Por Mauro Forlani*

Hace unos días la CAME, entidad gremial que nuclea y representa a pequeñas y medianas empresas en Argentina, emitió un comunicado donde señala su apoyo al programa de ajuste y “reformas” lanzadas por Cambiemos desde el gobierno nacional. ¿Se trata de un apoyo sorpresivo el de esta entidad gremial empresaria al gobierno de Mauricio Macri? Si nos remitimos a los datos laborales actuales no debería resultar impensada tal declaración de la CAME. Además del ámbito rural, es en las Pymes donde radica el mayor índice de empleo informal en la economía del país.

Este sector, palabras más palabras menos, señala que esta situación precaria de sus empleados se debe al alto “costo laboral” que implica regularizar su planta de trabajadores.
Es un discurso muy similar al planteado por las elites gubernamentales de Cambiemos para justificar su plan de flexibilización y precarización del mundo del trabajo.

Lo paradójico que históricamente es durante los gobiernos populares, por sus políticas orientadas al mercado interno, estímulo a la demanda y al consumo cuando las Pymes se ven altamente beneficiadas.

Actualmente Cambiemos aplica un cronograma de “actualización tarifaria” así como una política de consumo popular limitada que las perjudica.

Durante el kirchnerismo se generaron cientos de miles de Pymes nuevas, resultando sujetos centrales en la ecuación económica de la anterior gestión. Sin embargo hoy esa declaración de la CAME las encolumna detrás de la actual gestión de Cambiemos y de los intereses y la percepción de la alta burguesía concentrada local e internacional.

A decir verdad, no es este, un comportamiento novedoso de la “burguesía nacional” en Argentina. Tanto durante el primer peronismo como durante el kirchnerismo las Pymes perciben su rentabilidades vinculadas a un consumo popular frondoso que aquellos le garantizan, pero cuando la orientación económica y política cambia, los salarios son percibido más como un “costo” que como posible fuente de ganancia.

Se trata de una actitud históricamente pendular o cíclica la del “empresariado mercado-internista” que oscila entre aliarse con la clase obrera o subordinarse a la alta burguesía.
Incluso cuando en el imaginario político-ideológico policlasista que sustenta a los gobiernos populares las fracciones de la pequeña y mediana burguesía formarían parte del “pueblo” en articulación con la clase obrera en el enfrentamiento con el establishment o la oligarquía.

También es verídico, para no generalizar, que anidan en su seno actores progresivos que toman protagonismo cuando las falencias de los gobiernos neoliberales se vuelven muy evidentes.

A modo de ejemplo: Estos actores toman relevancia contra la dictadura de Onganía en los ’60, y sus efectos perniciosos de su plan de modernización, simpatizando incluso con el “Cordobazo” y las luchas armadas posteriores que reclamaban el regreso de Perón tras 18 año de proscripción.

Asumieron también cierto protagonismo sobre los epílogos frustantes de los ensayos neoliberales de la dictadura de los setentas y el menemismo noventista, cuyos modelos condujeron a la quiebra de miles de Pymes.

Quizás esos actores progresistas resurjan cuando el neoliberalismo reinante actual muestre resultados económicos y sociales aún peores.


*Docente de Análisis de la Realidad Contemporánea (UNSL).