Universidad de Río Negro.

Fue estrenada el 16 de marzo en el auditorio Alicia “Licha” Zubasnabar De La Cuadra, de la Casa por la Identidad, Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA), y contó con la presencia de José Luis Bernetti y Eduardo Jozami. “Fue super fuerte y emotivo presentar De Facto ahí. Ir a esos espacios a contar esas historias nos pone en el lugar en el que queremos estar, que es reconstruyendo la vida”, cuenta Manuela Irianni. Actualmente se puede ver online en eldestapeweb.com, en la página oficial de Abuelas de Plaza de Mayo y en las plataformas audiovisuales de todas las universidades del país.

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El primer capítulo inicia así: “Hasta 1930 no existían los gobiernos de facto en la Argentina. Ese año las Fuerzas Armadas derrocaron al presidente Irigoyen y tomaron el poder por la fuerza. La Corte Suprema de Justicia de la Nación reconoció este régimen y le inventó un nombre: lo llamó ‘gobierno de facto’”. La serie profundiza los conceptos de democracia y golpe de Estado y ahonda en las situaciones previas a cada presidencia inconstitucional, con el objetivo de visibilizar el impacto y las consecuencias que han tenido los diferentes procesos dictatoriales en nuestro país.

De Facto visibiliza las particularidades de cada presidente golpista. En el primer capítulo, por ejemplo, Gabriel Di Meglio señala, como característica distintiva, que el “el primer golpe de Estado rompía con una larga época de institucionalidad. Más allá de que en Argentina, antes de 1916, había un sistema de gobierno controlado por un grupo pequeño, y que por momentos se aplicaba el fraude, nunca había un quiebre de la legalidad”. Verbitsky plantea que “todos los golpes exitosos han tenido como derivación, como salida, una restauración política sobre bases liberales, menos el golpe del 43, cuya salida es el surgimiento del movimiento popular liderado por Perón”.

Otra de las cuestiones que se problematizan a lo largo de la serie es la complicidad y la participación en estos procesos inconstitucionales de actores como la Iglesia católica y los medios hegemónicos. Para explicitar esta última cuestión, la directora incluyó como material de archivo titulares de distintos periódicos que construyeron los hechos según los intereses que tenían las empresas mediáticas.

En cada capítulo hay entrevistadxs que analizan las condiciones en las que se produjo cada golpe. Entre ellos se encuentran José Pablo Feinmann, Eugenio Raúl Zaffaroni, Horacio Verbitsky, Gabriel Di Meglio, Fernando Devoto, Alejandro Cattaruzza, Eduardo Anguita, Isidoro Gilbert, Jorge Luis Bernetti, Atilio Boron, Eduardo Jozami, Stella Calloni y Eduardo Aliverti. “Para mí son personas que tienen un saber muy valioso, y entrevistarlas, hacer ese registro y compartir ese testimonio me parecía que era un aporte real, trascendente”, afirma Manuela.

En relación con la propuesta estética, la incorporación de ilustraciones de Pablo Bernasconi acompañando a las imágenes de archivo convierten De Facto en un producto fuerte en contenido pero también en belleza. “En De Facto hay una clara intención de construir desde la belleza. Porque es una herramienta política, profundamente potente, y desde ella podemos lograr cosas impresionantes ”, afirma Manuela Irianni. Dibujos como el mapa de la República Argentina envuelto en una mecha encendida sostenida por el dictador Galtieri, o la imagen del sillón presidencial con botas militares, hacen de esta a serie una producción apta para adolescentes, jóvenes y adultos.

En un contexto en el que la derecha resurge en todo el continente latinoamericano –con el apoyo de la Justicia, los grupos económicos internacionales y los medios de comunicación hegemónicos–, De Facto se convierte en una serie clave no sólo para recordar los nombres de presidentes golpistas, sino para analizar nuestro presente, refrescar la memoria y no permitir que esos procesos antidemocráticos vuelvan a gestarse.