Transcurrido menos de un mes y medio de 2018, el gobierno de Mauricio Macri ha perpetrado en corto tiempo una serie de acciones diplomáticas y políticas que reafirman el sometimiento de Argentina a los intereses imperiales de Estados Unidos y en el orden interno agravan la militarización y la violencia estatal contra quienes el oficialismo considera “enemigos”.

Hace una semana estuvo en nuestro país el norteamericano Rex Tillerson, secretario de Estado (cargo que en el resto del mundo se denomina Ministerio de Relaciones Exteriores o de Asuntos Exteriores, y que es mencionado habitualmente como “cancillería”). En las reuniones mantenidas y en las declaraciones públicas realizadas, el macrismo ratificó su complicidad con Donald Trump en el empeño obsesivo por derrocar al gobierno chavista de Venezuela que encabeza Nicolás Maduro y destruir así la Revolución bolivariana.

También durante la semana, y antes de viajar a Estados Unidos, el ministro de Defensa, Oscar Aguad, hizo un anuncio que implica ejecutar la doctrina de las “nuevas amenazas” promovida por los mandos militares norteamericanos: el gobierno creará una Fuerza de Despliegue Rápido (FDR) que “estará conformada por las tres Fuerzas Armadas y servirá de apoyo logístico para operativos contra el narcotráfico y el cuidado de los recursos naturales”, según los términos utilizados para difundir la noticia por parte del portal Infobae, uno de los tantos medios informativos afines al régimen gobernante.

El periodista Martín Dinatale, autor de la nota, escribió lo que el oficialismo no dice públicamente: que entre las funciones de la mencionada FDR se incluyen “operativos contra […] el avance de grupos violentos mapuches extremistas” (https://www.infobae.com/politica/2018/02/07/el-ministerio-de-defensa-creara-una-fuerza-de-despliegue-rapido-para-apoyar-a-todas-las-fuerzas-de-seguridad/).

Esto último quiere decir que será cada vez mayor la agresión armada estatal contra comunidades originarias que se organizan políticamente para luchar por sus derechos y enfrentar a capitalistas extranjeros que se apropiaron de tierras en la Patagonia. La constitución del pueblo mapuche como “enemigo” y la consecuente violencia en su contra ya tuvo como resultado el asesinato de Santiago Maldonado -a quien el relato oficial hace aparecer muerto en el río Chubut como si se hubiera ido a bañar y se ahogara accidentalmente en aguas heladas-, y luego el de Rafael Nahuel.

Por otro lado, hacia fines de la semana se hizo público un resultado concreto -de los que se conocen abiertamente, o sea, sin contar aquello que se mantiene oculto a la opinión pública por razones de secretos militares y del espionaje- de la visita de la ministra Patricia Bullrich a Estados Unidos: el organismo llamado oficialmente DEA (Drug Enforcement Administration, que suele traducirse como Administración para el Control de Drogas) desplegará sus agentes en la frontera norte de Argentina a través de una “task force” (fuerza de intervencion) para “combatir el narcotráfico y el terrorismo”(https://www.pagina12.com.ar/94825-el-desembarco-de-la-dea-en-argentina).

También se informó que Bullrich aspira a que la educación de los policías argentinos esté basada en las mismas “doctrinas” que aplica Estados Unidos para formar a su propio personal policial y de los servicios secretos. Además, junto con Aguad, en estos días realiza gestiones en Miami ante el Comando Sur de las Fuerzas Armadas norteamericanas, que es el organismo que centraliza el dominio militar estadounidense sobre América Latina y el Caribe (http://www.perfil.com/politica/bullrich-quiere-forjar-la-nueva-doctrina-policial-segun-el-fbi.phtml).

País “amigo”

En otro de los gestos de reafirmación de alianzas internacionales peligrosas, a principios de enero la vicepresidenta Gabriela Michetti viajó a Israel y mantuvo reuniones al más alto nivel que afianzaron los pactos entre ambos gobiernos. El antecedente público más relevante de esa visita es que, en septiembre pasado, Macri fue anfitrión del primer ministro Benjamin Netanyahu y convirtió a Argentina en el primer país de América Latina que recibió a un gobernante de ese país de Medio Oriente en setenta años de existencia del Estado de Israel.

Aquella vez, el periodista especializado en relaciones internacionales Martín Granovsky reveló en el diario Página/12 que Netanyahu quiere sumar a Argentina en su estrategia contra Irán y Corea del Norte (https://www.pagina12.com.ar/62536-el-pais-se-convirtio-en-una-base-de-netanyahu). Ello significaría que nuestro país quedaría expuesto a ser parte de los planes militares de dominación planetaria que comanda Donald Trump desde Estados Unidos y de los cuales Netanyahu es uno de sus aliados fundamentales.

El macrismo, y el discurso dominante en general, califican a Israel como un país “amigo” del nuestro. Confunden y mezclan intencionalmente, como si fueran la misma cosa, los intereses de los poderes que dominan a uno y otro país con las relaciones a nivel humano, fraternas, libres y fecundas, que mantiene una parte muy grande de argentinos y argentinas con el pueblo israelí por razones de sangre, familiares, de tradiciones, lengua, religión y cultura.

Eso es una trampa, es contrabando ideológico: mezclan deliberadamente la identidad judía con los intereses de los gobiernos de Israel. La comunidad judía de nuestro país es constitutiva de la bación argentina como cualquier otra comunidad de origen nativo o migratorio. En cambio, los derechos de toda la ciudadanía a la paz, la libertad y la lucha por la justicia social no tienen nada que ver con los intereses de los poderes israelíes que expanden por el mundo estrategias de confrontación, beligerancia, armamentismo, terrorismo y guerras.

El pueblo argentino no es antiislámico -sentimiento de odio que se intenta generar para justificar que la sociedad considere a la República Islámica de Irán como enemigo-, así como tampoco es antijudío. Los hechos de discriminación antisemita que ocurren, así como la discriminación contra bolivianos/as, paraguayos/as, africanos/as, mujeres, homosexuales, personas con discapacidad o desventajas físicas, etc., y en cualquiera de todos esos casos agravado si las víctimas son pobres, resultan de menor gravedad si se los compara con el alto nivel de integración existente que conforma una sociedad respetuosa de la diversidad y del pluralismo étnico, religioso y cultural.

En cambio, la realidad política y las disputas de intereses son algo distinto. Para tomar ejemplos elocuentes, debe recordarse que Israel es uno de los pocos países que, en la Asamblea General de Naciones Unidas, todos los años vota en contra de los reclamos argentinos por la soberanía en las islas Malvinas. Asimismo, en 2015 votó contra Argentina y a favor de los fondos buitre cuando, durante el gobierno de Cristina Kirchner, una abrumadora mayoría de naciones respaldó a la nuestra en una propuesta para regular la reestructuración de deudas soberanas y frenar a las mafias de la usura financiera internacional.

Involución y sólo pérdidas

Con sus peligrosas alianzas externas, Macri retrocede al país hacia el oprobioso alineamiento internacional que durante el siglo XX fue propio de las dictaduras militares y que a finales de la centuria también perpetró el gobierno constitucional de Carlos Menem.

Empujada otra vez al bando pronorteamericano, la nación abandona así la política exterior basada en los principios de paz, soberanía, integración latinoamericana, convivencia pacífica con todas las naciones y respeto a la autodeterminación de los pueblos, que llevaron adelante con sus aciertos y errores presidentes de distintos signo político como Hipólito Yrigoyen, Juan Perón, Arturo Illia (aun cuando su gobierno surgió de elecciones donde el peronismo estaba prohibido), Héctor Cámpora (en su breve gestión), Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

Al pisotearse esos principios, uno de los daños es para la economía nacional. Hasta el momento, el servilismo del gobierno macrista no logró siquiera alterar la cerrazón norteamericana al ingreso de productos de nuestro país (como biodiésel y limones) que es resultado de la política proteccionista de Trump.

Observado más ampliamente, en un mercado mundial dominado por las grandes corporaciones capitalistas y los intereses de las principales potencias, las posibilidades de una insersión productiva favorable a Argentina dependen en gran medida de una integración política con América Latina que ha sido abandonada por el oficialismo actual. El sabotaje a organismos de integración continental como UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) y CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe) impiden a la nación la búsqueda de alternativas de autonomía económica.

Pero, además de eso, sumarse a la política de Estados Unidos tendiente a desestabilizar y agredir a Venezuela, y al mismo tiempo aceptar un rol que involucre cualquier tipo de respaldo a Israel en sus disputas contra Irán y el resto del mundo islámico, implican riesgos para la paz y la seguridad de nuestra patria.

La involución macrista hacia el sometimiento bajo intereses extranjeros significa unicamente pérdidas. Menoscabo de soberanía y dignidad nacional, clausura de espacios internacionales para defenderse frente a la ferocidad del sistema económico mundial, y peligro de quedar envueltos en las estrategias de violencia, guerra y terrorismo imperial que llevan adelante los gobiernos de Trump y Netanyahu.