Por Ramiro Coronel Román 
Ayer me desperté con las imágenes de la represión en Barcelona. Con muchas preguntas. Hablé con amigos y con familiares. Me preguntaron, todavía con desconcierto, si había visto lo que pasó. Ha transcurrido el 1º de octubre de 2017 y esta fecha es para la nación catalana todo un antes y un después en su historia.
Hoy, con el diario del lunes, me animo a escribir esto para trazar unas líneas argumentativas que me permitan andar y desandar este momento histórico que me interpela como militante político argentino, como español y como catalán. Con el objetivo de sentar posición, porque creo que es mi obligación, por haberme criado en esas tierras y porque en los momentos difíciles es cuando uno debe hacerlo.
Pensar en la problemática de la independencia de Catalunya no es un debate que se deba pensar de forma binaria. No creo que se trate de una discusión por sí o por no. Esa disyuntiva es la que nos permite pensar una plataforma donde se analicen distintas cuestiones: el modelo de Estado, los poderes que lo conforman, el tipo de democracia, la distribución y el modelo económico, el modelo educativo, el rol de los medios masivos de comunicación. Estas son apenas unas pocas dimensiones que considero necesarias de ser repensadas al calor de este proceso histórico y que serán motivo de otras reflexiones.
En el reino de España, el Estado tiene una gran composición conservadora y reaccionaria. La transición del franquismo a la democracia tuvo grandes limitaciones y limitantes en cuanto a la concepción del Estado, la democracia, la memoria y el lugar que ocupan las instituciones en el entramado social. Los vestigios de la dictadura franquista son muchos y se cristalizan y visibilizan cuando el statu quo se moviliza, sea por la cuestión que sea.
El gobierno del Estado español ha demostrado no estar a la altura de las problemáticas que atraviesa su ciudadanía. Los hechos de corrupción que afectan a la monarquía y a los representantes del gobierno, sumados al blindaje mediático para defender las posiciones de los poderosos, dejan en la población civil cada vez peor sabor de boca. Cada vez son más los que cuestionan esta forma de concebir el país. Ya hemos visto en estos últimos años cómo se han ido consolidando nuevos proyectos políticos que rompen con el histórico bipartidismo y que ponen en eje la discusión política sobre el modelo de Estado que representan los partidos políticos tradicionales.
Después del día de ayer, la derecha ha demostrado una vez más que no importa en qué lugar del mundo está, su modo es siempre el mismo. Cuando las cosas no son como quieren, mandan sus fuerzas represivas para coartar los derechos del pueblo. En esta ocasión, el derecho a decidir. Las imágenes de la Policía Nacional secuestrando urnas hablan de las pésimas decisiones del gobierno central, pero, sobre todo, del precario estado de nuestras democracias y de las limitaciones del sistema democrático representativo en cuanto a la distribución real del poder.
Después de saber que ha habido más de ochocientos heridos, de poder afirmar que estamos en un país en el que llevar adelante un acto electoral deja un saldo con más heridos que el terrorismo internacional, después de la negación por parte del gobierno central de la voluntad popular de toda una nación, las opciones no parecen agotarse.
No hay vuelta atrás: el Reino de España hizo sentir su fusta real y echó a toda una nación de su reinado. Así sin más, con su Guardia Civil, sus santos y sus cánticos “a por ellos” tan aclamados por algunos sectores del pueblo español. Un pueblo español que también es víctima de la desinformación a la que los medios hegemónicos lo exponen los 365 días del año. Medios de comunicación que son cómplices del saqueo económico, político, social y cultural que han comandado los partidos políticos tradicionales durante más de treinta años.
Desde acá, un abrazo fraterno a todos los ciudadanos que defendieron la democracia desde la madrugada del domingo hasta altas horas de la noche. Un abrazo revolucionario a todos y todas las que han puesto el cuerpo para que la derecha no avance por sobre la voluntad popular. El pueblo catalán ha demostrado que quiere decidir y que no se doblega a las intenciones de un partido de derecha, que se ha apropiado del Estado y que niega la posibilidad de pensar nuestro propio futuro.
Ninguna independencia del Reino de España ha sido por vías pacíficas, siempre han sido con ejército y muertos de todos los bandos. Un aplauso y una ovación a un pueblo que está poniendo en cuestión el poder establecido, desde la paz, con sonrisas y valorizando el Estado de derecho, la democracia y la libertad. Ahora quedará seguir pensando tácticas que permitan seguir socavando el poder monárquico para la construcción de un país libre, republicano y democrático.
¡Visca Catalunya lliure, visca els pobles lliures del mon! ¡Fins a la victoria sempre!