Por Telma Luzzani

El 21 y 22 de enero pasado hubo en Santiago de Chile un evento importantísimo para nuestra región. Inexplicablemente, varios de nuestros gobiernos neoliberales y medios de comunicación como los argentinos se dieron el lujo de ignorarlo, revelando no sólo su falta de visión histórica y su incapacidad, sino mostrando una alta dosis de sumisión, seguramente mucho mayor de la que Washington exige.

El evento fue el II Foro de CELAC-China, es decir, un encuentro entre los 33 países que conforman la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (todos menos Estados Unidos y Canadá) con uno de los actores más relevantes del mundo actual. China envió el más alto cargo diplomático, Wang Yi, para mostrar la importancia que les da a las relaciones con nuestra región, pero gran parte de los países latinoamericanos -con excepciones loables, como la de Chile- enviaron representantes mediocres que fueron a la cita sin proyectos y, obviamente, sin la menor iniciativa.

“La primera complejidad es que estos 33 países tienen posturas ideológicas y políticas diversas. Incluso, entre ellos hay desacuerdos sobre si China es un socio estratégico o una amenaza. Entonces mientras China tiene perfectamente claro qué quiere y qué necesita de nuestra región, nosotros estamos con debates irresueltos”, explicó el sinólogo Patricio Giusto, Master of China Studies de la Universidad de Zhejiang y director de la consultora Diagnóstico Político. “Cuando se firmó la carta de intención de la CELAC, la idea fue, justamente, elaborar una postura compartida para fortalecernos frente a actores como China, que es naturalmente más grande aún ante una Latinoamérica unida. Cuánto mejor sería acordar posturas, tirar todos para el mismo lado y tomar decisiones con una visión estratégica a largo plazo como hace China respecto de nosotros.”

En la cumbre de Santiago de Chile se habló de temas vinculados a la agroindustria, infraestructura, innovación tecnológica y energías renovables, todos sectores de suma importancia para nuestros países, en los que ni Europa ni Estados Unidos están invirtiendo y en los que China sí está dispuesta a apostar.

El primer Foro CELAC-China se realizó en Beijing en 2015 y concluyó con el espectacular anuncio sobre una inversión china de 250.000 millones de dólares para nuestra zona. Muchos de esos proyectos ya se han materializado en varios países, Argentina entre ellos. No obstante, gobiernos como el de Mauricio Macri insisten, tal vez por pereza o desconocimiento, en buscar inversiones en Occidente, donde nadie las dará. Los planificadores argentinos parecen ignorar que hoy más del 50% del total de las mercancías de todo el mundo se comercia en la región Asia Pacífico; que hace veinte años ese volumen era de sólo el 30% y que la proyección para fin de siglo es del 70 u 80%.

“Los países que más están aprovechando esta oportunidad son Chile, Perú y Costa Rica. Chile tiene una visión estratégica interesante y, a pesar de las asimetrías, saca ventajas de su asociación con el gigante asiático. Yo viví un año en China y me sorprendió ver la cantidad de restaurantes y supermercados que venden vino chileno. Argentina podría ser fuertemente competitiva en vinos y apuntar a un público como el chino, con una clase media de 400 millones personas, y a los mercados del Sudeste Asiático que atraviesan un proceso de expansión similar”, ejemplificó Giusto.

“Chile se propone y se prepara para ser el puente entre China y América Latina”, aseguró a la prensa el director de la agencia Pro Chile, Alejandro Buvinic, quien comentó que el país trasandino es la “única plaza que cuenta con un banco autorizado por los bancos centrales de ambos países para la liquidación de Renminbi (moneda china) en América Latina”, refiriéndose al China Construction Bank. Chile es además miembro prospectivo del “Banco Asiático de la Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) lo que posibilitará el financiamiento de proyectos que beneficien la integración con Asia, como la construcción de aeropuertos, puertos, autopistas, túneles para cables de fibra óptica, etcétera.

Según Giusto, está claro que, desde el gobierno de George Bush Jr., a comienzos del siglo XXI, los estrategas norteamericanos decidieron un repliegue de Estados Unidos en la región. “Ni el presidente Donald Trump ni el canciller Rex Tillerson han visitado ningún país latinoamericano en los doce meses que llevan de gobierno. El vacío dejado por Washington lo ocupó Beijing. Y esto es una suerte para nosotros, porque Estados Unidos no está dispuesto a hacer inversiones. Por eso digo que en Argentina tenemos un doble problema: no sólo miramos a Estados Unidos y Europa de donde no vendrán inversiones, sino que estamos entrampados en un Mercosur con disputas internas que se pone palos en la rueda entre sus miembros y no avanza.”

Durante el II Foro CELAC-China se anunció además la inauguración de una oficina del Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional (China Council for the Promotion of International Trade, cuyas siglas en inglés son CCPIT), institución encargada de promover los productos y servicios de ese país para la exportación.

Finalmente, la otra gran oportunidad que el canciller chino ofreció durante la reunión de Santiago fue que América Latina se integre al gigantesco plan conocido como “Un cinturón, una ruta” (One belt, one road, OBOR), “el proyecto de infraestructura más importante en la historia de la humanidad, que se considera diez veces más amplio que el Plan Marshall, que sirvió para reconstruir Europa después de la Segunda Guerra Mundial, según Giusto.

También conocido como la “Nueva Ruta de la Seda”, este proyecto tiene una parte marítima (que pasa por el Sudeste Asiático-África y llega al Mediterráneo) y otra terrestre (con varias vías, el Sudeste Asiático, Asia central y Rusia llega a Europa). Esto significa que a través de esta ruta se van a acrecentar los nuevos flujos de comercios e inversiones. “En las próximas décadas, sin duda, las mayores oportunidades de negocios e inversiones van a venir por esas rutas”, asegura el sinólogo. “China necesita materia prima, pero también alimentos elaborados. Si se planifica bien, esa potencia no debería ser una amenaza sino una gran oportunidad. En el caso de Argentina, tenemos todo para ganar. Incluso es interesante pensar que la nueva Ruta de la Seda va a atravesar algunos países del Pacífico como Nueva Zelanda y Australia, con lo cual nosotros también podríamos explorar más complementariedades y mejorar nuestra conectividad.”

¿Estará América Latina a la altura de los desafíos históricos que se nos presentan? Difícil mientras haya gobiernos con mentalidad de Guerra Fría que se aferran a un alineamiento ciego con Estados Unidos y carecen de la amplitud mental para ver las grandes perspectivas que se abren en el mundo del siglo XXI.