La arremetida contra el gobierno y el pueblo venezolanos no cesa un instante. El poder económico y financiero global, con su principal sede en Washington, tiene sed de petróleo. Sus alfiles, a un lado y otro del océano, saben que Venezuela posee la mayor reserva del preciado recurso y no descansan en su arremetida injerencista y antidemocrática.

Luego de que la Asamblea Constituyente de Venezuela (ACV) convocara a elecciones presidenciales para el abril de 2018 (lo que era uno de los principales reclamos de la oposición), referentes de la derecha de la región salieron al cruce de la decisión soberana del gobierno.

“Nadie va a reconocer el resultado de unas elecciones en Venezuela”, aseguró el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en un claro acto de injerencismo.

Santos prefirió hablar de Venezuela y no de los más de 130 líderes campesinos, sociales, políticos, exguerrilleros y de derechos humanos asesinados desde que se firmó el Acuerdo de Paz.

Primero aparecieron las sanciones impulsadas por los gobiernos de derecha de la Unión Europea (EU), especialmente por el gobierno español de Mariano Rajoy. A ello se sumó el ataque del autodenominado Grupo de Lima, espacio conformado luego de que fracasaran, una y otra vez, los intentos de sanción impulsados desde la Organización de Estados Americanos (OEA), por el secretario general de ese organismo, el uruguayo Luis Almagro. Ante el fracaso en la OEA, los gobiernos de derecha de la región buscaron agruparse y ejecutar la agresión por otra vía.

En esta última etapa comenzaron a actuar algunos de los principales alfiles de Washington en la región. El primero fue el mandatario argentino, Mauricio Macri, quien en su gira por Rusia prefirió hablar de Venezuela, tildar de “dictador” a Nicolás Maduro y no hacer ninguna referencia a la profunda crisis que viven los sectores más vulnerables de la Argentina desde que él gobierna el país.

El segundo  que apareció en escena fue Juan Manuel Santos. El colombiano aseguró que no reconocería los resultados de las elecciones convocadas por la Asamblea Constituyente venezolana y que el resto de los países del Grupo de Lima actuarán de igual manera: “Nadie va a reconocer el resultado de unas elecciones en Venezuela. Esas elecciones fueron convocadas por una instancia que para nosotros tampoco tiene validez, como lo es la asamblea constituyente”.

En diálogo con Contexto, el analista político Jorge Kreyness afirmó que “el Grupo de Lima fue conformado por Estados Unidos para agrupar a los gobiernos de derecha de la región. Desde ese espacio se ha frenado el proceso de integración latinoamericana y caribeña, afectando especialmente al Mercosur, la Celac y la Unasur”.

“La declaración de Santos representa una intervención brutal en los asuntos internos de Venezuela, un país que en el último tiempo ha realizado elecciones para la Asamblea Constituyente, elecciones municipales y de gobernadores”, agregó.

Kreyness recordó que “la derecha venezolana exigía la realización de elecciones, y cuando el gobierno del presidente Maduro convoca a elecciones presidenciales, esa misma derecha dice que no va a participar”.

“A pesar de toda la presión interna y externa, hay candidatos de la oposición que ya se están postulando. Eso muestra una división entre los sectores de la derecha”, remarcó.

Por último, Kreyness sostuvo que “con esta convocatoria a elecciones, Venezuela reafirma su vocación democrática, y eso va unido a todas las políticas que impulsa el gobierno de Maduro para combatir el brutal bloqueo económico que le impuso el imperio”.