Algunas encuestas indican que el expresidente de Brasil Luiz Inacio “Lula” Da Silva tiene una intención de voto que llega al 43%. Varios analistas se atreven a pronosticar que ganaría en primera vuelta. Todos, hasta los más feroces opositores del exmandatario, reconocen que es el candidato con mayor intención de voto. La derecha también lo sabe y puso en acción, una vez más, al Poder Judicial para tratar de ponerle un freno al líder del Partido de los Trabajadores (PT).

Esta semana, la Justicia brasileña anunció que el 24 de enero responderá a la apelación sobre la condena que dictó el juez Sergio Moro contra Lula. El Tribunal Regional Federal de la 4ª Región (TRF4), con sede en Porto Alegre, dará su fallo en tiempo récord, a solo seis meses de la primera sentencia.

En un artículo publicado en el diario Página/12, el periodista Darío Pignotti señaló: “Lo sorprendente fue la celeridad del TRF4. En general los dictámenes de ese tribunal de alzada de Porto Alegre demoraron más de un año”.

En el artículo de Pignotti se explica que “al anticipar el anuncio de su veredicto en enero, cuando todavía está de feria el Supremo Tribunal Federal, el TRF4 pretende que Lula sea alcanzado por la Ley de la Ficha Limpia, por la cual nadie puede ser candidato si hay una sentencia firme en su contra”.

En julio, Moro condenó a Lula, en un fallo de primera instancia, a nueve años y medio de prisión y diecinueve años de inhabilitación para ejercer cargos públicos. El insólito fallo del magistrado se basa en una acusación de la que no se presentó prueba alguna.

La denuncia señala que el exmandatario habría recibido un departamento (un triplex) como soborno para favorecer a empresas vinculadas con Petrobras. Sin embargo, no se pudo demostrar bajo ninguna forma que el departamento en cuestión le pertenezca y tanto la acusación como la sentencia se basan en dichos de supuestos testigos.

Lula aseguró: “Quiero luchar para probar mi inocencia. Ellos que presenten una única prueba en mi contra”. El exmandatario remarcó que el fallo es un intento de “evitar que el PT vuelva al poder”.

Lula es el candidato más firme. Las encuestas muestran que crece día a día, en contraste con el actual gobierno del golpista Temer, que cada vez tiene menos respaldo.

Las presidenciales serán el 7 de octubre de 2018, la derecha no puede permitir que un gobierno progresista revierta las profundas e injustas modificaciones que ha hecho el neoliberalismo en este corto plazo. La lucha es similar a la de Argentina y a la de otros países de la región: movimientos populares que representan a mayorías contra expresiones del más fanático neoliberalismo que, con la ayuda de los medios y la Justicia (el brazo mediático-judicial), trabajan en la construcción hegemónica de un sentido común que sólo representa los intereses de las minorías más enriquecidas.