cinco días de finalizar su mandato, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, envió al Congreso un Proyecto de Ley para reformar la Constitución Nacional. La actual Carta Magna fue heredada de la dictadura de Augusto Pinochet y hasta ahora no pudo ser modificada por los sucesivos gobiernos democráticos. La presentación del Proyecto recibió varias críticas desde distintos sectores, incluso desde la misma alianza de partidos que componen el gobierno, algunos por estar contra la reforma, otros por la demora en dar el debate. Algunos líderes auguraron que, lamentablemente, con la nueva composición del Congreso, el proyecto “dormirá el sueño de los justos”.

El 11 de septiembre de 1973, tras el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende, el dictador Augusto Pinochet tomó el control de Chile. El cruento régimen cobró la vida de miles de ciudadanos y otros miles vieron cercenados sus derechos.

La experiencia chilena no sólo fue el comienzo de un conjunto de dictaduras instaladas en todo el Cono Sur y articuladas tras los intereses de Washington, también representó el laboratorio para la instalación del modelo neoliberal promocionado por Milton Friedman y los Chicago Boys.

Para sostener ese modelo de inequidad e injusticia política y social, el dictador Pinochet reformó en 1980 la Constitución Nacional.

Tras el fin de la dictadura, los sucesivos gobiernos tuvieron una gran deuda con la democracia, y nunca modificaron la Carta Magna heredada. La actual presidenta Bachelet había prometido durante la campaña para el segundo mandato que saldaría la deuda con una nueva reforma constitucional. A cinco días de terminar su gobierno, parece dar inicio al cumplimiento de su promesa, aunque algunos aseguran que puede ser demasiado tarde.

Bachelet aseguró que, “apoyados en la tradición constitucional chilena y en el juicio de connotados expertos, elaboramos con la detención y madurez que exige una tarea de esta envergadura el Proyecto de nueva Constitución que hoy día enviamos al Congreso Nacional”.

“Hoy aparece en los titulares: ‘¡A cinco días del fin del gobierno, envía el Proyecto de Reforma de la Constitución!’. Ya lo he dicho, vamos a gobernar hasta el último día”, remarcó la mandataria.

En relación con el contraste con la Carta Magna heredada de la dictadura, Bachelet sostuvo que el Proyecto “propone un nuevo marco para la interpretación del texto constitucional, sobre la base del establecimiento de un Estado de derecho democrático y social, en el cual el Estado está al servicio de las personas y su finalidad es el bien común”.

“Estoy segura de que nuestros parlamentarios van a tener la sabiduría de coronar este proceso histórico con un debate elevado, respetuoso de la voluntad popular”, aseguró.

Por su parte, como un ejemplo de las voces críticas a la demora que hubo en la presentación del proyecto, Myrian Verdugo, presidenta del Partido Demócrata Cristiano, aseguró que la reforma constitucional “tiene un interés muy grande de la presidenta Bachelet, pero, lamentablemente, no se pudo concretar antes y, por lo tanto, siento que va a dormir el sueño de los justos en el Parlamento”.