Por Carlos Barragán

La sobreabundancia de desinformación en la que vivimos parece tener posibilidades de volver a aumentar hasta llenar la copa de la comunicación con un vacío absoluto. Hoy, quienes denunciamos la concentración de medios como el mal que nos aquejaba como sujetos con derecho a la información deberíamos empezar a pensar en una nueva terminología, porque “concentración” no nos va a alcanzar. Quizá totalización de medios sea una manera posible de llamarla. El gobierno del poder no encuentra ninguna razón para no hacerlo. Me recuerda a aquel Clinton que cuando le preguntaron por qué había hecho lo que hizo con Mónica Lewinsky respondió “lo hice porque pude hacerlo”. Una respuesta que todavía me sorprende, no por el hecho en sí, sino porque el tipo exhibió toda una ética del poder: el poder como la ausencia de autolimitaciones, ausencia de principios y de ajustes a un orden superior, o al interés general que sería, más allá de leyes y normas, el orden superior a respetar. La desinformación hace que todavía no sepamos si Indalo Media (C5N, Radio Diez, Ámbito Financiero, FM Vale, Pop y Mega) ya vendió sus medios a un grupo empresarial que llegará para limpiarlo de información. Una vez que los medios de Indalo sean fumigados, puede que le llegue el turno al Grupo Octubre (Página/12, AM 750, Radio Malena, Diario Z, Caras y Caretas), de alguna manera declarado “de interés comunicacional” por el gobierno a través del hostigamiento y persecución a Víctor Santa María.

De concretarse estas dos operaciones que el mundo de los negocios sabe disfrazar de compra-ventas cuando en realidad son el resultado de sordas y violentas batallas políticas, estaremos ante un panorama mediático digno de la dictadura de Videla, la dictadura de las familias de los actuales funcionarios, las actuales embajadas y las actuales corporaciones que hoy integran el fascio que maneja al país. Por lo tanto, no será inédito ni novedoso. Lo que será inédito y novedoso es que ello ocurrirá bajo un régimen formalmente democrático y en el siglo XXI. Esta última referencia temporal implica la existencia de una tecnología que no existía en aquellos años. Esta que permite que podamos escribirnos y leernos, y nos permite existir acá en un portal de Internet, por fuera del terreno donde se libra la guerra por la comunicación hegemónica en vías a ser omnímoda. Es más que probable que aquí, en la redes, debamos continuar con la lucha cada vez más ardua por estar informados. Porque seguramente los que hacen lo que quieren porque “pueden hacerlo” vendrán también por las redes que no les son útiles al encubrimiento de sus actos de gobierno. Pero en este terreno tenemos una gran ventaja, y es que no somos empresas ni empresarios, no tenemos riqueza que deba ser justificada o preservada, ni tenemos intereses comerciales que nos hagan vulnerables. La única vez en mi vida que dormí con la puerta de mi casa literalmente abierta para dejar pasar el aire, y sin temor a que nadie viniera a quitarme nada, fue cuando viví en una casilla enfrente de un arroyo y sin ninguna cosa de valor para cuidar. Esta situación me recuerda a aquella. En este caso, el fascio, que es experto en soluciones comerciales para sus problemas políticos, no lo es tanto cuando la solución no se cuenta en billetes. Sin embargo, nuestra fortaleza paradójica no será suficiente, será una ventaja que debamos aprovechar para reforzar lo que tenemos y para expandirnos. No sabemos hasta dónde el fascio va a comprimir los medios que no quieren encubrir sus avances. Lo que sí sabemos es que, como Clinton, va a hacer todo lo que pueda hacer, y por eso debemos estar preparados para movernos en ese nuevo horizonte. Reclamar es útil, porque a veces logramos que ese flaco dispositivo republicano funcione. Pero lo más importante es estar conscientes y listos para que cuando la última ola de desinformación, censura y proscripción nos golpée, no nos deje aturdidos sino sabiendo que llegó el momento de actuar. Porque llorar por lo perdido, ya lloramos.