El mandatario norteamericano, Donald Trump, autorizó la publicación de un memorando secreto que critica la actuación del Buró Federal de Investigaciones (FBI) y del fiscal especial Robert Mueller por la investigación sobre la supuesta “injerencia rusa” en las elecciones presidenciales de 2016, en el escándalo conocido como “Rusiagate”.

El memorando fue escrito por el congresista republicano Devin Nunes, quien preside el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes.

Trump comentó por la red social Twitter: “El representante Devin Nunes es un hombre de tremendo coraje y valor, algún día podría ser reconocido como un gran héroe estadounidense por lo que ha expuesto y por lo que ha tenido que soportar”.

Nunes es señalado por los demócratas como “un simple escriba” de Trump. Sus detractores lo acusan de haber copiado lo que “se le dicto desde la Casa Blanca” con el único fin de desacreditar la investigación, al FBI y al fiscal especial.

El memorando presentado por Nunes señala que el FBI y del fiscal Mueller no tuvieron un correcto proceder en la investigación y asegura que actuaron con tendenciosidad para perjudicar al presidente Trump y beneficiar al Partido Demócrata.

La investigación podría hacer que Trump sea acusado de “obstrucción de la Justicia”, el delito que obligó a Richard Nixon a presentar la renuncia en 1974. Pero para distraer la atención del pueblo norteamericano, este podría reaccionar como lo hizo el expresidente Bill Clinton, que, para tapar un escándalo interno (su aventura con la becaria Mónica Lewinsky), comenzó una guerra que costó miles de vidas (Irak, 1998).

Trump ya ha demostrado ser un guerrerista y amenazado a varios países (entre ellos, Venezuela, Irán, Corea del Norte). Sabe desviar la atención del público norteamericano (que es ante el único que le interesa legitimar sus acciones).

El futo del “Rusiagate” es incierto, y todo parece indicar que aún quedan muchos capítulos y giros inesperados en un escándalo que cada vez se parece más a la serie de televisión House of Cards. Aunque, como suele suceder, la realidad supera a la ficción.

Trump no cree en la democracia ni en la división de poderes