Las conspiraciones organizadas y promovidas por funcionarios de las Embajadas de Estados Unidos en la región son una constante en la historia de América Latina. El rol injerencistas de los diplomáticos norteamericanos (en muchas ocasiones agentes de inteligencia con la cobertura diplomática) ha sido denunciado por varios investigadores, periodistas y por los gobiernos progresistas que han sido víctimas de esa injerencia.

El Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia ha sido blanco constante de la agresión de la Casa Blanca y sus agencias de inteligencia. Por ese motivo, el presidente Evo Morales, decidió expulsar de Bolivia, en el año 2008, al Embajador Phillip Golberg y a la DEA. Luego, en 2013, tomó la misma decisión con la USAID, la agencia norteamericana que se presenta como un espacio de ayuda para el desarrollo, pero realmente es uno de los brazos financieros de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), por medio del cual se canaliza dinero para la desestabilización de los procesos populares.

En octubre de este año el gobierno de Bolivia denunció una nueva actitud injerencista de la Casa Blanca, cuando el representante permanente de Estados Unidos en la Organización de Estados Americanos (OEA), Kevin Sullivan, invitó a varias delegaciones diplomáticas a una reunión con los senadores opositores Oscar Ortiz y Arturo Murillo, quienes promueven una campaña internacional para impedir que Morales pueda ser reelegido.

Esta semana, el presidente Morales y el ministro de Gobierno, Carlos Romero, denunciaron una nueva conspiración en la que intervinieron diplomáticos norteamericanos para agredir al gobierno Boliviano.

En esta ocasión se trató de una serie de reuniones que el encargado de negocios de la Embajada estadounidense en La Paz, Peter Brennan, mantuvo con el ex presidente Carlos Mesa.

Morales aseguró que Bennan y Mesa “tienen derecho a reunirse, pero no a conspirar. No ha sido una reunión protocolar, de estilo, sino una conspiración”.

“El 6 de este mes, cuatro miembros de la Embajada de Estados Unidos, a la cabeza su encargado de negocios Peter Brennan, visitan a un ex presidente para decirle que el Evo no puede ser presidente nuevamente. Le dicen que él tiene que ser candidato y ofrecen todo el apoyo”, aseguró Morales.

Mesa fue presidente de 2003 a 2005, tras la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada, quien se encuentra en Miami y con procesos judiciales en su contra abiertos en Bolivia.

El presidente de Bolivia señaló: “quiero que sepa el encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos que, si sigue conspirando, si sigue financiando a la derecha, si sigue planificando para una conspiración, no me temblaría la mano para expulsarlo”.

“Desde la Embajada de Estados Unidos han planificado atacar al gobierno, a nuestra revolución democrática y cultural, con la corrupción y el narcotráfico. La derecha no tiene idea de cómo atacarnos. ¿Quién la prepara para que nos ataque? La Embajada de Estados Unidos”, remarcó.

En diciembre, Brennan será remplazado por Bruce Williamson como representante de Estados Unidos en Bolivia.  Morales le advirtió al diplomático que “si viene a conspirar, como está conspirando el que se va, ese nuevo encargado de negocios se encontrará con la horma de su zapato”.

Por su parte, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, denunció que Brennan también sostuvo reuniones permanentes con analistas y políticos opositores al Gobierno de Morales.

En diálogo con Contexto, la periodista e investigadora Stella Calloni, autora del libro Evo en la Mira – CIA y DEA en Bolivia, aseguró que “las conspiraciones de Estados Unidos contra el gobierno de Evo Morales han sido permanentes. Ya en las marchas del TIPNIS, en 2011, se comprobó que los dirigentes de las marchas se comunicaron, hasta 12 veces por día, con la Embajada norteamericana, que era la que estaba promocionando la desestabilización del gobierno de Morales”.

“Desde que Evo Morales asumió, la Embajada norteamericana no ha parado de conspirar. El punto máximo fue el intento de golpe de 2008”, recordó.

Por último, Calloni sostuvo que “todos los gobiernos que defienden su soberanía en la región están en la mira de Estados Unidos. Bolivia, Venezuela, Nicaragua, El Salvador y, por supuesto, Cuba. Tenemos que entender que en esos procesos se juega el futuro de América Latina, la independencia definitiva o la sumisión al poder imperial. Por eso Estados Unidos los ataca con tanta saña”.