Los hospitales bonaerenses a merced de la campaña de Cambiemos

El gobierno de Vidal está usando los hospitales bonaerenses en plena campaña electoral: en algunos está haciendo “parches” justo a pocos meses de las elecciones, pero en la mayoría las condiciones edilicias son atroces, sin hablar de la falta de personal en todas las áreas. “Es una catástrofe", afirmó una médica.

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La falta de recursos humanos que sufren los hospitales públicos, en particular aquellos que están en la capital bonaerense y que reciben a miles de pacientes de toda la provincia, la falta de insumos, los graves problemas edilicios y la supresión de dispositivos para responder a las demandas de una población que, desde la llegada al poder de Cambiemos, fue perdiendo derechos en su acceso a la salud, reflejan la crisis que atraviesa el sistema de salud pública.

María Eugenia Vidal y sus funcionarios sólo quieren cortar cintas y salir en la foto de una campaña electoral en la cual ella ni siquiera es candidata.

“El sistema tiene cada vez mayores falencias”, explicó a Contexto Guillermo Pacagnini, secretario general de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud (CICOP), entidad que publicó un documento titulado La salud en crisis, en el cual afirma que la salud “está sometida a presupuestos misérrimos, con funcionarios que están lejos de comprender la gravedad de la crisis en curso”.

Sin embargo, en tan sólo su primer año en la gobernación provincial, Vidal endeudó a los bonaerenses en 16.300 millones de pesos y en 3.000 millones de dólares en bonos, según un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), con lo cual lidera el ranking de endeudamiento en el país. Pero la salud no es prioridad.

“Nos falta personal. Ahora, con la campaña, están dando insumos más o menos, pero siempre falta algo. Y la falta de personal es impresionante” en todos los sectores, aseguró a Contexto Andrea Martínez, enfermera del Hospital Interzonal General de Agudos General José de San Martín, conocido como el Policlínico, y delegada de ATE.

Respecto de la infraetructura del San Martín, que ocupa cuatro manzanas en 1 entre 69 y 70, Martínez fue tajante al asegurar que “lo están emparchando, como para que digan que se está trabajando en el hospital. Es nada más que para mostrar la fachada, pero tenemos los ascensores que andan dos o tres días”.

Algunas de las obras empezaron a ejecutarse meses antes de las elecciones legislativas, pero en 2016 no se hizo absolutamente nada.

“La verdad, es una catástrofe […] El sistema de salud se cae. Hay que darle una vuelta de tuerca política y financiera, pero no está en la agenda”, afirmó a Contexto María Inés Sassiaín, médica del Hospital Interzonal General de Agudos Dr. Rodolfo Rossi desde el año 79, y una de las fundadoras de la CICOP.

A diferencia del San Martín, en el Rossi “no tenemos nada en construcción. Son sólo promesas”, aseguró. “El hospital se cae a pedazos […] Hay cuestiones de desagües que no se terminaron de resolver. Dos por tres se cae un pedazo de techo y vos te preguntas ‘¿y este líquido de dónde viene?’”, ilustró.

En muchos casos, la lucha pasa por “hacer lo imposible para que no se cierren servicios, porque a ellos les interesa un comino”, como ocurrió con la Unidad de Quemados del San Martín.

Reconocido por su calidad profesional, al igual que el San Martín, el Hospital Rossi cuenta con servicio de trasplante de médula, un servicio de oftalmología que es el único de guardia en toda la provincia, otro de trasplante de córnea y nefrología. El San Martín tiene en su haber servicios como el de traumatología y el de hematología.

El ajuste en el día a día

El funcionamiento de los hospitales no se hace con fotos ni con promesas. En el Hospital San Martín se realizan más de veinte operaciones diarias, entre las programadas y las de urgencias. Años atrás había el doble de quirófanos en funcionamiento y se operaba hasta las seis de la tarde.

“Ahora, debido a la falta de personal, las cirugías comienzan a las siete de la mañana y terminan hacia las dos de la tarde”, explicó a este medio otro trabajador del San Martín, Jonatan Díaz. A esa hora ya no quedan radiólogos ni anestesistas en los quirófanos. Lo mismo ocurre en el Rossi. El mismo personal trabaja para las intervenciones previstas y para las emergencias, precisó Sassiaín.

“Hay deficiencias para cubrir las guardias”, porque las condiciones de trabajo son muy complejas, explicó esa médica. “Un médico residente está trabajando entre sesenta y setenta horas semanales. Una verdadera explotación”, cobrando nada más que 16.000 pesos por mes, aseguró Díaz.

“¡Esto es un hospital público, señora!”

Miles de pacientes llegan a estos hospitales de la capital provincial luego de varias horas de viaje desde el Conurbano o el interior de la provincia. Los pasillo están atiborrados de gente esperando a ser atendida mientras decenas hacen cola en los diferentes servicios para pedir un turno que tendrán en varios meses. Desde los años noventa, el perverso juego del neoliberalismo fue hacerle creer a buena parte de la sociedad que lo público es mala palabra. Y ante el reclamo de algún paciente no falta un médico que se escude detrás de la frase: “¡Y bueno, esto es un hospital público, señora!”.

Sandra M. tuvo que esperar tres meses para que la operaran de vesícula en el Hospital Rossi. Daniel S. esperó tres meses para que lo operaran de una infección en una pierna tras una intervención en 2016 en el San Martín. Y peor aún: después de reprogramarle la operación tres veces, lo internaron y lo llevaron al quirófano, pero a la hora y media lo bajaron sin operarlo. Según un médico que habló con su familia “la central de esterilización del San Martín no funciona desde hace tres meses”, por lo tanto, lo instrumentos los tienen que esterilizar en el Hospital de Niños “y no van a llegar antes de las dos de la tarde”.

Pese a que la gobernadora dijo que su objetivo es que “la gente no tenga que viajar horas para ser atendida”, la realidad es bien distinta. Marta F., vecina de Rauch, necesitaba hace tres años una operación de rodilla que ningún hospital cercano podía realizar. Sus hijos comentaron a Contexto que un “médico de Azul nos pedía 60.000 pesos para operarla”. “¡Imposible! ¿De dónde sacamos esa plata?”, agregaron.

El recorte queda en evidencia al hablar del número de camas de internación. Por ejemplo, años atrás, el servicio de traumatología del San Martín tenía cincuenta camas habilitadas. Ahora tiene la mitad y funciona como “cama caliente”: en cuanto se libera una, es ocupada inmediatamente, y muchas veces deben pedir camas a otros servicios.

“Estamos trabajando en esas condiciones con salarios muy bajos. Los compañeros trabajan en dos lados porque no llegamos a fin de mes”, sostuvo Martínez.

La violencia en los hospitales

Algunos medios de comunicación se alarman por la “violencia” de los pacientes hacia los profesionales de la salud y en especial hacia los médicos, quienes dan la cara junto con los enfermeros. Sin embargo, pocos se preguntan sobre la violencia que el Ejecutivo provincial ejerce contra la población –incluidos los equipos de salud– cuando cierra salas de atención primaria en los barrios, cuando las guardias están saturadas por falta de personal o cuando los pacientes deben volver a su casa: “venga el lunes que el martes lo operamos”, “vuelva la semana que viene”, “su operación fue reprogramada”.

“Con el anterior gobierno, después de conflictos gremiales y reclamos enérgicos, logramos firmar un protocolo en base a propuestas que hicimos nosotros para cuidar la integridad física no sólo de los trabajadores, sino de los pacientes”, precisó Pacagnini. Ese protocolo contemplaba la figura de “cuidadores” dentro de los equipos de salud, con la función de atender a los familiares que “vienen cargados de tensiones y encuentran un ámbito muchas veces hostil por la falta de recursos”.

Aunque ese acuerdo sólo se cumplió “en un 30%”, con la llegada del macrismo a la provincia “este protocolo fue abandonado” y “sustituido por una política inoperante: cámaras e intentos de implementar leyes de aumento de las penas para los pacientes”.

“Una aberración que criminaliza al paciente y por supuesto no resuelve el problema”, sostuvo el dirigente de la CICOP, que nuclea a profesionales de la salud de los ochenta hospital públicos provinciales.

“Lo público sí funciona: cuando se nombra al personal necesario, cuando se garantizan las condiciones dignas de trabajo y atención, cuando se equipan los efectores de salud”, afirma la CICOP en pequeños afiches distribuidos en hospitales públicos bonaerenses en defensa de una salud pública universal, gratuita, igualitaria y de calidad.