El genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz tardó menos de un mes en traspasar los muros de la casa donde cumple la prisión domiciliaria. El sábado fue sin esposas, acompañado por cinco personas de civil y en un vehículo sin identificación a la clínica Colón, en el centro de Mar del Plata. La salida no pasó desapercibida para los vecinos, que lo repudiaron y fotografiaron, pero tampoco para los querellantes ni la Justicia Federal de La Plata: ayer el juez Ernesto Kreplak pidió a las fuerzas de seguridad federales que informen si el represor fue trasladado a esa clínica, quién autorizó esa salida y con qué fuerza de seguridad se concretó. Además, alertó que el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata -que le impuso las cuatro condenas a perpetua que tiene- debe ser notificado cada vez que se produzca un episodio con el reo.

En su resolución, Kreplak habilitó la feria para tratar el tema y solicitó al Servicio Penitenciario Federal, a la Gendarmería Nacional y a la Policía Federal Argentina, que se “informe a la brevedad qué fuerza de seguridad estuvo a cargo del traslado de Etchecolatz, y en su caso, qué órgano jurisdiccional autorizó tal salida o si se trató de una cuestión de urgencia”, indicó. Además, aclaró que deben avisar “indefectiblemente al tribunal todos los traslados que se realicen (de Etchcecolatz), aunque eventualmente hayan sido autorizados por otro órgano jurisdiccional”.

que informe a la brevedad qué fuerza de seguridad estuvo a cargo del traslado de Etchecolatz, y qué órgano jurisdiccional autorizó tal salida o si se trató de una cuestión de urgencia

El juez es titular del Juzgado Federal N° 3, pero por la feria se encuentra subrogando el TOF1. Su resolución fue en respuesta a un pedido realizado por la abogada Guadalupe Godoy, en representación de Graciela Rosemblum, presidenta de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH).

El lunes pasado presentó un escrito -al que accedió Contexto en el tribunal platense, donde señaló que no había comunicación de la salida de su casa de Boulevard Nuevo Bosque, entre Los Guaraníes y Los Tobas, del Bosque Peralta Ramos, que el exjefe de Investigaciones de la Policía Bonaerense en la dictadura realizó el sábado 20 de enero pasado. En esa presentación recordaron que fue visto en la clínica a la que llegó y de la que se retiró en una camioneta y acompañado de cinco personas. “Ni la camioneta (AB 247 UR) ni los hombres tenían identificación alguna que permitiera saber si se trataba de fuerzas de seguridad o penitenciarios”, aclaraba.

En respuesta a ese pedido y por la relevancia de la cuestión, el magistrado de La Plata habilitó la feria para tratar el tema. Para la abogada, la respuesta del juez platense dejó en claro que “como mínimo lo que denota es la laxitud de los controles de las prisiones domiciliarias”. Es que al TOF1 no había llegado ninguna notificación, es decir, para el tribunal, el represor nunca dejó la casa. Y las fotos de los vecinos que llegaron a los medios demuestran otra cosa.

Etchecolatz tiene 88 años y seis condenas por delitos de lesa humanidad. El 29 de diciembre accedió al beneficio de la prisión domiciliaria, luego de que los jueces del TOF6 de Capital Federal, José Sobrino, Julio Panelo y Fernando Canero, se lo otorgaran en el único expediente que lo mantenía en prisión. Nueve días antes de cumplir el primer mes en su casa con su esposa y garante, Graciela Carballo, el genocida salió por el portón de chapa verde sin siquiera ir esposado.

La agencia estatal Télam publicó que la salida del represor habría sido notificada por su esposa al TOF6. Sin embargo, hasta ayer, en el TOF1 de La Plata, que también debe controlar la domiciliaria, no había notificaciones.

El tribunal platense lo condenó cuatro veces: en 2006, en 2012 (Juicio Circuito Camps), en 2014 (La Cacha) y en 2016 (juicio por Omar Favero y María Paula Álvarez).

Las criticas de los organismos de derechos humanos al otorgamiento de la domiciliaria se asientan en que esta está prevista como respuesta garantista para crímenes comunes. Pero los que cometió Etchecolatz no son comunes: los crímenes de lesa humanidad son los más graves previstos por el Código Penal Argentino. No hay otro peor.

En eso radican también las queja de los vecinos del Bosque Peralta Ramos de Mar del Plata, que el lunes 29 harán un festival cultural y un ruidazo en la plaza de la esquina de la casa del represor para repudiar su presencia. La actividad está impulsada por el grupo “Vecinos Sin Genocidas”, que nació en ese barrio apenas llegó el expolicía, y tiene como consigna: “Si tiene que ser Mar del Plata, que sea en Batán” (por la cárcel ubicada en ese distrito).

Habrá recitales y un ruidazo previsto para las 16:45 hs, en el que convocan a hacer “sonar las bocinas y alarmas”. Será en la plaza que los vecinos pidieron al Concejo Deliberante rebautizar como “Plaza de los Lápices”, en memoria de los chicos secuestrados, asesinados y desaparecidos en La noche de los lápices, operativo de la dictadura que comandó el propio Etchecolatz.

Todas las actividades del lunes:

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