Los sonidos del silencio

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Por Gustavo Cirelli*

¿Dónde está Santiago Maldonado? La pregunta permanece como un interrogante abierto que interpela al poder y al conjunto de la sociedad. Se cumplen dos meses de su desaparición forzada y el círculo se cierra cada vez más sobre la responsabilidad de Gendarmería y, por ende, sobre toda una trama de encubrimiento y complicidades oficiales que desde el 1º de agosto no hicieron más que embarrar la causa, estigmatizar a la víctima, a su familia y a los mapuches que denunciaron desde el primer instante que al joven lo habían arrancado de la Pu Lof en Resistencia Cushamen. Un montaje macabro que contó con la anuencia de los medios hegemónicos que activaron su dispositivo tóxico para ocultar lo inocultable: el “star system” del periodismo canalla escribió, quizá, su página más patética (por ahora) violando todo límite ético al insultar con sus actos a la familia de Santiago. Están obnubilados de odio, aplican un silogismo absurdo: si el caso Maldonado complica al macrismo, y el kirchnerismo quiere poner palos en la rueda al gobierno, entonces el kirchnerismo está detrás de la denuncia por la desaparición forzada del artesano. En su desvarío arrojan nafta al fuego que conduce, de manera inevitable, a la fractura social, a la construcción de un enemigo interno que derivará, indefectiblemente, en un espiral del que nadie saldrá indemne.

La persecución, a veces sutil, a veces brutal, del gobierno es contra el periodismo que investiga y denuncia cómo ellos bailan en la cubierta del Titanic mientras las mayorías populares siguen cayendo por la borda del sistema y la trasferencia de recursos engrosa las arcas de los de siempre. El acoso oficial contra la prensa independiente comenzó en el mismo momento en que Mauricio Macri asumió la Presidencia, en paralelo a la consolidación del blindaje mediático que lo protege. La salida de Roberto Navarro de C5N y de Radio 10 fue su eslabón más reciente. Por ejemplo: ¿qué hubiese ocurrido con el caso Maldonado sin las voces, en muchos casos de medios autogestivos, que denunciaron el tema? Aún seguirían buscando a Santiago en Entre Ríos, o en Chile, o en pueblo en el que todos se parecen a él.

Pero como se afirmó en Contraeditorial al cumplirse un mes de su desaparición, la ausencia, la connotación de una desaparición forzada en un país desangrado por el terrorismo de Estado, en un contexto actual en el que gobierno hace gala de un negacionismo patológico, incluso en boca de la aún ministra de Seguridad Patricia Bullrich, todo, entonces, parece suspendido en el aire, entre paréntesis, atenazado por la estupefacción que provoca ver la imagen de Santiago en esos carteles que se han multiplicado en cada rincón del país. Y el gobierno con focus group, mercenarios trolls, su ofensiva en las redes, su construcción de una realidad virtual parece haber saltado la valla: mientras indefectiblemente aquellos que quieren un país forjado en los pilares de la Memoria, la Verdad y la Justicia no pueden correrse ni medio centímetro del reclamo, desde Cambiemos despliegan sus mañas comunicacionales. La ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, posó junto a Juan Aguirre, un desocupado que busca arañar unos pesos con una parrillita al paso en la puerta de su casa de Escobar. Lo presentaron como un emprendedor que hace frente a la adversidad, le prometieron regresar con alguna solución, pero ni un choripán le compraron. El intendente de Escobar Ariel Sujarchuk desnudó la maniobra de Cambiemos. Hoy Aguirre trabaja en la municipalidad local. Pero hay más. El recurrente presidente y la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal posan para la foto, otra vez, en el montaje de un colectivo rodeados de extras que hacen las veces de agradecidos pasajeros. Mientras, extienden su campaña proselitista en la provincia de Buenos Aires arrastrando a sus candidatos a cada inauguración de obra u obrita pública, una práctica que juraron que nunca harían porque en su manual de estilo pertenecería a la vieja política. Cambiaron.

Más allá del marketing, lo concreto es que los números de la economía no cierran. Y detrás de esas estadísticas le va la vida real (no virtual) al conjunto el pueblo. La consultora Analogías publicó un informe de coyuntura sobre “La estabilización de la fase recesiva”. Subraya: “La naturaleza recesiva de la actual etapa se comprueba al comparar los valores actuales de diversos indicadores con su situación en 2015. El nivel de actividad económica (EMAE-INDEC) de junio de este año se encuentra 1,1% por debajo del mismo mes de 2015, mientras la construcción cayó 5,9% en igual horizonte temporal. Si se toma el consumo de junio (incluso habiendo desacelerado su caída) y se lo compara con sus niveles de 2015 se observa una profunda contracción: –15,4% en el caso de las ventas reales de los supermercados y –21,8% en el caso de los shopping”.

En su informe, Analogías también observa que:

  • “El significativo incremento de las importaciones (15,4% en el acumulado de enero-julio de este año) indujo desequilibrios relevantes en el saldo comercial, cuyo déficit trepó a 3,4 mil millones de dólares en los primeros siete meses del año.
  • La deuda externa constituye una severa restricción de corto y mediano plazo. Esto último sobre todo en función del acelerado ritmo de endeudamiento, que es el más elevado desde 1976. En efecto, a valores de 2016, la deuda externa de la alianza Cambiemos superó la contraída en el marco de la guerra de Malvinas (21,4 mil millones de dólares), el pico de endeudamiento de la gestión de Alfonsín (15 mil millones de dólares en 1987), el de Menem (12,4 mil millones en 1994) y el de la primera Alianza (4,6 mil millones en 2001). Durante el ciclo de gobiernos kirchneristas la tendencia ha sido la contraria: los picos de endeudamiento externo durante dicha etapa no solo son los menores del período 1976-2016 sino que la deuda externa, medida en precios constantes de 2016, cayó en un promedio anual de casi mil millones de dólares entre 2003 y 2015, lo que evidencia un proceso de desendeudamiento en magnitudes absolutas.
  • El último dato disponible de la balanza de pagos indica que la deuda externa pública creció en términos netos en 14,4 mil millones de dólares en el primer trimestre de 2017. Asimismo, observando el relevamiento de la deuda en moneda extranjera el volumen de emisiones brutas (sin descontar las cancelaciones) trepó a 100.307 millones de dólares desde la asunción del gobierno de Macri hasta junio de 2017.”

Silenciar a los medios que no se arrodillan en el felpudo de Balcarce 50 es a la vez ocultar la crudeza de esos datos.

Por estas horas, el acting triunfalista de Cambiemos de cara a octubre (envalentonado por encuestas amables que le dan una victoria en las urnas bonaerenses) se vio afectado por una foto que les resulta incómoda de digerir: en ella se ve a Pablo Moyano, líder de Camioneros y hombre fuerte de la CGT, junto a Walter Correa, secretario general de Curtidores y candidato a diputado por Unidad Ciudadana, y a Hernán Escudero de Sadop, ambos, dirigentes de la Corriente Federal de Trabajadores. Una postal inimaginable meses atrás pero que hoy tiene un significado potente, incluso, más allá de las elecciones de legislativas. Moyano recibió en la sede de la CGT de la calle Azopardo a Correa y a Escudero para dialogar sobre la situación del movimiento obrero y la conflictividad laboral. Un gesto que dice demasiado y que tendrá otro escenario, quizá en pocos días, en el estadio de Racing cuando el peronismo celebre el Día de la Lealtad, antes de los comicios del 22 de octubre.

El encuentro entre los dirigentes gremiales debe enmarcarse también en medio de la ofensiva macrista contra el sindicalismo: ya lo sufrió hace semanas, por ejemplo, Omar Plaini de Canillitas, ahora van por Víctor Santa María, titular del Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (Suterh) y dueño de Página/12. En su edición del miércoles 27 de septiembre se lee en el diario La Nación: “En alguna charla íntima, Mauricio Macri manifestó su enojo con Santa María. La última, según fuentes de Pro, habría sido cuando el diario Página/12 publicó a fines de agosto datos secretos del blanqueo capitales e involucró a familiares del presidente. Macri lo habría llamado de manera despectiva como ‘el jefe de [Horacio] Verbitsky’, el autor de la nota que enfureció al jefe del Estado”. “No sé si estoy en la mira o no del Gobierno. Supongo que no les debe gustar algunas cosas que publicamos en Página/12”, dijo Santa María a La Nación. Podría ser citado por el juez federal Claudio Bonadio… Total normalidad, ¿no?

Así las cosas, en la era del republicanismo macrista: persecución a sindicalistas con el objetivo puesto en la flexibilización laboral, acoso a la prensa no oficialista para silenciar el ajuste y que el cerco mediático sea inquebrantable, un Poder Judicial delivery, y una pregunta incómoda, incluso para el cinismo reinante: ¿Dónde está Santiago Maldonado?


 

* Editorial publicada en revista Contraeditorial, viernes 29 de septiembre de 2017 – Año 1 – No 4.