Madera por todos lados. Mucho antes de recobrar su sentido primario y artístico, de rescatar el viejo espíritu del club y de honrar la mística de un barrio que es casi una nación como el Mondongo, Lucamba era un depósito. No sólo de ecos y fantasmas de los viejos actos escolares de la escuela religiosa San Pablo que funcionó en los sesenta y parte de los setenta. El club cultural que hoy aglutina decenas de talleres y constantes espectáculos musicales en la esquina platense de 117 y 67 era parte de una maderera hasta no hace mucho. A base de esfuerzo y espíritu cooperativo se ha constituido en poco tiempo como uno de los espacios con mejores y variadas propuestas del siempre difícil circuito cultural de la ciudad, además de remitir a una estética casi en desuso: un salón amplio, con techo alto, un pullman importante y un bello escenario empotrado de madera. Allí encontraron el lugar que buscaban cuando la casa de 61 entre 10 y 11 había puesto un techo a la idea generada por la psicóloga Mariana Álvarez y el músico Pablo Quiroga. La idea surgida tras un viaje había confluido en encuentros de danza-terapia, psicodrama, clases de yoga, teatro y música. Pero, a pesar de la comodidad y la buena relación con los vecinos, algo no los completaba. Posible y precisamente, la comodidad. Por eso, estos dos amigos fueron por más.

Entonces, después de mucha búsqueda, llegó el dato. En una esquina alejada del centro, como un gigante dormido, había un teatro guardando planchas y maquinaria de una maderera. Allí vivía y trabajaba uno de los dueños del lugar. Pero estos amantes del candombe y la tradición africana en nuestra tierra tuvieron una corazonada. Lucamba, la familia que representó la milonga y el candombe en los primeros años de la ciudad, tendría su homenaje allí.

Se habían sumado Yésica Sánchez, quien se encargaría de la cocina, y Lucho Sena, especialista en sonido. Se sumarían después Ainara Lizarribar (fotógrafa y diseñadora), Augusto Ferroni (“un poco de todo”), Celina Bragagnolo y Estaban Trindade (ambos a cargo de los talleres de circo). Toda esa madera debía tener destino de tabla o tambor y esas paredes debían contener las voces del arte por sobre el ruido de los serrucho.

Tras largas y consideradas negociaciones, la familia propietaria accedió. En mayo de 2014, después de trabajar día y noche para ponerlo en condiciones, tuvo lugar la primera varieté para juntar fondos y empezar a materializar un sueño que cuatro años después se renueva.

Este sábado comienza una nueva temporada que hace honor al término variedad. Dirigida por el Payaso Alan Brando – Payaso de alma (Mati Ferreryra), abrirán la noche Power Dúo (dúo de palo chino). Luego estará la danza acrobática Lina Merlina, Zoita (tela), el malabarista, Juliyo y el Dúo Umandarake en cintas. Para el cierre, la banda de “afrojazzbrasilatino” Trioco. Súmenle fiesta, comida, bebida y un detalle no menor: entrada libre y a la gorra.

Lucamba funciona como una asociación civil, con un manejo horizontal y en el que “laburamos ad honorem”, como remarca Quiroga. La fachada y el clima barrial motivaron denominarlo “club cultural… Es como un club, ya no el de antaño. Y es que en cierto modo hoy en día los centros culturales nuclean lo que socialmente hacían los clubes. Y además El Mondongo es un barrio bien barrio”. Precisamente sobre ese vínculo con la zona, Quiroga expresa: “Logramos establecer con los vecinos más inmediatos buenos vínculos y llegar a que nos referencien bien. Lo que es más difícil todavía es lograr la pertenencia. Sobre todo porque la gente que es mayor está muy metida en la casa”. Si bien ya es un lugar más que requerido por bandas y músicos, así como ha cobijado desde charlas debate, ciclos como Terracine (proyección de filmes durante el verano en la extensa terraza del lugar), números de acrobacia, celebraciones de Carnaval o presentaciones como la del poeta César González, “costó acercar a la gente.” El platense suele ser bastante arraigado a la costumbre y los circuitos establecidos. Pero de a poco y basado en calidad, el público fue acercándose. “Para nosotros la prioridad es que haya equilibrio entre la semana y los shows. Y que lo que pasa de noche esté en función de una situación artística. No va a haber una fiesta privada, por ejemplo”.

Es sabido que no es fácil sostener cualquier tipo de emprendimiento cultural sin finalidades comerciales en la capital del cover y los megaconciertos de aniversarios con estrellas televisivas. Quiroga responde con elegancia sobre las consabidas políticas culturales que a veces están más cerca de la clausura que del fomento. “Es conflictivo como todo el mundo. Yo creo que todo lo de la asociación civil queda en el medio de fuegos cruzados. Por un lado hay intereses particulares muy vinculados al negocio, ya que los lugares alternativos como el nuestro quizá le quitan gente al circuito más comercial de boliches de toda la noche. Y por otro lado el Estado, que siempre está en su contradicción entre regular pero con una visión policiaca, y fomentar pero sin demasiado territorio. Porque fomentan desde un escritorio. Eso pasó con la ordenanza, que es lo mejor que podemos tener hoy. Pero no es una situación ideal”.