El proyecto de interrupción voluntaria del embarazo se presentó en la Cámara de Diputados por última vez en 2016, siendo la sexta oportunidad que llegó a la Legislatura, sin ser debatido nunca en la misma a pesar de la gran demanda del movimiento de mujeres, convirtiendose así en una gran deuda de la democracia.

Recientemente, la diputada Juliana Di Tullio hechó luz al respecto de por qué, incluso en los gobiernos más populares, no se trató. Sin la opinión favorable de la por entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, pero con el compromiso de respetar lo que decidiera el recinto, el proyecto podía ser ingresado. Sin embargo, se eligió no hacerlo. ¿La razón? El debate público aún no estaba instalado.

“Fue mi decisión no poner el proyecto en el recinto para no perder, no quería perder, no podíamos perder ESE tema en el recinto. Eso para mí hubiese significado un retroceso de cincuenta años. No tenía ni la mitad de los votos de mi bloque y al resto de los bloques les pasaba lo mismo. Además, faltaba lo que hoy sí existe: movilización en la calle y debate público instalado en los medios de comunicación”, escribió la legisladora de Unidad Ciudadana en Anfibia, cuando hoy esa discusión llega por lugares impensados a las casas, a través de una pantalla de televisión.

De la mano de debates en las redes sociales y denuncias hacia famosos abusadores, las cámaras por fin pusieron el ojo en el feminismo y un grupo de comunicadoras, aprovechando la situación, volcaron esas deudas y demandas en el rating de la tarde. Virginia Godoy (Señorita Bimbo), nombrando al Misoprostol en Intrusos, hizo que la droga recomendada por la Organización Mundial de la Salud para la interrupción del embarazo y utilizada en diversos países sea tendencia en redes y búsquedas de internet. Toda la televisión se hizo eco rápidamente y el debate se instaló también en las calles y en las casas.

“Hemos hecho un montón de acciones para que se visibilice la necesidad de que se legalice el aborto, y creemos que por el accionar de la campaña y lo que es el movimiento de mujeres tiene una aprobación social, pero que salga en la televisión nos parece muy importante: que salga el pañuelo, que se hable, que se plante la necesidad de que el parlamento de una vez por todas lo discuta”, dijo a Contexto María Julia Constant, referente de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro y Gratuito, movimiento que agrupa a alrededor de trescientas organizaciones.

“Esto puede servir para que dé más ímpetu a proyectos legislativos. Esto pesa mucho más porque ya no somos las locas del pañuelo verde nada más”, consideró Julia Gatica, médica y militante de la Red Contra el Aborto Inseguro en Argentina, en diálogo con este medio.

En Argentina, a través del protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE), el aborto es legal en tres casos: si representa un riesgo para la vida de la persona gestante, si representa un riesgo para el bienestar físico, emocional y social de la persona gestante y si es producto de una violación. Nada dice este protocolo sobre la elección y el deseo de la mujer de no continuar con el embarazo.

Según datos arrojados por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro y Gratuito y por Amnistía Internacional en Argentina, se estipula que en nuestro país se realizan alrededor de 500 mil abortos clandestinos, lo que deja de manifiesto que, a pesar de su penalización, la interrupción del embarazo es un hecho y las mujeres se rebelan ante la maternidad obligatoria.

Sin embargo, no todas pueden acceder a un aborto de forma segura. En principio, las complicaciones para conseguir el Misoprostol son un hecho, los precios exorbitantes también. Y en una clínica dispuesta a hacer este procedimiento los costos pueden llegar hasta los mil dólares, por lo que muchas veces se recurre a lugares donde no se pueden garantizar las cuestiones sanitarias ni médicas.

“Los abortos clandestinos son muy riesgosos”, sostuvo Gatica. “Son muy comunes en los abortos instrumentales (que se hacen con raspados, con bujías o con sondas), que se hacen en lugares que no son un hospital, donde no pueden asegurar ni la calidad de la persona que lo hace ni la esterilización de los materiales que se usan. Esos son los abortos inseguros, los que llevan a dar el número de las muertes maternas por aborto”.

“La clandestinidad hace que no sea seguro. No hay control”, consideró en tanto Constant. “Por eso la necesidad de que se legalice, de que se haga en un hospital, y si no es en un hospital, que sea en la casa pero baja un control médico”, agregó.

“La pelea por el aborto legal es que cada una pueda elegir cómo: con pastillas o una internación en un hospital. Lo que plantea el derecho al aborto es la posibilidad de elegir”, coincidió Gatica.

La lucha por el derecho al aborto y la posibilidad de las personas gestantes de elegir sobre sus cuerpos en Argentina tiene muchos años, pero es indudable que el movimiento feminista está en constante crecimiento. Lo demuestra cada encuentro, cada marcha, cada planteo cotidiano al patriarcado. No es casual entonces que las cámaras de televisión hagan foco en el movimiento de mujeres, también a menos de un mes del 8 de marzo, día que se volverá a hacer un nuevo Paro Internacional de Mujeres, donde los pañuelos verdes prometen copar las calles.

“Vamos a ser un montón en las calles. Somos imparables. Va a haber mucha presencia de los pañuelos verdes. Es una de las principales consignas”, señaló Gatica.

Instalado en la televisión, el deseo es que el derecho al aborto no sea sólo una novela de la tarde que da rating, sino que el debate se traslade a la legislatura. Con las cámaras, con la discusión en  medios, Universidades, oficinas, sobremesas, y con una realidad concreta innegable traducida en números y en una fuerte movilización popular. La pregunta es entonces en cuándo los pañuelos verdes serán tendencia en el Congreso argentino.