El acto de restructuración de la cúpula de las Fuerzas Armadas, más que un mero evento protocolar, representó una nueva señal de camaradería por parte del macrismo en pleno escenario de impulso de la nueva “doctrina” de seguridad que, desde los principales bastiones del gobierno, anuncian como un paradigma renovador de la década anterior. Tal como sentenció el propio ministro de Defensa, Oscar Aguad, esta nueva etapa de relaciones amistosas “sin prejuicios ni desconfianzas, con prudencia pero sin temores”.

El diario Clarín, en su cobertura de la ceremonia, no ocultó –al menos en su edición impresa, no así en la digital– la presencia de esposas de militares encarcelados por crímenes de lesa humanidad, así como tampoco las permanentes evocaciones a las “nuevas amenazas” a nivel nacional, históricamente advertidas desde los Estados Unidos hacia la derecha latinoamericana, y que –según el mismo Aguad– ameritan la capacitación y desarrollo “para las fuerzas armadas del futuro”.

No obstante, el discurso más fuerte provino del saliente teniente general Diego Suñer, quien no dejó pasar la oportunidad de recordar el rol de las fuerzas castrenses durante la década de los setenta, según él dejado de lado durante a última década, y por el cual exigió “menos memoria y más historia”, en una clara línea discursiva en alusión a la teoría de los “dos demonios”.

Suñer se retiró para dejar paso al nuevo jefe del Ejército, Claudio Ernesto Pasqualini, no sin antes marcar el antes y después de la etapa kirchnerista, al afirmar que el actual gobierno “liberó a las Fuerzas Armadas de toda adhesión y ataduras a políticas partidarias”. Suñer había sido designado al frente de la Fuerza apenas unos días después de que Macri llegara a la presidencia.

“En el acto se habló de celebrar que despoliticen a las ‘Fuerzas Armadas’, como si radicalizarse a la derecha y reivindicar esa posición no fuese acaso una decisión política”, dijo a Contexto el diputado nacional de Unidad Ciudadana y nieto restituído por Abuelas de Plaza de Mayo Horacio Pietragalla. El legislador definió el acto como una “palmadita en la espalda hacia lo más reaccionario de las fuerzas”.

“En el acto se habló de celebrar que despoliticen a los ‘fuerzas armadas’, como si radicalizarse a la derecha y reivindicar esa posición no fuese acaso una decisión política”

Quizás el elemento más distintivo de la ocasión fue la presencia, entre militares activos y parientes de genocidas, del secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, Claudio Avruj.

La titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, dijo a Contexto que el titular de Derechos Humanos de la Nación “no tenía nada que hacer en el acto, no le corresponde, su labor es con los derechos humanos y no con los militares”. Y agregó: “Con su presencia está apañando el giro a la derecha del gobierno y este reavivamiento de los dos demonios”.

“Hay que reavivar la memoria: acá no hubo una guerra, hubo represión, desapariciones, robo de bebés y tortura. Avruj, con su presencia en ese acto, está facilitando, consintiendo y apañando algo que no corresponde. Su labor es con los derechos humanos. Y en ese terreno tiene mucho por hacer”, dijo Carlotto.

“Hay que reavivar la memoria: acá no hubo una guerra, hubo represión, desapariciones, robo de bebés y tortura. Avruj, con su presencia en ese acto, está facilitando, consintiendo y apañando algo que no corresponde”

Pietragalla fue categórico: “Es lo que se puede esperar de un secretario de Derechos Humanos que proviene de un gobierno como este. Ya mucho no les cuesta, es más fácil para ellos que vaya Avruj a ese acto que lo que intentamos hacer nosotros como gestión, que fue intentar forjar un Ejército que respete los derechos, que sea crítico al terrorismo de Estado”.

Y agregó: “Creo que reivindicar esas fuerzas ilegales, reivindicar la violencia de las fuerzas militares, tal como manifestaron en el acto y aplaudiéndose entre ellos, es un giro a la derecha que se está dando en las fuerzas de seguridad en general, acorde con el gobierno nacional, formado por parte de ese sector empresarial y conservador que se benefició del golpe militar”.

Por lo pronto, el oficialismo continúa en el fortalecimiento de los lazos, “con prudencia pero sin temores”, como dijo Aguad, con el ala más oscura de las fuerzas de seguridad del país.