El gobierno de Estados Unidos vuelve a desplegar todas sus cartas contra Venezuela. La posibilidad de una intervención militar se fortalece cada día. La excusa, la supuesta falta de democracia y la existencia de una “crisis humanitaria”. El verdadero objetivo, la obsesión del presidente, Donald Trump, y el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson (exgerente de la petrolera Exxon), por apropiarse del petróleo de Venezuela, uno de los países con mayores reservas del mundo.

Con Trump parece haber regresado a Washington la Política del Garrote y la Diplomacia de las Cañoneras. Su antecesor le dejó parte del camino allanado. En 2016, el entonces presidente Barack Obama decretó que Venezuela era “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Sólo un año después, Trump afirmó que no descartaba “la opción militar” para acabar con el gobierno bolivariano. En aquel momento, su vicepresidente, Mike Pence, realizó la primera gira para tratar de convencer a los gobiernos alineados con su política de que no sólo apoyasen una posible intervención, sino además, según aseguran diversas fuentes, que ese ataque fuera realizado por ejércitos de la región (Brasil, Argentina, Perú, Colombia y Panamá) y apoyados por fuerzas norteamericanas.

En noviembre de ese año (del 3 al 6), fuerzas conjuntas de Brasil, Perú y Colombia, coordinadas por el Comando Sur norteamericano, realizaron ejercicios militares en la zona de la Amazonia, a sólo setecientos kilómetros de la frontera con Venezuela.

Tras el fracaso de las acciones anteriores, la consolidación del gobierno bolivariano de Nicolás Maduro en las elecciones realizadas en 2017, la convocatoria a elecciones presidenciales y el lanzamiento de “el Petro”, una criptomoneda que tiene como fin esquivar el cerco económico, comenzó una nueva arremetida contra el pueblo y el gobierno venezolano.

Casi inmediatamente después de la gira de Tillerson por Argentina, Perú y Colombia, tropas estadounidenses desembarcaron en Panamá. Durante la visita del norteamericano a Colombia, una llamada desde ese país hacia Santo Domingo, donde se realizaban las reuniones entre el gobierno bolivariano y la oposición, impidió que se firmara el acuerdo entre los dos sectores, a pesar de que estaban todos los puntos cerrados.

Casi de inmediato el jefe del Comando Sur norteamericano, Kurt Tidd, llegó a Colombia y el presidente Juan Manuel Santos envió al Ejército para militarizar la frontera. Santos, “Premio Nobel de la Paz”, realizó una clara provocación hacia un país hermano que nunca lo agredió y con el que no posee conflicto alguno.

Como corolario de todo ello, el Grupo de Lima, conformado por una serie de países de derecha de la región, volvió a emitir una declaración injerencista contra Venezuela con clara intención de brindar argumentos para la intervención militar. Primero el discurso, luego las balas.

En diálogo con Contexto, la socióloga Paula Klachko destacó que “todas estas acciones del gobierno norteamericano y sus socios regionales van apretando el cerco económico, político y también militar. Es difícil pensar en la concreción de una invasión, dadas las implicancias económicas y políticas que mantiene la Revolución bolivariana en el contexto internacional de la multipolaridad vigente donde tiene vínculos muy estrechos con Rusia y China”.

“La gira de Tillerson dejó en claro la vigencia de la Doctrina Monroe, llamando abiertamente al golpe de Estado militar”, remarcó.

“La gira de Tillerson dejó en claro la vigencia de la Doctrina MONROE, llamando abiertamente al golpe de Estado militar”

Klachko aseguró que “Estados Unidos sabe que por el camino de las elecciones es imposible que logren golpear al chavismo, dado que en sólo un lapso de cuatro meses ganaron tres elecciones y seguramente en abril vuelva a ganar Maduro”.

“El pueblo venezolano sabe que la violencia fascista y racista desatada en los primeros meses de 2017 es lo que representa a esa derecha opositora y eso no lo quiere. Ese pueblo sabe que los actuales sacrificios que están viviendo son, principalmente, consecuencia de la cadena de boicots y bloqueos”, sostuvo.

La socióloga opinó que mediante el bloqueo, el boicot, los hechos de violencia y la amenaza militar se pretende desmoralizar al pueblo, generar un clima tendiente a deslegitimar el triunfo de Maduro y tratar de quebrar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias Bolivarianas para dar un golpe o apoyar una invasión.

“Quieren logar desestabilizar a Venezuela antes de que se realicen las estratégicas elecciones de 2018 en Brasil, México y Colombia, en las que fuerzas progresistas pueden llegar al gobierno. Esos triunfos podría generar un giro de 180 grados en la correlación de fuerzas de la región y favorecer a la Revolución bolivariana”, concluyó Klachko.