Retomando la consigna que convocó a Alberto Morlachetti y el padre Carlos Cajade en los noventa, una gran columna protagonizada por niños y niñas de merenderos, comedores, centros de días y hogares infantiles recorrió el centro de La Plata buscando visibilizar la situación en sus barrios, llevando en este camino el reclamo al Palacio Municipal y a la Casa de Gobierno provincial, donde posteriormente se colocó una bandera con el lema “Acá se cocina hambre” y se realizaron diversas intervenciones artísticas.

Los pibes y pibas de estos espacios fueron los voceros de la marcha “por un país con niñez”, en la que también pidieron por una educación que los escuche, por mejoras en sus barrios, trabajo para sus padres, al tiempo que denunciaron la criminalización mediática y la persecución policial que muchas veces sufren.

“Queremos que se fijen que las escuelas están en mal estado y con frío no se puede pensar. La escuela es un lugar de concentración zarpada, a muchos y muchas nos encanta nuestra escuela, pero muchas veces sentimos que no tenemos los aprendizajes que más nos gustan y disfrutamos más la educación que tenemos en nuestras organizaciones”, señaló una de las oradoras en el documento final, quien continuó su discurso haciendo énfasis en la consigna convocante: “marchamos porque en nuestros comedores queremos recibir mercadería de calidad y porque además necesitamos productos frescos. Queremos lo que todo el mundo quiere: una mesa siempre llena y también mucho más postre”.

La marcha del día de ayer se dio horas después de que se conocieran los índices de pobreza en el país, que tuvo en Buenos Aires y el Gran La Plata una fuerte escalada, llegando en nuestra región a subir del 24,2 al 30,8%: es decir, 57 mil nuevos pobres en el primer semestre de 2017. Estos números no incluyen al denominado casco urbano, por lo que son los barrios y las localidades los más castigados.

“Esto se traduce en mayor demanda en los comedores, en la necesidad de abrir nuevas copas de leche para reforzar el trabajo que hacen las organizaciones que laburan con Niñez”, dijo a Contexto Marcelo Ballesteros, presidente de la Asociación Civil Pantalón Cortito, donde en menos de dos años abrieron ocho merenderos.

“Las organizaciones sociales tienen que tomar la bandera por la falta de presencia del Estado (el cual hace una tercerización del trabajo con la niñez y la adolescencia). Las organizaciones son las que reciben, ven y ponen en alerta que la situación se está modificando para mal y que el Estado tiene que intervenir”, sostuvo Ballesteros.

Candela (13), del Hogar Pantalón Cortito, dijo a Contexto que en su barrio “algunos pibes tienen para comer, pero otros no”, y que desde este espacio se sumaron a marchar “porque el hambre es un crimen y tenemos derecho a comer”.

“La pobreza se nota en los barrios”, dijo a Contexto Maxi (17), de la Unión Estudiantes Secundarios. “Primero dejás de ver a tus compañeros en las escuelas porque los pibes al tener hambre dejan de ir y tienen que salir a laburar, los más chicos también la dejan porque salen a agarrar el carro para ganar unos mangos o salir a las esquinas”, sostuvo el joven.

Matías (14), de la Casa Joven de la Obra del Padre Cajade, a la cual le dejaron de solventar los servicios, remarcó que “a la Municipalidad vos la llamás veinte o treinta veces y podés seguir llamando que no va”.

Karen (15), otra joven de la Cajade, destacó que “aparte de decir que el hambre es un crimen, nosotros necesitamos que nos apoyen, que apoyen a los chicos y que piensen en nosotros. No hay trabajo, no hay comida, no hay nada, y las cosas aumentan cada día más”.