Encabezados por Eugenio Zaffaroni, Estela de Carlotto, Horacio González y Mempo Giardinelli, dirigentes políticos y sociales, legisladores, gremialistas, defensores de los derechos humanos y representantes de la cultura llamaron a la unidad de los más amplios sectores para enfrentar los atropellos del macrismo que ponen en jaque la propia democracia, el Estado de derecho y “la convivencia plural” de todos los argentinos.

En momentos de una fuerte persecución política, de criminalización y represión de la protesta social, de utilización de la prisión preventiva para invertir el principio de inocencia, del sometimiento a “escarnio público” de opositores y exfuncionarios del gobierno anterior, el “Encuentro en Defensa de la Democracia” advirtió desde el Congreso que “se está llegando a un punto crucial, un punto en que asoma por el horizonte la figura siniestra del Estado de policía, en el que todos estemos asustados y sometidos a la voluntad omnímoda y arbitraria de los que mandan”.

Tras poner como ejemplo el avasallamiento de los derechos y garantías de Amado Boudou durante su detención, el exjuez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni dijo que “ninguno de nosotros quiere ver a Mauricio Macri descalzo, disfrazado y esposado en la televisión”, como ocurrió con el exvicepresidente.

“No debemos tolerar eso, porque sería el triunfo de ellos, sería el triunfo del no derecho”, sostuvo, y cuestionó con dureza al juez Ariel Lijo, quien “se disculpa diciendo que estuvo coaccionado, que se vio obligado a hacerlo, que no tenía alternativa”.

“Los jueces son los que tienen que cuidar nuestras libertades. Cuando un juez dice estar coaccionado es porque se nos terminaron las garantías”

“Los jueces son los que tienen que cuidar nuestras libertades. Cuando un juez dice estar coaccionado es porque se nos terminaron las garantías”, consideró Zaffaroni, y advirtió que “se acabó la imparcialidad judicial. Hoy sólo se quiere obediencia a los mandatos de la publicidad del Poder Ejecutivo”.

Durante la conferencia en el Congreso también se alertó sobre “la inminencia de una nueva violación frontal a la Constitución Nacional” al querer “reducir el Ministerio Público a una oficina del Poder Ejecutivo” para decidir no sólo “a quién se persigue sino mucho más a quién no se persigue”.

“Los corruptores activos quieren manejar a los fiscales para garantizar su impunidad y seguir adelante con su campaña de antipolítica y sus negocios poco claros en refugios fiscales”, completó el exjuez del máximo tribunal y actual integrante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Al tomar la palabra, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, se mostró sumamente preocupada por “el regreso de actos similares a tiempos que todavía la historia no ha resuelto” y “el estigma de una injusticia permanente delineada desde todos los espacios del poder.

“No gustó nada cuando dije ‘si pudimos con Videla, vamos a poder con Macri’, pero es cierto. No es que hablemos de dictadura hoy. Se votó y respetamos la Constitución, pero cuántas cosas nos hacen acordar a esos tiempos donde exhibíamos carteles de ‘Aparición con vida’ y ahora lo hemos tenido que hacer con Santiago Maldonado”, lamentó la titular de Abuelas de Plaza de Mayo.

Por su parte, el escritor Mempo Giardinelli señaló que el “desquicio jurídico en que está sumida hoy la República Argentina empezó con la detención de Milagro Sala”, el 16 de enero de 2016.

“Tal vez se pensó que era la venganza de un gobernador mediocre, pero era mucho más que eso: se está demostrando que es una política de Estado”, dijo, y explicó que se trata de un proceso que va de la mano con “una gigantesca y monumental influencia mediática que ha logrado instalar el triunfo de la antipolítica”.

“Es hora de ir amasando una confluencia nacional y popular. Vamos a tener que hacerlo con lo mejor del radicalismo, del peronismo, del socialismo y del comunismo, porque la cuestión en la argentina hoy es pueblo versus oligarquía, y esta oligarquía es mafiosa y violenta”, planteó Giardinelli.

El sociólogo Horacio González coincidió en la necesidad de convocar a todas “las fuerzas políticas democráticas”, pero además hizo “un llamado de atención a la dirigencia gremial argentina que ocupa las históricas siglas de la CGT” cuando se intenta imponer una reforma laboral que amenaza “la existencia misma de las paritarias, del trabajo digno y de la clase obrera”.

“No puede ser que estén en cabildeos permanentes. Lo resolvió más fácil el Cabildo del 25 de mayo de 1810”, ironizó, para luego apuntar: “¿No se dan cuenta qué significan estas leyes laborales, cómo se enlaza esta reforma laboral con todas las demás reformas que están en curso?”.