“No estamos todas, faltan las presas” fue uno de los cantos que coreaban en el Paro Internacional de Mujeres mientras en el Congreso Liliana Daunes leía el documento consensuado por diversas mujeres que también incluyó los reclamos de aquellas privadas de su libertad.

Mientras tanto, en el Complejo IV de Ezeiza, las presas detenían sus actividades laborales y hacían un ruidazo, sumándose así también a la huelga, siendo con sus propios reclamos parte de las 800 mil que se manifestaron en la capital del país. Horas después eran informadas de que no cobrarían el peculio del mes (ingreso por horas trabajadas) y reprimidas brutalmente por personal masculino del Servicio Penitenciario Federal.

Rescatando las palabras de las presas, el colectivo Ni Una Menos, la colectiva Yo No Fui -que brinda talleres y acompañamiento en cárceles-, Emergentes y No Tan Distintas, brindaron una conferencia de prensa en las puertas del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos comandado por Germán Garavano. Fueron acompañadas por expresidiarias, organizaciones sociales y de derechos humanos, haciéndose Nora Cortiñas presente con carteles que señalaban “toda presa es política” y “las 800 mil también somos las presas”.

“es inadmisible que las fuerzas de seguridad del servicio penitenciario intenten solucionar un problema como este reprimiendo a las mujeres”

Las organizaciones que convocaron, que se encuentran acompañadas por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN) y la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM), pudieron ingresar al penal y hacerse eco de los relatos de las penitenciarias. Las mismas cuentan que, una vez informadas de la quita del peculio (dinero que la mayoría de ellas envia a sus familias), personal masculino ingresó a los pabellones tirando gases y golpeandolas brutalmente, arrastrando a algunas de los pelos a unidades de castigo y a otras a la zona psiquiátrica.

“Escuchamos sus dolores y vimos de primera fuente sus cuerpos lastimados”, sostuvieron desde Yo No Fui.

“Esto surgió a raíz de un problema como el peculio. Para nosotras es inadmisible que las fuerzas de seguridad del servicio penitenciario que depende del Ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación intenten solucionar un problema como este reprimiendo a las mujeres, que además son las más pobres de nuestro país, que son las más indefensas”, sostuvo Alejandra Rodríguez, integrante de Ni Una Menos y Yo no fui.

“Es sobre esos cuerpos donde se desplegó la crueldad y la barbarie de las fuerzas de seguridad”, agregó.

“Mientras todas estábamos en la calle ese día, celebrando y cuidándonos en el espacio público, la fuerza patriarcal y represiva aprovechó el encierro y ese lugar para ejercer su violencia y su crueldad. Y eso no lo vamos a permitir”, denunciaron.

Según datos arrojados por la Procuración Penitenciaria de la Nación en su Informe Anual 2016, hay 511 mujeres alojadas en la Unidad Penitenciaria de Ezeiza, habiendo registrado ese año al menos 49 casos de torturas y 99 sanciones con aislamiento. El mismo documento destaca “el ineficiente sistema de salud del complejo, la mala alimentación, la problemática del trabajo y las prácticas de violencia institucional que generan un cuadro de situación de múltiples y sistemáticas vulneraciones de derechos”.

“Nos golpean, terminamos con brazos salidos de lugar, muchas llegando a los hospitales por golpes MASCULINOS, y no hablemos del daño psicológico que ejercen en nuestra cabeza”

“Este es el comienzo de una lucha y una visibilidad que no vamos a parar, porque las mujeres que están presas en nuestras cárceles existen y porque también son parte de la sociedad y de este feminismo popular y heterogéneo”, manifestó Rodríguez.

Lo señalado por Procuración fue parte del documento elaborado por las propias presas para el 8M. “Oigan y repitan”, comienzan diciendo. “Nos golpean, terminamos con brazos salidos de lugar, muchas llegando a los hospitales por golpes masculinos, y no hablemos del daño psicológico que crece y ejercen continuamente en nuestra cabeza. Nos reviven épocas que creíamos olvidadas”, explicaron las presidiarias, quienes detallaron la violencia que sufren por parte del personal penitenciario ellas y sus visitas. “Solo falta que nos violen físicamente para llamarlo golpe militar en la cárcel; nosotras lo llamamos ‘Complejo IV Clandestino’”, denunciaron.

En el documento elaborado por las convocantes a la conferencia, pero con una adhesión de más de cincuenta organizaciones, se planteó la necesidad de que sw revea la situación de este complejo (haciendo hincapié en el cese de la represión y las amenazas) y que se garanticen las condiciones dignas para vivir. También se exigió que se escuchen sus reclamos y que las mujeres con hijos menores de cinco años obtengan lo que la ley les garantiza: la prisión domiciliaria.