Nuevos hechos de inseguridad golpearon ayer a la ciudad. En Los Hornos, a un vecino le envenenaron los perros para poder robarle el auto y dinero de su hogar; en la Cumbre, a otro le arrebataron 250 mil pesos cuando ingresaba a un banco; y en San Carlos, un jubilado fue atacado en su casa a golpes para robarle plata que tenía guardada. Mientras tanto, se registraron diversos robos en la vía pública.

Más allá de los reclamos y las movilizaciones que han hechos los platenses alertando sobre la situación que atraviesan, y de las asambleas que organizan en pos de la seguridad, el municipio no ha dado respuestas concretas y La Plata compite para ser la capital provincial de la inseguridad.

Según datos arrojados por la Procuración General de la Suprema Corte de Justicia, la capital bonaerense sufrió un crecimiento exponencial de robos y delitos, aumentando un 81% entre 2015 y 2016, superando en alrededor de un 5% al resto del territorio bonaerense. Este 2017 parece ir peor.

Con este panorama, son numerosos los sectores que denuncian que en La Plata hay zonas liberadas, principalmente en los barrios, y que los patrullajes de prevención, ante la reducción de móviles, no alcanzan a cubrir todo el territorio.

A la par, en la ciudad aumentan las desigualdades que atraviesan los vecinos y las políticas de exclusión. Según el INDEC, la pobreza llegó al 30,8% en el primer semestre, lo que significa 6,6 puntos más que lo registrado en diciembre de 2016. Mientras que el desempleo escaló a un 10,2%, convirtiéndose así en una de las ciudades con más desocupados del país.

Tras la conmoción por el caso de Abril, Ringuelet se encuentra hoy con gran saturación policial. Para toda La Plata, en tanto, se han dispuesto 115 efectivos a los fines de “reforzar la seguridad”. La pregunta ahora será si, al igual que sucede cuando los vecinos visibilizan estos reclamos, el personal de seguridad seguirá en las calles o se dispersará cuando se calme el clamor popular.