Por Ana María Pinilla V.

Adolfo Ahumada no proviene de un hogar acomodado, su primera escuela fue su casa en calle 12 en Santa Ana, cursó la primaria en la escuela República del Ecuador, la secundaria en el Instituto Nacional y estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad de Panamá. Más allá de su temprano interés por la política y de lo que era en su tiempo un problema nacional: la soberanía.  Nunca se imaginó que formaría parte del equipo negociador de los tratados canaleros, los llamados Torrijos-Carter, que le dieron la plena soberanía a Panamá sobre su territorio, eliminaron las bases militares y devolvió a manos panameñas el Canal de Panamá.

Como hijo pródigo de la educación pública y de las ideas de autodeterminación de los pueblos, fue presidente del Club de Español del Nido de águilas y allí conoció a Joaquín Beleño, autor de “Luna Verde” y “Gamboa Road Gang.

“Desde ese momento me quedó el gusanillo de la soberanía panameña. Tenía 17 años”, señala Ahumada, quien de ahí en adelante se lanzó a investigar todo lo relacionado con el tema nacional política, económica y socialmente.

El origen de su participación en toda la borrasca de la lucha nacional, viene de sus años de estudiante, pero se complementa en la Universidad de Panamá cuando asume como presidente y fundador de Frente de Reforma Universitaria. “El grupos más activo y consciente del problema nacional”, advierte Ahumada. El mismo grupo que lideró el movimiento que presionó a la Asamblea de aquel momento, para que el puente construido entre Panamá y el interior del país se nombrara Puente de las Américas y no Thatcher Ferry Bridge como quería llamarlo los Estados Unidos.

Ahumada recuerda que ya para la década de los años 60 el movimiento estudiantil consideraba crucial que los sectores de las capas medias y empresarial se incorporaran a la lucha por la plena soberanía nacional. Una propuesta que se concreta con la incursión de Omar Torrijos, de manera protagónica, a la vida nacional.

“En Panamá Omar Torrijos formó una especie de comisión especial de trabajo, en principio confidencial, encargada de estudiar el tema de negociación y establecer las posibles estrategias. En ese equipo estaba Juan Antonio Tack, Manuel Balbino Moreno, Rómulo Escobar Bethancourt, Arístides Royo, Nicolás González Revilla y yo”, cuenta Ahumada. Se reunían en el edificio El Eje, en el barrio El Carmen y de esa comisión se empiezan a conformar oficialmente el equipo de negociadores, encargándose cada uno de distintos temas.

Adolfo Ahumada era el encargado de analizar los temas de las bases militares en Panamá y aportar a los otros asuntos. Fueron diecisiete los hombres que encararon distintas aristas relacionadas con la existencia del enclave colonial en Panamá:  Jose Antonio de la Ossa, Carlos López Guevara, Fernando Manfredo, Diógenes de la Rosa, Juan Antonio Tack, Aquilino Boyd, Adolfo Ahumada, Nicolás González Revilla, Jaime Arias Calderón, Rómulo Escobar Bethancourt, Arístides Royo, Edwin Fábrega, Omar Jaén Suárez, Augusto Zambrano, Flavio Velásquez, Arnoldo Cano y Nicolás Ardito Barleta.  Y siendo el enlace fundamental entre Panamá y Estados Unidos: Samuel Lewis Galindo como embajador de Panamá en Estados Unidos.

El problema

Adolfo Ahumada recuerda que en Panamá había una tradición de no reconocer la legalidad de las bases militares. En ese momento había 17 bases militares estadounidenses en la Zona del Canal. “Tuvimos que tomar una decisión y fue la del reconocimiento de las instalaciones y a partir de su existencia se discutió la reglamentación de las instalaciones militares de EEUU, hasta que terminara el Tratado. Mientras tanto debían estar sujeta a un proceso de desmantelamiento”, detalló Ahumada.

A pesar de la desventaja en poderío el negociador, cuenta que los puntos panameños se expresaban sin vacilaciones, ante los negociadores de EE.UU: Michael Korsack, Gerald Kirchester o Dick Barringer , este último había sido representante de los Estados Unidos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Para Ahumada esta tensión no era nueva, “nosotros teníamos acumulado experiencia, ya que nuestra participación en el movimiento estudiantil fue una escuela, además se le sumaba el conocimiento de la realidad nacional, porque teníamos responsabilidades internas en el país y el arraigo dentro de la solidaridad internacional”.

Y enfatiza que “Torrijos no nos eligió al azar, él sabía que nosotros teníamos antecedentes de haber estudiado los problemas nacionales, antes de las negociaciones entre amigos nos reuníamos todos los sábados para discutir problemas nacionales, historia, libros y de esas discusiones salían planteamientos, proyectos y distribuíamos los comunicados”.

“Nos pidieron que nos alejáramos de la tradición negociadora panameña que solo se dicaba a evaluar desde las altas esferas del poder. Torrijos aseguraba que, de mantener nuestros cargos de responsabilidad nacional, no perdíamos la sensibilidad ante el sentir nacional de la causa”, recordó uno de los dos negociadores de los Tratados Torrijos- Carter que aún pueden contar detalles de la historia.

Mientras que cumplían con su deber de negociadores, Adolfo Ahumada era el Ministro de Trabajo, Rómulo Escobar Bethancurt era el rector de la Universidad de Panamá y Arístides Royo fungía como ministro de educación. Nunca se le pagó un salario adicional por su trabajo como negociadores.

Adolfo Ahumada afirma que una de las grandes decisiones que tomó Omar Torrijos fue evitar que las negociaciones fueran de carácter bilateral. Por eso decide tener una negociación multilateral y obtiene el apoyo del Movimiento de Países No Alienado, el Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y un sinnúmero de mandatarios.

La causa panameña sumo a su causa y su negociación a distintos líderes como: Malcom X y el panameño Cirilo Mcsween, quien fue el encargado de las finanzas del movimiento de Martin Luther King. En el plano artístico Nina Simone, John Wayne y Robert Redford fueron voceros artísticos de Panamá en su país.

La revista Evony registró el proceso de las negociaciones puntualizando en la presencia de dos afrodescendientes en el equipo negociador: Adolfo Ahumada y Rómulo Escobar Betancourt.

A pesar del apoyo nacional e internacional las negociaciones iban lentas, pero toma impulso en enero de 1977 cuando asume James “Jimmy” Carter la presidencia de Estados Unidos. Sin mayoría en el Congreso estadounidense, ambos mandatarios deciden firmar.

Al firmar los Tratados Torrijos-Carter, desapareció la Zona del canal, se fue el gobernador estadounidense, desaparecían las leyes de EEUU en el territorio nacional. “Se logra que Panamá sea un país integrado, se van las bases militares y se recupera el Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999”, dice el negociador, quien fue el de la idea de que la hora límite de entrega del Canal a manos panameñas, fuera 31 de diciembre de 1999.

Para Ahumada la clave de este éxito, fue la estrategia negociadora que consistió que lo fundamental era exigir la desaparición de la Zona del Canal, “tengan la seguridad que sin la desaparición de la quinta frontera no había tratado. Torrijos no hubiese aceptado y yo tampoco”, afirma 40 años después, Adolfo Ahumada, quien recuerda de sus compañeros negociadores una carga de trabajo que solo se sobrellevaba con mucho corazón y puro patriotismo.