Por Ramiro García Morete

-Tenemos que pasar una película de zombies en el cementerio.

El resto fueron risas. Como muchas de las buenas historias, comienza con un clima apacible e ingenuo. Agustín Vazzano (Cine caminante) junto a Roberto Astami, Yesica Siscar y Tamara Camparo (Videodromo) habían fusionado sus ciclos cinéfilos proyectando Submarino amarillo en el Pasaje Dardo Rocha y fantaseaban con redoblar la apuesta. “Era demasiado para esta gestión. El cementerio platense tiene un sector hermoso donde además ya no hay deudos, porque los muertos son de la línea fundadora de la ciudad. Pero todavía subsiste esa carga sagrada y conservadora de la muerte”, cuenta Vazzano. Para este técnico electromecánico que un día se enamoró tanto del cine que compró los equipos para hacer proyecciones itinerantes, la magia de la narrativa trasciende cualquier mandato.

Inspirado por Kubrik, quien cuestionaba que el cine es de los pocos consumos que el espectador se limita a practicar una vez (nadie dice “no voy a escuchar nuevamente ese disco”, pero sí “esa película ya la vi”), los dos entusiastas continuaron con el propósito de aunar el séptimo arte con espacios no convencionales (como la terraza de Lucamba). Y los jardines exteriores –“un bosquecito inquietante”– del Planetario de La Plata resultaron ser el contexto ideal para proyectar una película vital de la cultura pop: La noche de los muertos vivos, de George Romero.

Este filme de 1968 combina la figura proveniente del culto vudú y ciertas líneas argumentales de Soy leyenda, de Richard Matheson, para fundar lo que se instalaría masivamente como el imaginario zombie. La cita es hoy a las 19 hs (puntual) en Av. Iraola y 118, Paseo del Bosque.

Amanecer de los muertos

En medio de revueltas, lucha por los derechos civiles, Vietnam y las Panteras Negras, un pequeño grupo de realizadores norteamericanos rodaría este filme de bajo presupuesto que, como cuenta Vazzano, es claro ejemplo “de todas las imposibilidad de los realizadores”. “Eran un grupito muy chiquito de amigos y desconocidos. Técnicamente hay un solo actor. Ellos eran una pequeña productora que hacía publicidades o documentales. E hicieron este filme con el propósito de ganar dinero. Pero un error técnico a la hora de los registros hizo que las ganancias sólo quedaran para los cines”, explica. Así fue que se proyectó y divulgó por todas la salas norteamericanas sin que ganaran mucho más que reconocimiento de culto. Desde el cine clase B y los comics, hasta las series actuales (Walking dead, por ejemplo), la temática zombie pasó a ser un subgénero fascinante y sumamente alegórico.

La mitad oscura

Las situaciones se repiten generalmente en ciudades caóticas y acéfalas. Como una suerte de western del apocalipsis donde no hay más gobierno que el desconcierto, todo el mundo en este mundo –que asiste a su propio fin– se convierte en una amenaza. Un leve mordisco puede transformarte en uno de esos zombies que vienen por tu cerebro. No se puede confiar en nadie, rifle en mano y corazón blindado: muchos de esos monstruos insomnes que deambulan por calles desiertas pueden haber sido hasta ayer tus amigos, tus padres, tus compañeros. Pero hoy sólo son un pedazo de escoria mutante, muertos caminantes.

Los que quedan indemnes son unos pocos, pulcros y heroicos, que se alzan como si fueran la última reserva moral y pura de la esencia humana. En una ciudad sin leyes, son la ley. Cualquier similitud con la actualidad es mera coincidencia.

“Los norteamericanos suelen hacer metáforas bastante evidentes a veces”, considera Vazzano. “No es este el caso. Por un lado se puede plantear a los zombies como crítica a la sociedad de consumo. Pero el zombie tiene muchas implicancias filosóficas. Si hay un miedo profundo es el miedo a la muerte. El gran interrogante. Y algo a considerar es el cuerpo. A diferencia del fantasma (que sería otro muerto regresado), tiene un cuerpo y me puede atacar. Tiene esa ambivalencia. Está muerto, pero está vivo. Si me muerde, me agarra, puede llevarme con él. Instala una segunda capa que es el miedo interno. Porque hay un nosotros y un ellos, que son los indeseables, los peligrosos. Hay que matarlos sin preguntar”.

Vazzano continúa: “Nunca sabemos quiénes son ni quién han sido. Es terrible. Son tus vecinos o tus primos… Nos pone en un situación que me remite a Hobbes con aquello del ‘hombre, lobo del hombre’. Qué tan capaces somos de la abnegación. Porque también está la amenaza del que no es zombie, o sea, de los tuyos, cuando preferís salvarte vos y no convidar la única latita de comida que encontrás. La muerte no es la muerte, no hay instituciones… En fin, la naturaleza humana frente al miedo absoluto”.

Claramente, el filme da mucha tela para cortar. Pero, debido a los horarios del Planetario, no alcanza el tiempo para un debate posterior de la peli. Así es que habrá una promisoria intervención performática a cargo del grupo Biszom.

La entrada es libre y gratuita, la película es apta para mayores de 16 y estará subtitulada. Y, por si hiciera falta, seres temiendo y comiendo a otros seres hoy en día no parece ningún chiste.