Por Ramiro García Morete

En Tolosa el tiempo parece transcurrir distinto. No está detenido, al contrario: se mueve constantemente. Pero a otro paso. Quizá por las vías o la rambla de avenida 32, que en cierto modo delimitan el acceso y el ritmo vertiginoso del casco urbano. Quizá por un trazado que va más allá de los rasgo arquitectónicos y que tiene que ver con cierto sentido de pertenencia. “El mapa no es territorio”. Las calles y las construcciones, sean del lugar que fueren, contienen dinámicas sociales, históricas, artísticas e identitarias. Y todo ello ocurre delante de nuestros ojos. Sólo hay que desacelerar el paso, como en Tolosa. Sólo hay que extrañar la mirada por un instante y volver a maravillarse con lo familiar. De eso se trata “Territorio Tolosa”, definido como proyecto de contemplación urbana.

“Este proyecto nació con cuatro arquitectos que planteamos hacer caminatas por el barrio”, cuenta Luciana Lima, quien junto a Verónica Pastuszuk coordinan la ideas. “Veíamos que pasaban cosas en simultáneo pero todas desconectadas. Teniendo como referente las movidas que se hicieron en el barrio Meridiano V, que son amigos y compañeros, buscábamos volver a conocer nuestro barrio.”

Esa mirada, dada la experiencia en las distintas disciplinas artísticas, trascendería lo meramente urbanístico o turístico: sería una mirada más introspectiva y trascendental sobre el lugar habitado. “Es un trabajo de observación, poniendo en crisis la idea contemporánea de vivir a toda velocidad. Pasamos por alto lo que tenemos al lado. Caminar es un modo de andar más despacio.” Y mejor. “Cuando presentamos el proyecto al Fondo Nacional de las Artes, pensamos en tres o cuatro caminatas.” Finalmente accederían a la Beca Bicentenario que tal organismo entrega y la cifra sería multiplicada en decenas.

¿Por dónde anduvieron? ¿Qué tanto hay para (re)conocer en Tolosa? “En el camino hemos entrado en casas, museos, en el conservatorio de música, en los viejos galpones del siglo XIX, en el atelier de un pintor, el sótano de una casa masona. En una muestra de miniaturas y maquetas, en un concierto de arpa. Mapeamos el barrio, fuimos al homenaje de (Jorge) Alorsa, recorrimos el primer barrio obrero de Latinoamérica (Mil Casitas), el club de box, la biblioteca popular, un taller de serigrafía y otro de cerámica. Entramos en una cooperativa textil, en un comedor de niños. Bailamos en las llamadas de candombe, fuimos a diferentes patios y jardines, conocimos a un acordeonista de 87 años y un vecino que tiene más de cien lapachos rosados para regalar. Cruzamos plazas, veredas y rejas, entramos en una galería de murales en una carpintería. Vimos el tren que ya no pasa, la vía en desuso y la luna llena en el puente.”

Un momento importante fue la llegada al barrio más antiguo de la ciudad de La Rosa China. Se trata de un espacio cultural que llamó la atención de Lima. “Cuando llegaron, pusieron una carpintería y sacaron las cosas para trabajar en la calle. Ese gesto me conmovió.” Esta zona protegida donde no puede haber edificaciones que superen las dos plantas ofrece la vereda como un lugar de encuentro en contraposición con el aislamiento de otras zonas urbanas. El vínculo, la recomendación y el “boca en boca” fueron fundamentales para el crecimiento del proyecto. Lima hace teatro y danza, Pastuszuk artes plásticas, esos circuitos que transitaban por fuera del barrio, luego se sumaron y acercaron.

Esta tarde termina la residencia de “Territorio Tolosa” en el marco del festival “Danzafuera”, que tiene lugar en las calles. Algunas de las clases fueron “La naturaleza” (Andrea Suárez Cónica), “El croquis. Cómo capturar el instante” (Laura Valencia), “Mapeo, mancha de los 53 recorridos por Tolosa” (Luciana Lima), “Miniaturas y maquetas escondidas en una casa de de 1906” (Verónica Pastuszuk), “Lo que suena desde el puente de Tolosa” (Nahuel Aquino), “El movimiento. Puente de hierro rojo” (Fernanda Tappatá). Y el domingo habrá una camina pública en la cual se convoca a toda la comunidad. La misma comenzará a las 17 hs en el Faro de la Cultura (monumento del reconocido artista Gyula Kosice ubicado en 7 y 528 y llamado coloquialmente “El rallador”) y continuará hasta el actual Conservatorio Gilardo Gilardi, pasando por la Central Eléctrica o el Puente de Hierro rojo.

Hacia el final, Lima se entusiasma con que la experiencia es posible para cualquiera con su propio territorio y recuerda como lema aquella frase Alberto Greco: “Si las cosas están ahí, solo hay que señalarlas”. O, como canta el vocalista tolosano de Mostruo, “el Universo siempre estuvo acá/ no corras más, no lo vayas a buscar”. Habrá que dejar de correr y detenerse a contemplar el universo que habita en cada una de las cosas, de las casas, de los barrios.